Hamburguesas y pizzas, mejor caseras

Los productos de las grandes cadenas suelen abusar de la sal y de grasas insanas. Es mejor acudir a locales de confianza y, si no es así, recordar que «para comer sano, hay que currárselo» y cocinar en casa

FERMÍN APEZTEGUIA

Como en casa en ningún sitio. Siempre se ha dicho y los expertos en nutrición aseguran que se convierte en verdad indiscutible cuando se aplica a lo que desde hace años se conoce como ‘comida basura’. La hamburguesa y la pizza saludables no existen, salvo que se las prepare uno en su cocina. Y bien, que no vale cualquier cosa. «Para comer sano, hay que currárselo», afirma la endocrinóloga de IMQ Aida Cadenas, que desaconseja especialmente y de manera rotunda la oferta gastronómica de las grandes cadenas de alimentación rápida. Sí, de todas esas firmas que usted está pensando y cuyos nombres no vamos a citar por razones obvias.

Los productos de estos establecimientos están preparados, todos sin excepción, con abundantes dosis de conservantes, grasas de la peor calidad y abundancia de sal, condiciones que permiten a su oferta una vida más larga y una garantía de bocado sabroso. Pero agradable para el paladar no significa saludable para el organismo. Las vacaciones resultan tentadoras. Por un bocado quizás no pase nada. Ahora bien, depende de cuál sea su estado de salud, quizás sea mejor olvidarse de tanta porquería aparentemente tan rica.

Cuestión de calidad y grasa

Para que a nadie se le atragante el verano, quizás lo mejor sea comenzar recordando esa otra máxima que dice que toda norma tiene su propia excepción. La obligación de la especialista es, sin embargo, hablar primero de la regla y después, para los irreductibles, desarrollar la salvedad, aunque tampoco espere milagros. El primero de los dos grandes problemas de las hamburguesas, «no lo olvidemos», es la calidad de sus grasas. «Se habla mucho del aceite de palma, pero tan malo como él son las grasas saturadas, que abundan en este tipo de alimentos», recuerda la dietista. Las cadenas de alimentación abusan de la sal –que en grandes cantidades favocece la aparición de hipertensión–, y tambien de aceites que rara vez, por no decir ninguna, tienen la calificación de virgen.

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de seleccionar una buena hamburguesa es el referido al tipo de carne elegida y la proporción de grasa que conlleva. Puede optarse por una pieza magra de ternera o pavo o de pollo. Pero la realidad apunta a que las hamburguesas de las cadenas alimentarias no sólo no se facturan con un producto de calidad, sino que su sabor se potencia con grasas indeseables, incluso cuando se trata de salchichas de pollo o de pavo, «que uno compra pensando que son más sanas y se rellenan normalmente con grasa de cerdo para hacerlas más agradables al gusto».

La pizza tiene, según Aida Cadenas, otros inconvenientes. Para que sea más moldeable, la masa se elabora con abundantes cantidades de aceite, generalmente no del mejor, que conlleva una complicación añadida: un gramo de aceite supone nueve calorías. No hay que obsesionarse con ellas, pero para hacerse una idea de lo que implica este valor, un gramo de azúcar, son cuatro calorías; uno de alcohol, siete.

Un problema añadido de las pizzas de la calle es que el tomate que se utiliza como base suele ser frito y de bote, lo que supone una carga extra de azúcares y conservantes. El colmo de la carga son los ingredientes que le acompañan, que si se trata de verduras frescas, fenomenal, pero que habitualmente se eligen «las más jugosas», que son las más insanas: beicon, chorizo, carne picada...

Como la de casa, ninguna. Masa casera, con aceite de oliva virgen, sin abusar de él, con frutas hortalizas y champiñones. «Perfectamente sana». Recuerde: «Si no tiene problemas de salud, no pasa nada por despreocuparse un día, pero si los tiene, no queda más remedio que cuidarse». Y prevenir también es curar, así que el tan de moda ‘hazlo tú mismo’ tiene aquí más razón de ser que en ninguna otra faceta doméstica. Además, se trata de platos de recetas más que fáciles. Sólo hay que ponerse a ello.

El consumo habitual de comida basura causa depresión

La mala alimentación también afecta a la salud mental. Un amplio estudio realizado por las universidades de Navarra y Gran Canaria concluyó que los consumidores habituales de pizzas, hamburguesas, salchichas y bollería industrial tienen un 50%más de riesgo de sufrir depresión. Los autores del trabajo descubrieron que la grasa de las membranas que utilizan las neuronas para comunicarse depende del tipo de alimentación y que esta circunsancia influye en el bienestar.

Los autores del estudio llegaron a esta conclusión después de seguir durante más de seis años a un grupo de 9.000 personas sanas con formación universitaria. El trabajo contenía, además, algunos datos sorprendentes, como que, por ejemplo, los más aficionados a la comida rápida no sólo acostumbran a hacer menos ejercicio, sino que además tienen más probabilidades de quedarse solteros.

La mayoría de niños y adolescentes come mal

La mayoría de los niños y adolescentes españoles come mal y realiza poco ejercicio. Un estudio publicado en la revista ‘Nutrients’ y firmado por los médicos nutricionistas Javier Aranceta y Carmen Pérez-Rodrigo reveló que la dieta de nuestros hijos responde a cuatro patrones de hábitos alimentarios y que sólo el 23% de los chavales lleva un estilo de vida considerado como saludable. El informe concluye que la epidemia de obesidad infantil que sufre España, con un 8% de chavales obesos y un 22,8% con sobrepeso, se debe no a la alimentación, sino al actual modelo de sociedad, excesivamente sedentario.

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