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Para escalecer del frío

Marta del Valle y Pablo Blanco. / ARNALDO GARCÍA
Marta del Valle y Pablo Blanco. / ARNALDO GARCÍA

Donde no hace tanto había aldea, hay ahora nuevos barrios, y en Asturias, decir barrio, es decir chigre exigente. Aquí va un ejemplo.

L. A. A.

Casa Julio ya tiene su solera. Primero se llamó Casa Pascual, después, con el cambio de dueño, recibió el que mantiene si bien debería llamarse Casa Constantino, por Constantino Blanco, el inquieto y emprendedor hostelero que tuvo el Bellavista, el Levy's y otros establecimientos con o sin comedor.

Y que los sigue teniendo contando además con la colaboración por disposición hereditaria y animosa de su hijo Pablo.

Este chigre de barrio grande, casas nuevas y calles anchas que no hace tanto eran aún aldea y ahora es Montevil en su linde con El Llano de Arriba, lo adquirió y reformó Constantino para que los menús, las parrilladas de carbón y leña y un puñado de especialidades quedaran a mano y paladar del vecindario creciente que ya va consolidando los fundamentos de una zona histórica. Uno de ellos -y principal- poseer equipo de fútbol; y ahí va el Club Deportivo Montevil.

Espacioso y alargado, Casa Julio separa sus dos salones, el primero de barra y tapeo, el segundo de comedor. La madera y el cristal lo ocupan todo y la luz entra clara y directa por los grandes ventanales que ocupan la fachada de extremo a extremo. A su resguardo se ofrecenmenús diarios a los muchos obreros de mono y puños blancos que las construcciones y oficinas concentran alrededor, mientras la carta permite saborear la buena mano de María guisando nuestros más tradicionales platos, aparte de lucimientos con carnes de angus y roxa asturiana en entrecotes, solomillos, chuletones y abundosos platos parrilleros sin sobras ni faltas.

Luego debemos resaltar los mariscos frescos a la sencillez, el vapor o la vinagreta que el mercado imponga; los pescados a la plancha que otrosí, los potes exuberantes de compangu y esencia, los cachopos en varieté (el crujiente con setas y provolone, los cachopinos de solomillo de cerdo y queso de la peral, el de merluza con almejas y gambas) y algunos hallazgos dignos de mención: el arroz con calamares en su tinta (¡retornan los platos de lejanas infancias!), el pulpo a la chapa con pisto, los fritos de pixín negro, o el milhojas de solomillo de xatu con ralladura de queso manchego.

De piloto, quedó dicho, timonea Pablo. En la cocina una guisandera de los Cárpatos que aprendió las grandes y pequeñas filigranas asturianas con Mari Ángeles 'Geli', madre de Julio. Y a la parrila, atendiendo puntos y distancias, Abel.

Esto, en el centro de Manhattan, arrasaría, y con facturas estratosféricas. ¡Qué modestos somos los asturianos!

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