El Comercio

Festival de Cine de Gijón

Manane Rodríguez: «Aún no llegó la justicia para las víctimas de la dictadura en Uruguay»

Un fotograma de la película ‘Migas de Pan’, que opta al premio a mejor película en la sección oficial.
Un fotograma de la película ‘Migas de Pan’, que opta al premio a mejor película en la sección oficial.
  • Dirige 'Migas de pan', una cinta que por vez primera se adentra en los crímenes de la dictadura militar que gobernó el país austral entre 1973 y 1985

Se suele decir que un pueblo no rompe con los fantasmas del pasado hasta que es capaz de convertirlos en cine. En Uruguay han tardado muchísimo más que en su hermana Argentina en pasar revista en pantalla grande a la dictadura cívico-militar que rigió el país entre 1973 y 1985. A las imágenes a que nos tiene acostumbrados el cine argentino de represión y torturas, de presos políticos y silencios cómplices se unen en Uruguay las que revelan la impunidad y el olvido más dolorosos. Hasta ahora, que por primera vez una película lo saca a escena y lo pone ante la mirada pública, primero en el país protagonista y ahora en el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX), donde 'Migas de pan' compite en la Sección Oficial.

Emplea la cinta el recurso de la realidad más cruel para narrar la historia de una mujer torturada que perdió la libertad y a la que privaron del derecho de ver crecer a su hijo. Con Liliana Pereira, que así se llama el personaje que interpretan en diferentes etapas de su vida las actrices argentinas Cecilia Roth y Justina Bustos, se da voz a unas mujeres que llevan décadas enmudecidas en Uruguay. Es otra mujer, la directora Manane Rodríguez, la que les ha puesto la cámara y el micrófono.

Más de una lágrima ha derramado ya el público del FICX con la peripecia de Liliana Pereira. «Las cosas hay que contarlas», dice la directora para justificar su decisión de llevar esta historia al cine. Cuando se presentó en Montevideo alguien le preguntó por qué la película llegaba tan tarde: «Lo que llega tarde es la justicia, que todavía no ha llegado a Uruguay». Y menos aún para las mujeres, siempre olvidadas, siempre en segundo plano, con la voz masculina resonando más alto y fuerte. Por eso Manane Rodríguez se sirvió de sus historias para elaborar la suya, para contar la peripecia de un grupo de mujeres «que supieron estar unidas y firmes», que resistieron durante los años de cautiverio desde el compañerismo, compartiendo conocimientos, buscando entrenimiento y sin perder su dignidad y sus principios. «Ellas tenían una máxima que era 'de la reja para dentro, nosotras; de la reja para fuera, ellos'».

Su lucha por la libertad tiene ya forma cinematográfica gracias a una coproducción entre Uruguay y España que se rodó en Montevideo, el penal de Punta de Rieles y Galicia. En España se reprodujo la cárcel, con exteriores grabados en Uruguay, en la que permanecen presas las mujeres y también aquí vive la protagonista, a la que el cautiverio y la familia apartaron de forma injusta de la vida de su hijo. Esa relación rota y perdida, la salida del anonimato de esas mujeres años después y el descubrimiento por parte de su hijo del horror oculto de su madre componen un emotivo relato que pasa del primer plano al general para convertirse en asunto colectivo, que personifica en ella ese silencio de una sociedad, la uruguaya, que nunca quiso saber cómo se sentían esas mujeres víctimas de la represión. Esa pregunta es la que trata de hacer la película y reparar así todos los años en los que no se formuló. «La sociedad nunca les preguntó cómo estaban, si querían contar lo que había pasado, y puede que ellas tuvieran la necesidad de hacerlo», apunta la directora.

No fue fácil para las actrices meterse en pieles heridas, maltratadas y débiles que exigían esfuerzos en los planos tanto físico como emocional. Justina Bustos, la actriz que da vida a la protagonista en sus años de juventud y cautivero, sabe bien lo que fue llegar a entender lo que esas mujeres pasaron. «Tuve tiempo para leer el guion, para investigar y también pude charlar con Ivonne, sentí su dolor, su fuerza», afirmó ayer la actriz en Gijón. Se refiere a Ivonne Trías, que estuvo 13 años presa, y cuyas experiencias están en el trasfondo de la película.

Sostiene Manane Rodríguez que no fue difícil dirigir ni a Justina Bustos ni a Cecilia Roth ni al resto del elenco, que la elección de las actrices y el guion obraron el milagro de dar con esa complicidad en pantalla que revela la que se produjo cuarenta años atrás entre rejas.

Uruguay, pese a lo inédito, pese a ser «una sociedad más silenciosa y sufrida» que la argentina, que afrontó su pasado de una forma más explícita, acogió bien la película. «Funcionó bien desde el principio, la gente se emocionó, nos paraban por la calle», rememora la directora. Justina Bustos recuerda incluso el caso de una expresa que le confesó su temor inicial por ver la cinta, pero finalmente acudió a verla en dos ocasiones.

Con sus 'Migas de pan', la película ha dejado marcado un caminito para empezar a sanar las heridas del pasado. «La impunidad no es impune, la sociedad la sufre».