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Ajustar el reloj de la cocina con el de la tierra

Adrian Hopkins, en su explotación agrícola ecológica./MARIETA
Adrian Hopkins, en su explotación agrícola ecológica. / MARIETA

Huerta La Figal pone al alcance del consumidor unsistema cerrado de cestas con productos de temporada

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

AAdrian Hopkins era un estudiante de Filología Inglesa y Teoría Cultural en la prestigiosa Universidad de Birmingham que, tras cursar un máster en Nottingham, decidió trabajar como cocinero. Su interés por la alimentación y el sistema productivo agroalimentario le lleva a dejar las cocinas y a viajar por Inglaterra, Escocia y, finalmente, por España. En esta última etapa llega a Asturias, parada que marcará un antes y un después en su vida. Aquí coincide con Vane Moreno Sierra, psicóloga y miembro de la asociación de la que él era voluntario en Avilés: La Libélula Huerta.

Tras un tiempo 'conviviendo' en la distancia, decide venirse a Asturias para quedarse y, hace tres años, él y Moreno Sierra deciden crear un futuro en conjunto: Huerta La Figal. Con este proyecto buscan abastecer con productos ecológicos a Avilés y los pueblos cercanos. «Yo, desde que empecé en este sector, siempre trabajé en huertas ecológicas. Emprender en La Figal era un forma ideal de autoemplearnos y poder vivir de un mundo que nos apasiona. Cuando trabajaba como chef, empecé a hacerme muchas preguntas sobre cómo se elaboran los productos que llegan a nuestra mesa. Como consejo a los jóvenes, diría que para realizar este tipo de agricultura necesitas tener sensibilidad y observar mucho, pero también viajar y ver otras realidades. Trabajas con seres vivos y es complejo pero muy estimulante», explica Hopkins.

Una de las claves del modelo de negocio de esta joven pareja son las cestas semanales por venta directa, que ponen a disposición de sus clientes desde abril a diciembre. Estos paquetes de producto son un sistema muy extendido en algunos países europeos, como Alemania o Francia, y están basadas en una selección de hortalizas eco que varían según la estación, asegurando así más calidad y propiedades organolépticas, además de un respeto por los ciclos vegetativos y el trabajo de la tierra.

«Esta profesión creo que puede contribuir al cambio socioeconómico que necesitamos. Respeta el medioambiente y defiende unos valores muy positivos. Tengo el punto de vista de alguien de fuera, pero creo que en Asturias hay mucho trabajo disponible en el campo para los jóvenes. La demanda de productos ecológicos es muy alta y hay poca oferta, por lo que queda mucho por hacer. Por este motivo creo que, más allá de dar subvenciones, las instituciones deberían formar y ofrecer apoyo técnico para facilitar ayuda al agricultor en temas como el papeleo o la contabilidad», dice Hopkins.

Huerta La Figal es el reflejo de una tendencia que parece llegar para quedarse: el interés del consumidor por conocer quién cultiva o elabora sus alimentos y respetar la estacionalidad de los productos. En contraposición a encontrar siempre en el mercado los productos que se desean, hay quien ha decidido ajustar el reloj de la cocina con el de la tierra.

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