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«Ahora me atrevo con todo en la cocina, me ha despertado una pasión y me encanta»

«Ahora me atrevo con todo en la cocina, me ha despertado una pasión y me encanta»

Saúl Craviotto se corona ganador de la segunda edición del concurso de cocina Masterchef Celebrity tras elaborar un menú con el que homenajeó a su tierra de acogida, Asturias

José Luis González
JOSÉ LUIS GONZÁLEZGijón

Los dos últimos días en la vida de SaúlCraviotto han sido de infarto.El ganador de la segunda edición de Masterchef Celebrity se pasó la jornada del martes promocionando la final y la de ayer concediendo entrevistas. Este piragüista de élite leridano, asturiano de adopción, que acumula medallas olímpicas, recibió numerosos elogios de dos cocineros también de élite durante la final, MartínBerasategui y Quique Dacosta. Los tres cuentan con premios de ELCOMERCIO. «Estoy contento, eufórico, encantado», reconoce tras haber elaborado un menú ganador con homenaje a sus dos tierras.

–Esta celebración es en diferido. ¿Cómo se lleva ganar y no poder decírselo a nadie?

–Es un poco raro, la final se grabó a finales de julio y llevo meses engañando a la gente, diciendo que no estaba grabada. Tenía a mil compañeros engañados porque, si no, me acaban sonsacando información.

–Dijo que antes de entrar al programa no sabía cocinar. ¿Hasta qué punto era cierto?

–Sabía lo que sabe todo el mundo. No he cocinado mucho porque a mi mujer le encanta hacerlo y prepara la comida ella en casa. A mediodía, cuando entreno, como en Casa Ovidio, en Trasona. No cocino nunca, no sé cocinar. Cuando me he puesto, hacía algo a la plancha, arroz con tomate, cosas quesabe hacer hasta un niño, comida de supervivencia total. Cuando me confirmaron que tenía que ir al programa me puse las pilas estudiando, viendo canales de cocina.En mes y medio lo hice todo.

–¿Es muy intensa la formación que les dan en el programa?

–No mucho.Enseñan una hora a la semana, pero nos dan pistas. Si nos daban clase de cómo hacer pasta, con la maquinita de sacar espaguetis, sabías que la semana siguiente tocaba algo de Italia.Era más aprender fuera del programa.

–Ahora ya sabe cocinar. ¿Quién se pone a los fogones en casa?

–La verdad es que acabé un poco saturado de cocina y estuve dos semanas de desintoxicación total.Ahora me gusta y de vez en cuando hago algo, fideuá, arroces, pescados, cuchara, me atrevo con todo. También fabada, que tengo que perfeccionar, porque la que hice en Avilés... Me ha despertado una pasión y me encanta. Aunque sigue cocinando más mi mujer que yo. Cuando llego a casa ya lo tiene hecho.

–¿Cómo fue esa fabada de Avilés? ¿Comieron todos los invitados?

–Yo no los vi comer, solo vi que el jurado traía los delantales negros y dijeron que habíamos pasado a la historia, otra vez los dos equipos a eliminación. Me dio un bajón increíble.Soy muy competitivo y en mi tierra, donde tenía que dominar la fabada, me dio rabia fallar así. Era muy difícil sacar en noventa minutos una buena fabada.Cualquier asturiano sabe que una buena fabada necesita dos o tres horas de reposo. Pero bueno, se podía haber sacado y no fui capaz. Fue una pena.

–Cuando acabó la final dijo que se encontraba agotado, ¿más que tras una final olímpica?

–Es una fatiga diferente. Masterchef es un cansancio mental y además son dos horas, una final mía son 32 segundos. Te cansa mucho muscularmente pero estás bien.De verdad que estaba roto, agotado, me apetecía tirarme en el suelo. Nos estábamos jugando mucho, 75.000 euros para donar a una fundación –se los entregó a Aladina, que ayuda a niños enfermos de cáncer– y me estaba dejando la piel.

–¿Por qué eligió ese menú para la final?

–Lo ensayé once veces durante los cinco días anteriores… Me inspiré en mis dos tierras, Cataluña, que es donde nací, y Asturias, que es donde vivo con mi familia. De ahí me vino lo del virrey con ‘pa amb tomàquet’, y de segundo la becada con manzana, que es uno de los productos que más se consume en Asturias. Resultó una mezcla explosiva.

–Qué parte de su trofeo le debe a Marcos Morán.

–Me abrió las puertas de su casa,me enseñó a hacer el plato del cásting para poder entrar, merluza con base de puré de coliflor, un plato curradísimo.También me ayudó a diseñar el plato de la final.Se merece mucho, ha sido mi maestro. Mi mujer, mi madre, mi suegra, las cocineras de Casa Ovidio también me daban algún consejillo, pero mi maestro es Marcos Morán. Le debo un poco bastante.

–Tiene un historial deportivo apabullante, con campeonatos del mundo y medallas olímpicas. ¿Había sentido la fama como la siente ahora?

–No tiene nada que ver.El deporte le gusta a mucha gente, sobre todo los Juegos Olímpicos, pero es que Masterchef lo sigue muchísima gente, desde niños de 7 años a abuelos de 95. La final la vieron cuatro millones y pico de personas. Lo noto mucho cuando estoy en el aeropuerto, centros comerciales o voy al Alimerka de Viesques, al lado de mi casa. Noto que la gente me mira.Me reconocen mucho más por la aventura culinaria que por las medallas. No me importa, gracias a Masterchef mucha gente me ha conocido, ha visto mi palmarés, se ha acercado a mi deporte. Una cosa ayuda a la otra.

–Su esposa estaba embarazada durante la grabación del programa y dijo que llamarían a su hija Martina, por Martín Berasategui. ¿Mantienen la intención?

–Se va a llamar Alejandra y nacerá en dos semanas. Hubo un cambio de planes. Es muy parecido a Valentina, el nombre de mi primera hija, y no nos parecía bien.

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