Todo por la pasta

Espaguetis, tallarines y demás familia constituyen un alimento «muy interesante» si cumplen dos condiciones:deben cocinarse al dente y acompañarse de verduras

FERMÍN APEZTEGUIA

La pasta no es sólo el plato favorito de los niños. Es mucho más. El producto que posiblemente más caracteriza a la cocina italiana, con permiso de la tradicional pizza, constituye un alimento «muy interesante desde el punto de vista nutricional» si cumple al menos dos condiciones: debe cocinarse al dente, porque de lo contrario puede convertirse en una pequeña bomba calórica para nuestra salud, y se ha de acompañar preferiblemente con vegetales como cebolla, tomate, calabacín y pimiento. Si además, en su preparación, se utiliza producto integral, que consituye un aporte extra de fibra y permite contrarrestar el efecto de la glucosa, el preparado resultará definitivamente más que sano, sanísimo, según explica la médica nutricionista Carmen Rodrigo, de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC). «La pasta forma parte de la cocina mediterráneay si uno sabe disfrutarla sin querer meterse una ración exagerada, en una dieta equilibrada puede desempeñar un papel muy importante», argumenta la experta.

La principal ventaja de la pasta, además de su enorme capacidad para quitar el hambre, es que representa una buenísima fuente de hidratos de carbono complejos, que son la mejor base para la ingesta de las calorías necesarias. No es su única virtud. Según cuenta Carmen Rodrigo, éste es un alimento rico en algunos de los mejores nutrientes, como proteínas, grasas, minerales y vitaminas del grupo B, que son las que permiten obtener la energía de los alimentos, ayudan a mantener la salud del cabello, piel y uñas, e incluso protegen frente a problemas de memoria. «Cuando éramos niños sólo había macarrones, pero ahora hay muchas formas de cortar la pasta, en plumas, espaguetis, espirales... Que encantan sobre todo a los más pequeños de la casa».

Raciones de 50 o 60 gramos

La cara b de espaguetis y raviolis es que vivimos en una sociedad que consume con tanto exceso que despilfarra la comida. «Aportamos al organismo muchísimas más calorías de las que necesita y, como consecuencia, padecemos una auténtica epidemia de sobrepeso y obesidad», recuerda Rodrigo. Con la pasta, no conviene pasarse, ni en cantidad ni en calidad. Aunque la ración depende del comensal –no es lo mismo si se trata de un niño que de un adulto–, un plato razonable podría ser de unos 50 o 60 gramos, que es una cantidad fácil de quemar.

La pasta, por otra parte, debe cocerse al dente, durante el tiempo exacto que el fabricante marca en los paquetes, y no más; si nos pasamos, si la cocemos demasiado, lo que estaremos haciendo es modificar al alza el índice glucémico del plato. Es decir, estaremos contribuyendo a que suban nuestros niveles de azúcar en la sangre, volviendo loco al metabolismo y favoreciendo nuestra propia obesidad. Si, además, se prepara con tomate y carne picada o con queso, nata o cantidades ingentes de grasa animal añadida, convertiremos la ración en una auténtica amenaza para la salud. «Generalmente, lo que hacemos todos es echar la pasta a hervir y olvidarnos de ella. Tenemos que procurar no sobrecocerla, hemos de ver que está comestible, que no se rompe», aporta como truco la nutricionista. Las formas integrales conllevan como beneficio un aporte extra de fibra, que impide la liberación de glucosa.Pueden cocerse, por tanto, durante más tiempo sin ningún temor.

Los italianos, reyes de la pasta, dicen que quien no sabe hacer un buen sofrito no sabe cocinarla. «¿Por qué? Porque el sofrito se prepara con aceite de oliva virgen extra junto con tomate, pimiento y cebolla, que es pura dieta mediterránea», concluye Carmen Rodrigo.

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