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EDURNE TRANCHO

«La modernidad en la cocina tiene fecha de caducidad»

«La modernidad en la cocina tiene fecha de caducidad»
Tercera finalista de ‘masterChef 5’

La televisiva cocinera está en Asturias porque participa hoy en el VII Congreso de Ergonomía y Psicosociología Aplicada de Avilés

Jessica M. Puga
JESSICA M. PUGAGijón

Edurne Trancho (Tolosa, Guipúzcoa, 65 años) forma parte de la última remesa de concursantes de ‘MasterChef’, el ‘talent’ gastronómico que La 1 de Televisión Española emite desde 2013 dedicado a cocineros aficionados, niños o famosos. La cocinera vasca resultó tercera finalista de la quinta edición del concurso, en el que puede presumir de haber encandilado con un ceviche a Martín Berasategui –ocho estrellas Michelin y Caldereta de Don Calixto 2016– y con un menú de lujo al francés Joël Robuchon, que suma 31 brillos. Estos días está en Asturias como invitada en el séptimo Congreso Internacional de Ergonomía y Psicosociología Aplicada, que desde hoy y hasta el sábado se celebra en el Centro Niemeyer de Avilés. Y y de aquí volará a México, viaje que se ganó en las cocinas de ‘MasterChef’.

Audidacta y televisiva. «Mi madre y mi abuela cocinaban muy bien, pero, claro, cuando era joven y me animaban a aprender yo no me acercaba a la cocina; ya se sabe, en esos años no hacemos mucho caso de lo que nos dicen porque estamos a otras cosas... Más tarde, cuando me casé, no me quedó otro remedio que ponerme el delantal. Pedía consejos y miraba libros de cocina para aprender recetas y trucos. Mi marido es riojano y yo vasca, así que me preocupé de saber hacer los platos de nuestra tierra. Yo es que soy muy curiosa, y siempre que voy a algún restaurante pregunto a ver cómo lo hacen. Y de ahí a ‘MasterChef’, un programa que no había visto antes. Fue mi nuera la que me mandó para allá, si no no me meto ahí, aunque ahora que ha pasado sí que digo que fue un acierto».

De guisos a nitrógeno líquido, y viceversa. «En mi casa se comen platos tradicionales, guisos y esas cosas, pero en el concurso tuve que hacer de todo, hasta trabajar con nitrógeno líquido y hacer esferificaciones. He aprendido muchas cosas, pero pondré en práctica las que más me gustaron porque, además, mi marido es muy clásico. Un día le preparé las esferificaciones y me dijo que le sabían a polvos, y eso después de estar en la farmacia buscando lo que hacía falta para cocinar. La modernidad en la cocina tiene fecha de caducidad, como el sarampión. Pasará de moda. Sí que de vez en cuando apetece, porque son platos muy vistosos y bonitos, pero no es la comida de todos los días. En cambio, los guisos no te cansan. Un plato entra por la vista, pero si le metes el diente y no gusta, no lo pedirás más. Yo prefiero el no vistoso, pero sabroso».

Cocina profesional, cosa de hombres. «Es cierto: las abuelas siempre han sido las que se encargaban de guisar en casa, pero fueron los hombres los que estaban al frente de las cocinas de los restaurantes. No sé si es porque ellos habrán aprendido más o porque les habrán dado más facilidades. Sí es cierto que en determinados círculos gastronómicos del País Vasco no entraban mujeres, y así han podido ir haciendo sus cosas. Segura que ellas han estado tapadas con una manta... Esto no es algo que ha pasado solo en España, también se percibe en Francia, por ejemplo, y creo que es una tendencia que está cambiando. Mi hijo, por ejemplo, vive con su novia y es él el que se encarga de cocinar».

Como en el norte en ningún sitio. «En Asturias he estado muchas veces por lo que es una zona que conozco bastante, de sobra para saber que se come muy muy bien. Es una cocina muy rica y donde se sirven cantidades muy grandes. El cachopo me gusta, pero lo que más la fabada y la caldereta, que está ríquisima. Bueno, y no me puedo olvidar del queso. En el norte se come muy bien, hay muy buena materia prima, mar y montaña, y se nota. No sé por qué Pepe – Rodríguez, jurado de ‘MasterChef’– diría que un plato estaba emplatado ‘a la asturiana’, la verdad que no lo vi».

Cocinera experta y famosa. «La vida tras pasar por un concurso como ‘MasterChef’ te cambia, pero el límite lo pones tú. La gente me para por la calle y me felicita, y eso me provoca una gran satisfacción, pero también estoy algo cansada, porque he pasado de no hacer nada –llevo tres años jubilada– a mucho. Por suerte puede elegir e ir a Asturias, por ejemplo. Es algo que me apetecía mucho. Si tuviera veinte años menos, seguro que estaría viviendo la experiencia de forma diferente. Ahora ni me planteo abrir un restaurante, ya trabajé mucho, ahora les toca a los jóvenes. En Navidad haremos lo de siempre. Eso sí, prepararé la copa de cítricos con espuma de plátanos de la final, que me quedó riquísima. La repostería es la espina que tengo clavada».

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