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Estos churros saben a gloria

Georgina Olivar, con su producto estrella. /NEL ACEBAL
Georgina Olivar, con su producto estrella. / NEL ACEBAL

Churrería La Gloria abrirá próximamente en Gijón las puertas de su primera tienda fija y dispondrá de un obrador de 70m2

CARMEN ORDIZ

La galerna del año 1944 dejó al pueblo de Lastres desabastecido y con dificultades económicas. Las fuertes marejadas destruyeron múltiples embarcaciones y pocos fueron los afortunados que pudieron salvar su negocio. Adolfin Busta fue una de las víctimas de las olas. Su hija, Gloria Busta, junto a su marido, Pedro Olivar, decidieron contrarrestar la pérdida haciendo frente a esta situación y apostando por un negocio aún vigente en nuestros día, la churrería La Gloria. En el año 1951 comienzan su andadura vendiendo estos dulces por los pueblos cercanos. Gloria Busta compagina este trabajo con el de la venta de pescado ambulante, hasta que consigue dedicarse en exclusiva a los churros. «Los inicios, difíciles, fueron en burro. Mis abuelos llevaban todos los utensilios en un carro y lo montaban de pueblo en pueblo. Fue así hasta que se hicieron con el primer camión», explica Georgina Olivar.

En el año 2005, un fatídico accidente yendo a Vegadeo les obliga a hacer un parón. No será hasta 2008 cuando vuelven a salir con el remolque. Es en ese momento cuando Georgina Olivar se hace responsable del negocio familiar, como representante de la tercera generación que consigue hacer felices a sus clientes con tan solo cuatro ingredientes: harina, agua, sal y azúcar. «Esa es toda la receta de los churros. No hay más. Aunque sorprenda, son veganos y aptos para intolerantes a la lactosa», explica Olivar.

Georgina Olivar pertenece a la generación 2.0, la de la tecnología, y eso se aprecia en su actividad en redes sociales, donde es muy activa e innovadora. «Muchos de nuestros clientes usan facebook o instagram para saber dónde estamos y para visitarnos durante las ferias ambulantes. A mi también me sirven estos medios como fuente de inspiración y para ver las tendencias de otros países como EE UU o Italia», explica. «Algo que es indudable es que aunque la gente cada día se cuida más, hay quien no renuncia a una llambionada. Si hace cuatro años lo más demandado eran los 'cronuts', unos donuts de hojaldre, a día de hoy todo lo que lleve nutella o galletas oreo es un triunfo. Hay que estar siempre innovando para acercar al cliente lo que busca».

Su sueño está cerca. En menos de un mes esta joven llastrina abrirá las puertas del primer local fijo de churrerías La Gloria. Un espacio con 70 metros cuadrados de obrador y 60 de sala que, indudablemente, será el destino de aquellos que busquen disfrutar de un momento muy dulce.

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