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Gastronomía

Una bodega en el fondo del mar de Lastres

Una submarinista recupera una botella de la bodega de Plentzia.
Una submarinista recupera una botella de la bodega de Plentzia. / JORDI ALEMANY
  • Un proyecto empresarial pretende crear una cava submarina en la que madurar vino

  • Según los expertos, los caldos envejecidos a unos 20 metros de profundidad mejoran sus características

El mar esconde muchos tesoros pero, ahora, más allá de barcos hundidos o increíbles ecosistemas, también alberga bodegas únicas en las que el vino madura bajo el agua. En España ya han surgido diferentes iniciativas de este tipo y Asturias se suma a ellas con un proyecto para fondear una instalación que permita la crianza y el envejecimiento de vino en aguas de Lastres.

La idea de estas especiales bodegas surgió tras descubrir que las botellas que se rescataban de naufragios se encontraban en buenas condiciones y que incluso adquirían matices que las mejoraban. Dicen los expertos que al ubicarse en un entorno sin luz, ni ruido, con una temperatura constante todo el año, una presión específica, el movimiento armónico de las corrientes marinas y su salinidad se optimizan las características de los caldos.

El langreano Javier Domínguez es la persona que está detrás de este proyecto en el Principado. Buzo profesional, también es Técnico en Explotaciones Agrarias Extensivas y vio en esta actividad la posibilidad de unir dos de sus pasiones: el campo y el mar. En el caso de la iniciativa asturiana, que recibirá el nombre de Cantábaco, en referencia a su carácter marino y al dios romano Baco, el objetivo es fondear dos jaulas con 1.218 botellas a entre 15 y 20 metros de profundidad, al menos de momento, después si el negocio prospera esta cifra podría ampliarse.

Si todos los permisos llegan a tiempo, Domínguez espera que la inmersión se produzca en junio o en la primera quincena de julio. Las jaulas se ubicarán al oriente del puerto pesquero de Lastres, cerca de la costa, donde ya prosperan cultivos de algas, pero destaca su precursor que, al contrario que en estos casos, con el vino se realizará «una ocupación mínima del fondo marino». Los caldos estarán en el mar entre seis y ocho meses para después salir a la venta en tiendas gourmet y restaurantes, pero sobre todo a través de internet. Después, las botellas se repondrán en las jaulas y volverán a sumergirse.

La exclusividad será su principal reclamo, ya que el vino que se utilizará procederá de la prestigiosa bodega D Luis R, de la Rioja Alavesa, caldos de calidad superior a los que se les añadirá una cualidad extra, su maduración submarina. «Transformaré un vino importante en otro mejor», explica Javier Domínguez, que destaca también el atractivo que tendrá esta bodega, ya que además de no suponer ningún daño para el medioambiente, será un añadido al potencial turístico de Lastres. De hecho, entre sus ideas es poder llegar a acuerdos con empresas de turismo activo de la zona para poder realizar visitas submarinas y degustaciones.

En Calpe (Valencia) y en Plentzia (Vizcaya) ya hay dos bodegas de este tipo que conjugan el turismo enológico y deportivo, aunque el impulsor de la iniciativa asturiana destaca el poder del mar Cantábrico sobre la opción mediterránea y augura que habrá «hasta una batalla» por hacerse con una de las botellas maduradas en Lastres.