«Una película sin secretos no tiene interés»

Ugo Broussot, Paul Vecchiali y Bruno Davézé, ayer, en el Antiguo Instituto. / AURELIO FLÓREZ
Ugo Broussot, Paul Vecchiali y Bruno Davézé, ayer, en el Antiguo Instituto. / AURELIO FLÓREZ

Paul Vecchiali compite en la Sección Oficial con sus 'Siete desertores', un canto antibelicista y un retrato del ser humano

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

Tiene 87 años y un background cinematográfico inmenso e intenso. Paul Vecchiali lleva su última película, 'Les sept déserteurs ou la guerre en vrac', a la competición de la Sección Oficial con el ánimo de ofrecer una mirada diferente, de homenajear a los directores con los que está en deuda y de poner la palabra en su lugar. Dice y lamenta que el cine francés mira ahora hacia un lenguaje que no es el suyo.

«Nunca hago la misma película», introduce Vecchiali, en lo que es toda una declaración de principios de quien firma una obra que tiene su inspiración en 'Story of G. I. Joe' de Robert Mitchum, pero que bebe también de grandes nombres del cine galo. «Ante todo soy un cinéfilo y me gusta rendir homenaje a aquellos que me han dado placer», apunta. De modo que se podrán leer entre líneas esos guiños en una cinta que él prefiere no llamar teatral. «No me gusta el término teatral, se asigna a las películas que tienen lugar en un mismo decorado, pero en el momento en el que hay un micrófono y una cámara es cine», aclara. De hecho, su idea de un lugar único en esta cinta tiene como fin resaltar «la importancia del texto». «Lamento que el cine francés se olvide de la palabra, porque con el lenguaje coloquial no se le puede dar a las palabras una apariencia más allá de lo que dicen», anota. Ese doble juego busca su cine, que agita un cóctel muy especial: «Me interesa mezclar momentos literarios con momentos banales».

El cine de Vecchiali huye de lo evidente y quiere que cada uno de los espectadores -no el público, un concepto genérico que rechaza- haga algo más que sentarse en su butaca. «La película que no tiene secretos no tiene interés», afirma. La suya reúne a siete personajes que van poniendo palabras a la guerra y la vida. Son siete desertores que escuchan el sonido de las bombas mientras van confesando y contando su peripecia vital. «Cuando hay un secreto cada espectador puede interpretarlo a su manera», afirma Vecchiali, que va más allá y resume lo que es una película: «Es el sueño de un realizador que le propone a cada espectador que se adueñe de él». Su cinta deja interrogantes para los que él tiene una respuesta, pero esta no tiene por qué ser la única. Hay tantas como miradas se cruzan en la pantalla.

La película tiene mucho de sí mismo. Uno de los personajes es, como él, anarquista, y en su boca pone reflexiones propias. Sabe también de primera mano lo que es un conflicto bélico Vecchiali, que participó, «sin armas», en la guerra de Argelia. «En un plano personal creo que no ir a la guerra implica asumir la responsabilidad del combatiente que te va a reemplaza», afirma. Aunque lo cierto es que la cosa va más allá de las armas y las bombas. «Quise mostrar los lazos que se pueden crear entre personas que no se conocen para nada pero están inmersas en una situación de guerra», explicó el octogenario realizador, que retrata un conflicto atemporal con elementos visuales y de vestuario que remiten a la Gran Guerra, la II Guerra Mundial e incluso a Vietnam.

Ugo Broussot y Bruno Davézé son dos de los actores de la película y han viajado a Gijón para arropar al director. Ambos coincidieron en que el rodaje fue muy familiar y con un Vecchiali muy implicado: «Es una presencia permanente que nutre a los actores de indicaciones y consejos. Partimos de un guion muy sólido y él crea un gran ambiente de confianza», apunta Davézé. Su colega Broussot, que forma también parte del reparto de otro filme a competición, 'En attendant les barbares', señala hacia el mismo lugar. «Para mí esta película fue un gran regalo, me sentí adoptado, en casa, Vecchiali te permite ir muy lejos sino en la audacia, porque la audacia la pone él, sí en lo íntimo, en el goce de dejarte llevar, de entregarte», afirma el intérprete, que fue partícipe del rodaje casi en paralelo de 'Train de vies', aún sin estrenar.

Los misterios están ahí esperando respuestas. Mientras, Vecchiali, sigue fiel a sí mismo y a los principios que marcan su carrera: «Para mí hacer cine sin reírse de uno mismo sería creerse dios y yo no soy un dios», concluye el director galo que ha vivido en Gijón el estreno europeo de la cinta.

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