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«Las ganas de cocinar no se me quitan, da igual la edad»

Queta Gutiérrez, en la cocina de su casa. / JESÚS MANUEL PARDO
Queta Gutiérrez, en la cocina de su casa. / JESÚS MANUEL PARDO

Para la veterana guisandera, que acaba de cumplir los 89 años, el tiempo es lo que diferencia a los buenos platos de los malos

JESSICA M. PUGA

Si no fuera por Queta Gutiérrez Tuñón, los fogones de muchos hogares asturianos estarían continuamente apagados. Ella es la cocinera de Serondaya, la Asociación Cultural de Cenera, quien aprendió a cocinar por gusto ayudada por sus padres, que regentaban un restaurante en Pola de Lena. Queta ha enseñado a guisar a «muchas, muchísimas» personas de toda Asturias. Perdió la cuenta al superar las 2.000. El sábado cumplió 89 años y, aunque ha reducido las tareas diarias, sigue activa en la que considera la estancia más importante de la casa.

El secreto del buen cocinero. «No se puede cocinar si no se tiene tiempo, por eso ahora se cocina menos. Tener tiempo es fundamental y lo que permite mimar los detalles y perfeccionar la técnica. Las salsas, que llevan tanto tiempo porque hay que dejar que se concentren bien y se reduzcan en condiciones, y no se hace. Quienes dedican una hora y media a la casa y solo media a la cocina tendrían que hacer al revés, porque esta ocupa un lugar principal. Los tiempos han cambiado y ahora el que cocina, el hombre o la mujer, da igual, es mucho más valiente de lo que lo éramos en mi generación, cuando con una faena estábamos ocupados todo el día. Vale que el trabajo en el hogar se ha simplificado mucho en los últimos años al haber plancha eléctrica, cocina de gas, lavadora... Pero el mérito de trabajar en dos sitios está ahí».

Siempre cerca de la cocina. «Mis padres tuvieron hasta que se retiraron un restaurante en Pola de Lena, donde yo crecí y, aunque no había de todo como ahora, sí pude aprender mucho. Cuando me casé, fui a Cenera, donde crié a la familia y seguí cocinando porque la verdad ye que siempre me gustó. Cuando los chiquillos fueron mayores, me sobraba tiempo, y hacia 1960 o 1962, más o menos, empecé a dar cursos sin querer. Es verdad que cuando te gusta una cosa, molésteste más y quieres ampliar los conocimientos todo lo que es posible. Además, tengo suerte porque gústame todo... Bueno, menos el pulpo, tengo que reconocerlo».

Maestra de cocineros. «No tengo ni idea de a cuánta gente he podido enseñar a cocinar; más de 2.000 seguro, porque antes daba cursos por la mañana y por la tarde. En cambio ahora solo tengo uno en Pola de Lena y otro en Cenera. Tengo ido a dar clase a Oviedo, Lugones, Moreda, Cabañaquinta Bustiello... Los actuales alcaldes de Mieres, Aníbal José Vázquez, y Pola de Lena, Gema Álvarez, y Hugo Morán y Juan Rionda, que lo fueron en su día, son solo algunos de los nombres que han pasado por mis aulas».

Ventajas de los nuevos tiempos. «Hoy en día es fácil encontrar productos que antes solo había en determinada época del año y, aunque no sepan igual, te ayudan en determinadas ocasiones. Por ejemplo, ahora hay mucha fruta tropical que queda perfecta para las macedonias. Otra ventaja de estos tiempos es que los carniceros y pescaderos de las tiendas son profesionales y gracias a ellos logras un producto limpio y perfecto para guisar, que antes te las tenías que arreglar. Yo tengo ido a casa con merluzas enteras que terminaba estropeando. Zapatero a tus zapatos: una cosa es cocinar y otra saber partir pescado».

Tiempos modernos. «Soy más partidaria de los pucheros y no creo que la cocina sea algo que se pueda estudiar sin más, como si fuera una ciencia, pues la práctica ayuda más que la teoría. Aunque todo puede pasar, hace años se empezó a decir chef en lugar de cocinero, que no sé qué tendrá de diferente utilizar la palabra francesa. Somos tontos los españoles, que no hacemos más que copiar... A veces los alumnos me pedían cosas especiales y yo les decía que para qué querían saber eso, que si no les tenía más a cuenta aprender platos de a pie, que pudieran hacer a diario. Que no porque sea más caros, son mejores. Lo que pasa es que antes solo se comían cosas especiales en las bodas. Ahora ya lo tenemos todo probado porque se sale más».

Parar no está en los planes. «Si no hago nada, me harto de estar sentada en el diván. Las ganas de cocinar no se me quitan. Ahora en casa somos tres pelagatos y, aunque los domingos venga la familia, no es lo mismo. Llevo encargada de la cocina de Serondaya desde que se fundó la asociación y ahí me rodeo de gente trabajadora hasta el máximo. Préstame ver el cariño de la gente. La verdad es que en la cocina he hecho muchos amigos».

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