La comida ecológica, hasta 660 euros más cara al año

La nutricionista Rocío Pastor enumera los pros y contras de un estilo de vida que «comenzó con la cultura hippie» y que ahora «tiene un público con un nivel económico medio-alto»

IKER IZQUIERDO

Los productos ecológicos son alimentos que no presentan ninguna alteración genética. Se cultivan respetando la naturaleza. No utilizan pesticidas, fungicidas o productos químicos. Por moda, por concienciación medio ambiental o por salud, «cada vez más gente se une a esta corriente», según cuenta la nutricionista Rocío Pastor. Un estilo de vida que ha evolucionado desde su auge en los años 70, gracias al movimiento hippie. Sin embargo, el concepto de consumidor ‘eco’ dista mucho de lo que un día fue, ya que «los que llevan hoy este estilo de vida son personas de un nivel económico medio-alto», explica Pastor. Ahora la alimentación natural copa portadas, webs o espacios televisivos; en ocasiones para bendecirla y, en otras, para crucificarla. No obstante, Rocío Pastor, experta en este tipo nutrición no tiene ninguna duda: «La comida ecológica tiene muy pocos defectos comparado con todos sus beneficios».

Uno de los principales argumentos a favor de la comida natural es la ausencia de pesticidas, fungicidas o cualquier otro proceso hormonal. Algo «muy beneficioso para la salud –cuenta Pastor–, porque todos esos productos artificiales se almacenan en el cuerpo y a la larga pueden generar enfermedades como el cáncer». Asimismo, el uso «masivo e indiscriminado» de antibióticos en animales a la hora de producir comida convencional provoca una «resistencia a estas medicinas, generan nuevas cepas bacterianas y enfermedades a las que el ser humano es incapaz de hacer frente».

Pastor aclara uno de los grandes bulos que circulan por la red, y es que «no hay ningún estudio que demuestre que la comida ecológica sea más rica en nutrientes». Por otro lado, el lento desarrollo de los productos naturales hace pensar a los más críticos que, en caso de que la población mundial demande la producción de esta comida, sería algo inabarcable. El escritor y ambientalista danés Bjorn Lomborg, sostiene en su polémico libro ‘El ecologista escéptico’ que la agricultura libre de químicos es menos eficaz, por lo que se necesitaría una mayor área de cultivo. En contra de opiniones como esta, la nutricionista asegura que la demanda es cada vez mayor y que «de momento, es algo sostenible».

El precio, un gran escollo

Una de las barreras que una familia estándar puede encontrar a la hora de abrazar este tipo de alimentación es, sin duda, el precio. «Es más cara porque los costes de producción son mayores. Cultivar unos buenos tomates sin abono, sin pesticidas ni nada, puede hacer que se estropeen o que tarden más tiempo en madurar; detalles que encarecen el producto», explica Rocío Pastor. Para conocer si la diferencia es tan «abismal» como algunos condenan en las redes, Yantar ha realizado una investigación teniendo en cuenta los hábitos de consumo recogidos por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y, tras comparar diferentes supermercados especializados este tipo de nutrición con otro establecimiento genérico, los datos hablan por sí solos: la diferencia en el gasto anual por persona llega hasta los 662 euros.

Productos como el aceite suponen una de las grandes diferencias entre la alimentación natural y la convencional, con una media de 45 euros más cara al año por persona. La carne también se mantiene en las cotas más altas –la ecológica es hasta cuatro veces más costosa que la tratada–, mientras que la fruta se sitúa en las más bajas –apenas duplica el precio de la alimentación habitual–. Asimismo, el arroz se cuela entre el género más prohibitivo, ya que, la diferencia es cerca de cinco veces sobre el valor tradicional.

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