http://static.elcomercio.es/www/menu/img/gastronomia-desktop.jpg

«Para arrancar aquí un euro tienes que dar más vueltas»

Alfonso Fuente, en la Puerta del Sol./Daniel Mora
Alfonso Fuente, en la Puerta del Sol. / Daniel Mora

«Las sardinas salonas las ofrece hoy muy poca gente. En nuestro caso las seguimos vendiendo y las quieren más que antes»

Luis Enrique González Iglesias
LUIS ENRIQUE GONZÁLEZ IGLESIASGijon

La Puerta del Sol es uno de esos negocios centenarios de Gijón a los que no todo el mundo les presta mucha atención. Alfonso Fuente Vega (Gijón, 1959) es la tercera generación de tenderos tras su abuelo, José Vega, su madre y su tío, Araceli y Pepe vega. Relativiza la crisis: su abuelo volvió de Cuba por la revolución y se encontró con la Guerra Civil aquí. Eso sí que era sacarse las castañas del fuego.

Ultramarinos y más. «Aquí también hubo una pequeña cantina, tostador de café, almacén de piensos… Tenemos ultramarinos, tenemos cestería, madreñes, cerámica y muchas cosas que había antes, que yo conservo aunque no haya mucha venta, pero es que me fastidia quitarlas. Por ejemplo, carburo, que se utiliza para hacer espeleología y para ahuyentar los topos de las fincas. Es muy efectivo y no es venenoso ni para los topos ni para las plantas. Seguimos la misma línea de siempre, lo único que como ahora hay mucha más variedad, vamos incorporando y seleccionando. Las conservas, los embutidos, las sidras… Yo me acuerdo de un paisano que tenía un llagar aquí en Ceares y bajaba con la bicicleta a cambiar la caja de sidra. Todavía conservamos también cajas de sidra de las de antes, de madera».

Seguir una línea. «Las sardinas salonas las vende muy poca gente ya, nosotros segimos vendiendolas y más que antes. Eso nos beneficia porque, además, eso hace que siempre estén bien, más frescas. El que vende poco rota menos y se estropea más el producto. Es una cosa muy antigua que ahora se vende más que antes. Son cosas que no te dan mucho rendimiento, pero te fastidia dejar de tenerlas. Es cuestión de seguir una línea, dan a la tienda otra imagen».

Faba fresca. «Ahora estamos vendiendo mucha faba fresca congelada. Según se recogen se congelan y luego no hace falta ni descongelarlas. Se echan directamente con el compango y así te despreocupas de ponerlas a remojo. Además tardan algo menos en cocer. Los grandes restaurantes asturianos están apostando por esta faba y nosotros las estamos vendiendo muy bien. Es complicado comprar fabes asturianas de verdad. Con esta, sabes siempre que es faba asturiana, porque no vale traerla de Bolivia ni de Argentina fresca, y son una pasada».

Clientela. «Aquí paraba el cura, el comisario, los vecinos, cuando era Gijón más pequeño. Ahora la gente casi ni se conoce. A la gente joven le llaman la atención estos comercios, paran, sacan fotos… Hay quien valora el producto y el trabajo y hay otros que compran al voleo. Yo creo que hay mitad y mitad, gente que sabe lo duro y difícil que es cultivar una lechuga o un tomate y gente que no, que piensa que salen como el prao. Más que gente de aquí, viene mucha gente de fuera y, sobre todo, el que es de aquí que está fuera viviendo, suele ser el que más aprecia estas cosas».

Saber estar dentro y fuera del mostrador. «Para arrancar aquí un euro tienes que dar más vueltas que una peonza y luego igual lo gastas en un sitio que parece que les da igual o que no lo valoran y te duele. Para mí es igual que me compren uno que me compren veinte, para mí es un cliente. Es muy importante lo que tengas detrás del mostrador, porque por muy buen establecimiento que tengas, si el tema humano no funciona… En dos días abajo. Tampoco por estar detrás del mostrador eres esclavo de nadie, ojo. Hay que saber estar en los dos lados, dentro y fuera del mostrador. Yo soy de la escuela de mi tío, que era capaz de dejar la tienda para acompañar a alguien a encontrar una dirección, pero como entrara alguien y no saludara o se comportara mal, saltaba».

A granel, pero controlado. «Aquí valoramos mucho los graneles, las legumbres, el pimentón, las castañas mayuques, que es como una gominola de antes, una castaña seca. Vendemos mucho también, pero porque sabe la gente que lo tenemos. De toda la vida se detalló a granel y nunca pasó nada. Que se preocupen más de los mercadillos y esas cosas, que no tienen baño ni dónde lavar las manos, que de nosotros, que estamos muy controlados: inspecciones de Sanidad, del Seprona para mirar denominaciones de origen y demás. Muy bien, pero para todos igual. Lo que no entiendo es para qué pones en Gijón un mercado cuando está Gijón lleno de tiendas. En un pueblo lo entiendo, pero en Gijón hay tiendas y bares a maza, no hace falta tanto mercado».

Fotos

Vídeos