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El Gaitero, una casa de quinta generación y nuevos productos

María Cardín brinda con una copa de spanish craft cider ante uno de los símbolos de la empresa. / José Simal

María Cardín, directora de la firma que elabora la sidra más famosa del mundo, mira al futuro sin perder de vista su historia

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

Hablar de Asturias es hablar de sidra y si una es famosa en el mundo entero es la de El Gaitero. María Cardín Blanco nos recibe en Villaviciosa, en la que es su casa y donde ha pasado toda su vida a pesar de nacer en Bilbao en 1977. Allí su padre, Pepe Cardín, se encontraba desarrollando sus funciones como ingeniero naval. Cuando María tenía cinco años volvieron a Asturias para que él entrara a formar parte de la empresa familiar.

María se define como una asturiana de pura cepa, orgullosa de ser la quinta generación de una saga tremendamente vinculada a la Villa y a la sidra. Oírle hablar de El Gaitero es sentir en sus palabras la pasión heredada de su padre por esta tierra y por la empresa. Cuenta que los inicios no fueron fáciles. Comenzó su andadura en un contrato en prácticas en el departamento de contabilidad tras sus estudios de Administración y Dirección de Empresas. Reconoce que esta rama no le entusiasmaba en exceso por lo que decidió marcharse a Inglaterra. Allí, tras realizar un máster de Marketing, descubre lo que verdaderamente le apasiona y lo que le hace ser hoy la primera mujer con un puesto directivo en la historia de El Gaitero. «Creo que mujeres y hombres a nivel formativo y laboral somos exactamente iguales y con las mismas capacidades, nunca me he sentido diferente. De lo que me enorgullezco es de haber aportado ese toque de sensibilidad femenina. Al ser madre, por ejemplo, entiendo y lucho mucho por las bajas maternales y la conciliación. Me parece algo fundamental».

El Gaitero es una empresa familiar en cuanto a propiedad pero también en cuanto a sus trabajadores, otro motivo para sentirse orgullosos. «Si el hijo de algún trabajador se ajusta al perfil que se necesita en la bodega es un plus que su familia haya trabajado aquí. Son muchos años y al final se empapan de nuestra empresa en sus casas. Un ejemplo es Tano, nuestro enólogo, él es la tercera generación que trabaja con nosotros y siente la empresa como suya».

La filosofía de esta joven directora comercial es volver a los inicios. Si de algo no hay duda es de que la zona de Villaviciosa está históricamente vinculada a los manzanos, por ello han decidido volver a los orígenes creando una cooperativa de cultivos. Creen que una buena sidra ha de empezarse desde la tierra, para ello apuestan por buscar y plantar variedades autóctonas, controlar desde la poda a la recolección y recuperar lo que se hacía antiguamente sumándole la innovación continua y la búsqueda de la calidad.

Sus objetivos los tiene claros: respetar aquello que consiguieron las generaciones anteriores. «Me inquieta y preocupa estropear lo que alcanzaron mis antepasados, tenemos una buena imagen de marca y la gente nos tiene cariño. No quiero perder eso pero tampoco pienso en quedarme anclada en las navidades. Soy la tercera generación que intenta acabar con la estacionalización de la sidra espumosa. Otro deseo es llegar a países donde no hemos entrado aún, porque aunque seamos famosos en el mundo entero siempre quedan zonas por explorar», bromea.

En cuanto al futuro, dice que le gustaría que sus hijos hicieran lo que más les gustase en la vida, «aunque les pasa como me ocurría a mí. Recuerdo que siempre que pasaba por la carretera mi padre me decía que uno de los ladrillos de la chimenea era mío. Ahora entre ellos se pegan por saber cuál es el suyo. Al fin y al cabo se sienten parte de El Gaitero. Su padre, su madre, su abuelo y gran parte de su familia trabaja aquí y vienen mucho por la bodega, lo sienten como algo suyo. No les presionaría para que trabajen aquí aunque me encantaría que fueran la sexta generación». Empuje familiar no les faltará, porque a su pasado y a su presente la compañía acaba de añadir futuro con el anuncio de su nueva fábrica en Gijón, donde invertirán cerca de un millón de euros para fabricar dulce que exportarán a Estados Unidos. Entre sus planes, también la nueva sidra sin alcohol, esta con destino a Emiratos Árabes.

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