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Aprendiendo trucos de la comida

Aprendiendo trucos de la comida

FERMÍN APEZTEGUIA

Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Un grupo vasco ha hecho suya esta máxima del libro chino 'El arte de la Guerra' y ha logrado fomentar el consumo de frutas y verduras aplicando los trucos que utilizan las grandes cadenas internacionales de restauración para vender pizzas y hamburguesas a saco. Si ellos lo hacen, nosotros también podemos, se dijo el Observatorio Nutricional de Vitoria-Gasteiz. Dicho y hecho. Los investigadores, un equipo respaldado por la Universidad del País Vasco y el Ayuntamiento de la capital alavesa, han logrado mejorar la dieta de los alumnos de varios colegios gracias a un programa que va mucho más allá de la mera recomendación de comida sana y ejercicio. Juega con la psicología de los chavales y cuenta con el compromiso de sus padres, que también participan en la experiencia. El Ministerio de Sanidad ha reconocido el trabajo con la concesión de un premio NAOS en la modalidad de 'Promoción de la alimentación saludable en la escuela'.

«La mayoría de los programas contra la obesidad infantil se quedan en meras charlas, pero no se sabe de sus efectos porque no están validados científicamente. No están bien diseñados. Nosotros decidimos hacerlo utilizando una metodología científica sólida que nos permitiera evaluar el trabajo y validarlo. Este es el resultado», explica el dietista nutricionista Víctor Manuel Rodríguez Rivera, investigador del grupo Nutrición y Obesidad (CIBER obn, iscii), que firma el estudio. En el trabajo previo a esta experiencia, que viene desarrollándose desde hace diez años, el grupo de Vitoria llegó a una conclusión que ha marcado la investigación: «Nadie mejor que la industria de la comida rápida ('fastfood') para cambiar los hábitos de la población. Ellos lo consiguen como nadie. Hagamos lo mismo».

Actitud, entorno y autonomía

Analizando sus trucos y maneras, el equipo de Rodríguez Rivera se encontró con las teorías del comportamiento del polaco Icek Azjen, experto en psicología social. Según este hombre, para conseguir que alguien haga algo, en este caso que coma hasta cinco piezas o raciones de frutas y verduras al día, han de cumplirse tres condiciones. La primera de ellas consiste en que el consumidor tenga una actitud positiva frente a la comida sana.

Problema: a los niños no puede hablárseles de enfermedades cardiovasculares, ni de cáncer porque no lo entienden. Les pilla lejísimos. «Les hablamos de la fibra y el estreñimiento, que para ellos sí son problemas reales; y de la energía que les da el potasio, que les ayuda a tener un corazón sano y obtener mejores resultados deportivos», explica el especialista. La actitud positiva se trabaja también desde lo sensorial, porque está demostrado científicamente que los sabores, como todo, se aprenden. «La mayoría de los alimentos que comenzamos a tomar después del destete no nos gustan. Ponemos caras raras cuando nos los dan», detalla el dietista.

Un segundo elemento determinante en nuestras actitudes es la presión que ejerce el entorno. Lo que digan o hagan los demás, especialmente cuando se es niño o adolescente, importa y provoca cambios de actitud. «Si la gente con la que nos movemos cree que deben comerse más frutas y hortalizas, tendemos a hacerlo. Hemos utilizado una herramienta que llamamos 'frutómetro' para contabilizar quien tomaba más y quién menos; y lo hemos visto: la competitividad favorece el consumo de comida sana». Eso mismo, cita Víctor Manuel Rodríguez Rivera, como ejemplo, se vio en Europa con el consumo de tabaco. Hubo un tiempo en que fumar estaba de moda y todo el mundo lo hacía. «Cuando el fumador se convierte en un apestado, la situación cambia».

La autonomía, por último, la capacidad personal de decisión, también influye. Para fomentarla, los investigadores pusieron en marcha lo que llamaron frutero libre, que consistía en permitir a los chavales picar algo antes de comer, siempre que fuera fruta. Con todo ello, han logrado ampliar el consumo medio de dos a 2,5 piezas de frutas y verduras al día. Puede parecer poco, pero no sólo es un comienzo. Es el mejor resultado logrado por un programa de este tipo en el mundo. Y la experiencia no ha terminado. El trabajo continúa.

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