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«El cliente no mira el whatsapp en esta cafetería»

Laura Menéndez Prendes, con la labor. / JOAQUÍN PAÑEDA
Laura Menéndez Prendes, con la labor. / JOAQUÍN PAÑEDA

«Se ha convertido en costumbre estar tomando algo sin perder de vista el móvil. Aquí no pasa porque hay otra cosa que hacer»

POR JESSICA M. PUGA

La gijonesa Laura Menéndez Prendes trabajaba en el sector de la comunicación en Madrid, con la intención de volver a casa en cuanto le fuera posible. Cuando lo logró quiso aprovechar una de sus aficiones, tejer, y se decidió a montar un negocio en el que tomar algo y hacer la labor. Se llama Mimosa Café Lanar y el pasado febrero cumplió un año en la travesía del Convento. Hacer punto es una opción, pero no la única: «Hay quien se trae el portátil y trabaja y quien solo toma algo», cuenta.

Consumiciones sin hora. «Yo iba a clases de punto en Madrid para evadirme de todo lo demás. Surgió la oportunidad de volver a Gijón y lo hice. Las tiendas de lana de toda la vida me parecían las típicas mercerías de señora, así que pensé en montar un negocio diferente. El hecho de que sea también cafetería es porque cuando vas a tejer a algún establecimiento parece que te miran mal en cuanto sacas la labor, como si pensaran: 'Mira ésta, que va a estar aquí dos horas con una CocaCola, no la sacamos ni con lejía. Yo quería un sitio en el que pudieras venir tranquilamente y echar el tiempo que quisieras tejiendo o lo que sea».

El plan del día. «En este establecimiento hay una carta normal para que la gente tome algo, meriende o lo que quiera y, además, es una tienda donde comprar lana, accesorios y libros. Doy clases continuas de dos horas a la semana en las que, quien se apunte, puede hacer su proyecto; los sábados, hago talleres puntuales, por ejemplo, de macramé o tapiz, en los que, aquí sí, todos los participantes trabajan lo mismo y se lo llevan terminado al final. Los viernes hay tarde libre: doy un patrón gratuito, muy fácil, y la gente viene, merienda y lo hace. Yo ese día no doy clase y lo bonito es que se ayudan entre las asistentes. Al principio, invertí mucho tiempo en explicar el concepto de negocio, pero ahora ya lo van conociendo y las preguntas son casi residuales».

Un café con labor. «Pueden tomar algo mientras, por ejemplo, tejen, una tarea en la que creo que ha habido un salto generacional. Mis abuelas cosían y tejían, pero toda la generación de mi madre, la nacida en los 70, no quiso saber nada. Eran mujeres liberadas que estaban a otros temas y veían esto como de madre, por lo que decidieron cortar con ello. Ahora hay gente más joven, de mi generación, que ha empezado a interesarse por todo lo relacionado con hacer cosas con las manos y aquí lo noto. La típica mercería de gente más mayor aún existe y tiene que seguir existiendo, porque tiene su público, pero también tiene que haber un poco de relevo para que todas estas cosas no se pierdan».

Sin móvil. «En Mimosa Café Lanar no es obligatorio tejer. Hay quien viene solo a merendar o tomar algo, quien se trae el ordenador y trabaja... De todo. Hay una cosa que sucede que me hace mucha gracia y que hasta me comentan los que pasan: que aquí la gente no mira el whatsapp. Se ha convertido en costumbre estar tomando algo sin perder de vista el móvil e interactuar a través de las redes sociales con la persona que tienes sentada a tu lado... Aquí no pasa porque la gente tiene otra cosa que hacer: o teje o lo compara con las amigas... ¡Incluso hablan! Yo intento que entre todas se haga un grupín y haya un contacto físico, más físico que virtual».

Pegatinas con mensaje. «En la puerta tengo dos pegatinas: una indica que los perros bueninos son bienvenidos, algo que Señor Perro lleva años defendiendo. De hecho, una chica trae a las clases a su perrín, que aguanta las dos horas como un campeón sin molestar. La otra pegatina avisa que aquí las mamás no tienen problema si tienen que dar el pecho a sus hijos. Esta última es idea de un estudio de Madrid, Teta & Teta se llama, que decidió sacar esta iniciativa por algo que le pasó a una de las chicas. Parece mentira que a día de hoy estemos así. Tengo muchas mamis y chicas embarazadas que quieren aprender a tejer para hacerle la ropina a sus hijos; al final muchos bebés prácticamente nacieron aquí, así que la pegatina es para darles un espacio acogedor en el que no se sientan violentadas por dar el pecho».

Guerrilla de ganchillo. «Este sábado, de 12 a 14 horas, organizo un 'yarnbombing' (guerrilla de ganchillo) dentro del Muyeres Fest 2018. Las tejedoras se han movilizado a través de redes sociales, aportando cada una su cuadrado de ganchillo con mensajes feministas bordados a mano. Han llegado 1.000 de toda España y del extranjero. Unas cien mujeres los tejerán en en la plaza del Paraguas, y colgarán, después, el resultado. El propósito es dar visibilidad al trabajo manual colectivo con la finalidad de recuperar actividades tradicionalmente asumidas por las mujeres, reivindicando el proceso más allá del género.

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