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VIRI FERNÁNDEZ

«Un incendio como el de 2016 es algo que te deja marcado para toda la vida»

Viri Fernández - propietaria del Llar de Viri
Propietaria del Llar de Viri

Se cumple un año del siniestro que calcinó la mitad del restaurante Llar de Viri, en San Román de Candamo. «Han sido unos meses de emociones», cuenta su dueña

Elena S. Herrero
ELENA S. HERRERO

El 28 de diciembre de 2016 la popular guisandera Viri Fernández, propietaria del Llar de Viri, en San Román de Candamo, vivió uno de los momentos «más tristes de su vida». Un incendio, originado por una chispa procedente de la chimenea, arrasó buena parte del establecimiento al que se ha dedicado en cuerpo y alma desde su fundación. Un año después de «este terrible suceso», el Llar de Viri está más vivo que nunca, pues según cuenta su dueña «la ilusión y las ganas de seguir no decaen. Por eso llevamos ‘20 años + 1’ en este negocio». Y es que ha sabido transmitir su valentía y coraje a todo el mundo, logrando que este local resurja de las cenizas para continuar llenando de sabor y tradición a todos sus visitantes.

–¿Cómo ha vivido este año?

–Diría que ha sido un año de emociones. Y es que a partir del 28 de diciembre del año pasado, pasé por todos los estados.

–¿A qué se refiere?

–Viví mucho cariño pero también mucha tristeza. Conté con muchos amigos, pero también con algunas decepciones... Además, cada vez que entraba algún cliente al local volvía a revivir aquel fatídico día. Justamente esta semana me pasaron unas fotografías del día del incendio y el estómago se me llenó de nervios y los ojos de lágrimas. No puedo evitarlo.

–¿Sigue teniendo miedo?

–Sí, la pasada noche con el viento que hubo no pude casi dormir. Tenía miedo de que el viento moviese los toldos y que lloviera encima de la cocina que es donde está la instalación eléctrica. Al fin y al cabo lo que ocurrió hace un año es algo que te queda marcado de por vida. Lo que ha pasado es que con la llegada del invierno he sentido un bajonazo. Aún así, seguimos luchando, porque esto no se recupera en un año.

–Tras este suceso, ¿cómo se ha afrontado la reforma?

–Pues... El gasto que hay que hacer es muy grande. No obstante, mi hijo es el que tomó la batuta de las obras. Además, será él quien quede de responsable del local. ¿Sabes cómo llama él a la reforma?

–Sorpréndame

–La obra del reciclaje.

–¿Y eso?

–Por ejemplo, teníamos un mueble que eran dos y después de quemarse hicimos a partir del mismo uno nuevo. Es cierto que hubo que comprar muchas cosas, pero a la hora del montaje nos dimos cuenta de que otras se podían aprovechar. Los cristales que tenemos se habían rajado con el calor y siguen ahí en ese estado, pues dan un toque particular, me lo permitieron los de prevención de riesgos. Yo diría que hicimos que nos sirvieran cosas. Pero, lo que realmente fue duro fue ver salir de tu restaurante doce contenedores llenos de cosas quemadas.

–¿Es muy diferente del que había antes?

–La obra es más moderna, tiene más servicios... Asimismo, hemos reservado una habitación donde vamos a poner alimentos de la zona elaborados por el obrador: mermeladas, salsa de tomate... Es una emoción enorme porque es arrancar de nuevo con cosas nuevas. Mi cabeza siempre está hirviendo.

–En cuanto a la carta, ¿también ha experimentado una reforma?

–(Ríe). De momento ahí no hemos tocado porque ya hemos tenido bastantes cambios. Además, nuestros clientes vienen a comer cosas muy determinadas. Aún así, vamos a poner sugerencias dentro de la carta.

–¿Puede sacar alguna conclusión positiva del incendio?

–Me cuesta trabajo porque cuando cierro los ojos veo aquello. Pero si algo puedo rescatar es que nunca creí que se me quisiera tanto. Recibí mucha ayuda, de asociaciones, de Otea, del Ayuntamiento de Candamo, de amigos, de familia, de la gente que tiene casas aquí y viene solo en verano. Eso es lo positivo que saco, el cariño que sentí, que fue mucho. La parte afectiva fue una ayuda enorme para poder salir hacia adelante. Lo que es cierto es que antes yo ya estaba como más asentada y aquello hubo que cambiarlo a consecuencia del incendio. Me alegra mucho ver que mi hijo y mi nuera continúen al frente del Llar. Ver que lo que hiciste y por lo que luchaste durante tantos años tiene una continuidad es algo muy satisfactorio.

–¿Qué le diría a la gente que haya pasado por algo así en su negocio?

–Cuando lo ves te apetece irte. Pero como es algo tuyo y las raíces las tienes ahí continuas, luchas y peleas para que salga adelante. A los que han pasado por algo así les diría que les entiendo, que les acompaño y que les doy un abrazo a todos. En el Llar de Viri tienen a alguien con quien contar. Y, a los que en un futuro les pueda pasar, que cierren los ojos, no los físicos, porque si no te bloqueas. Les diría que arranquen con lo que sea, que hay mucho cariño alrededor y mucha gente que te puede ayudar. Más tarde, cuando te viene el bajón, es cuando abres los ojos y les recomiendo que cojan una botella de sidra y brinden por la vida que es lo más importante.

–¿Qué pide para el 2018?

–Que no pase nada a nadie. Que nos dejen como estamos. Ésto último se lo pido al Universo que es el que concede deseos. Y a los gobernantes les pido que por favor se humanicen un poco, que pongan los pies en la tierra y que no se crean los números que salen... Que vengan al campo, que se pongan las madreñas y que caminen en el día a día porque hay gente pasándolo muy mal. Asturias es muy pequeña, somos muy pocos y muy mayores, y para mantener a la gente joven aquí tenemos que arrimar todos el hombro y ser honestos con lo que hay. Otra cosa que pido a este nuevo año es que por favor consumamos productos asturianos, pues de esta forma ayudamos al agricultor, al ganadero y a todas aquellas personas que trabajan en la tierra que, por cierto, es muy duro. Hay mucha gente joven que está empezando su carrera en la región, así que por favor para que no se vayan hay que dejarse de chorradas. Trabajando Asturias todo sale. Necesitamos esa fuerza y esa unión, pues hay que olvidarse un poco del individualismo. Por último, me gustaría decir que también hay muchos abuelos que están manteniendo la casa y eso por derecho debería de estar prohibido, porque las personas mayores tienen que disfrutar también de sus años.

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