Veronica Forqué: «Sufrí dos casos de acoso sexual, pero fuera del cine»

Verónica Forqué, ayer, en Gijón. / PURIFICACIÓN CITOULA
Verónica Forqué, ayer, en Gijón. / PURIFICACIÓN CITOULA
Verónica Forqué - Actriz

«A los directores les gustan más las mujeres de 28 años que las de 60, cosa que comprendo: a mí también me gustan más los hombres jóvenes»

A. VILLACORTA GIJÓN.

Verónica Forqué (Madrid, 1955) es «pura naturalidad», como la presentó ayer el director del FICX a pocas horas antes de recoger el Premio Nacional de Cinematografía Nacho Martínez. Tan pocos filtros necesita la Forqué que contó que ya la habían invitado varias veces al certamen gijonés, pero que hasta este año no había podido venir. Que tiene uno de sus cuatro Goyas en el trastero y que otro se lo regaló a su peluquero. Que, siendo una niña, vio a Conchita Velasco en un rodaje al que la llevó su padre y quiso ser como ella. O que, de pequeña, aspiraba a «ser enfermera o sevillana», pero que, luego, se debatió entre actriz o irse a ayudar a África. Afortunadamente, se decantó por la actuación. «Y, a veces, me digo: '¿Qué he hecho en esta vida por la gente?'. Pero, cuando alguien me da las gracias por hacerle reír, pienso: 'Bueno, pues algo he hecho'».

-¿Cuando una recibe un premio a su trayectoria lo ve con nostalgia, pensando que ya está todo hecho?

-Yo procuro vivir el momento presente porque no sé lo que me va a pasar mañana ni si seguiré aquí. A veces, cuando miras fotos, sientes un poco de nostalgia, pero es un sentimiento que hay que dejar pasar porque hay que vivir lo que tienes ahora. Me siento muy agradecida por este premio y por seguir trabajando en esto que me gusta tanto. No todos los que quieren ser actores pueden. Es una profesión muy difícil. Somos muchos y no hay trabajo para tanta gente. Hay que tener mucha resistencia, mucha fe y mucha confianza en uno mismo para seguir adelante.

-¿Dónde ha estado más cómoda, en cine, tele o teatro?

-Desde que era muy jovencita, sentí que el teatro era mi lugar. Donde soy más feliz es en el escenario. A veces, incluso soy más feliz en el escenario que en la vida. Es un lugar de mucho gozo para mí.

-¿Ha sentido el peso del machismo en la industria?

-El machismo es una realidad. También en mi oficio. Y, en general, los directores son más benévolos, más comprensivos con los actores que con las actrices. Eso es así. Aunque el director te aprecie y te tenga cariño, siempre hay un trato distinto. Los hombres pueden sugerir más cosas. Pero si una chica viene y dice «¿qué te parece esto?», entonces el director hace una broma y le responde: «No. Haces lo que yo digo». Eso existe.

-No hay papeles para las mujeres a partir de cierta edad. ¿Tópico o no?

-Para mí, la gran revolución del siglo XX ha sido la feminista, pero queda mucho camino por recorrer en esta sociedad civilizada. Imagínate a los países del Tercer Mundo, a los países musulmanes, lo que les queda. Todavía las mujeres, cuando pasamos de los cuarenta y pocos y dejamos de ser atractivas sexualmente para los hombres, pasamos a otra categoría. Y, en la vida, lo que más hacemos las mujeres es cuidar a los demás: a los hijos, a los padres cuando son mayores, a los suegros... Es un oficio que no está valorado ni espiritual ni materialmente, aunque, en la medida en que nosotras empecemos a contar nuestras historias, habrá más papeles para mujeres maduras. Hasta ahora, la mayoría de las historias las escriben y dirigen los hombres y a ellos les gustan las mujeres de 28 más que las de 60, cosa que también comprendo porque a mí también me gustan más los hombres jóvenes que los de 60. Pero cada vez hay más mujeres y vamos dando nuestros pasos. Eso es imparable.

-Los casos de abusos han destapado las cloacas de Hollywood. ¿Ha sufrido usted acoso sexual?

-Pues sí. Sentí la violencia de un hombre sexualmente en dos ocasiones, cuando era muy jovencita, y salí corriendo las dos veces, pero no era ni un director ni un productor. Fue lejos del mundo del cine. Yo tenía 15 o 16 años. ¿Pero a qué chica no le ha pasado algo? En fin, muy desagradable.

-A su hija, María Forqué, la acaba de censurar Instagram.

-Ella es muy transgresora. Me parece que tiene mucha osadía y mucha personalidad.

-Usted también. Cito palabras suyas: «Tenía unas tetas preciosas que me han dado muchos trabajos».

-Sí. Es verdad. Tenía unas tetas muy bonitas y en lo primero que hice, en la Escuela de Arte Dramático, las enseñaba. Era el año 73. Éramos todas muy progres. ¿Cómo no ibas a enseñar las tetas, por Dios? Yo aparecía con el pecho al aire, en una cosa de danza muy poética, y me salieron un montón de contratos y de novios (Ríe).

-¿Le ha picado alguna vez el gusanillo de la dirección?

-En cine, no. Pero en teatro, sí. He dirigido y me gusta mucho. Sobre todo, dirigir a los actores, porque, a veces, nos sentimos muy solos. Aparte de que para dirigir una película hay que tener una energía y una voluntad tremendas. Es como escalar el Himalaya. Yo no valgo. Yo quiero las cosas ya.

-¿Cataluña es un sainete?

-Parece una película de Berlanga, que, como todos los genios, tenía mucho temperamento. Por sus películas no pasa el tiempo. Cada vez están más vigentes. Lo de Cataluña da un poco de risa y un poco de pena, sin querer faltar al respeto. Yo con lo de la república estoy de acuerdo porque soy republicana, pero cerrar fronteras me parece ir para atrás. Es reaccionario.

-Y de Berlanga a Almodóvar. ¿Es tan fiero como lo pintan?

-Conmigo no. Solo se enfadó en una ocasión porque no me salía la escena, lloré un ratito y el maquillador me dijo: «Vero, llora todo lo que quieras, que yo luego te arreglo».

-La veo muy zen. ¿Sigue haciendo yoga y meditando?

-Claro. Es maravilloso. Porque no somos solo lo que se ve, sino lo que no se ve. Eso es lo espiritual. Si hay algo después de esta vida, no lo sé y tampoco me preocupa. A mí lo que me importa es hacer las cosas bien en esta.

-¿Prefiere hacer reír o llorar?

-En la vida está todo mezclado: el dolor y la alegría. Por eso a mí me gusta lo agridulce. La comedia es algo de lo que uno no es consciente. Al principio, cuando la gente se reía, a mí me sorprendía. Es algo que no puedes aprender. Lo tienes o no. A actuar no se puede aprender, ni a escribir, ni a pintar... Es algo con lo que uno nace. Se puede mejorar, se debe mejorar. Yo deseo mejorar como actriz hasta el día que me muera. Cada día de la vida hay mucho que aprender.

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