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Quesos con nombre propio

Enrique López Argiz, con sus quesos/SUSANA SANMARTÍN
Enrique López Argiz, con sus quesos / SUSANA SANMARTÍN

Industrias Lácteas Monteverde produce en la actualidad dos millones de kilos al año, entre los que destaca el de Los Oscos

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

Enrique López González, oriundo de Bustapena, Los Oscos, nota a finales de los años 60 la ausencia y necesidad de suministros en su zona. Esta percepción es el comienzo de la historia de la popular empresa asturiana Monteverde, que comienza con la compra de una vaca cuya leche servía como alimento para la familia durante las vacaciones que pasaban en el pueblo natal de López González. Posteriormente, decide importar 30 vacas de Dinamarca para abastecer las necesidades de las familias cercanas. Para buscar una salida a la leche que no se consumía, se suma al proyecto Abilio Garrido, quien aporta su saber hacer como propietario de una empresa, sita en Grandas de Salime, que producía 200 kilos de queso semanales.

A finales de los años 60, el suministro eléctrico aún no había llegado a Los Oscos y Enrique López González se encargó de iniciar las gestiones de la instalación con el fin de trasladar, en un futuro próximo, la producción desde Grandas de Salime a su tierra. Pero el rápido crecimiento de la quesería hizo casi imposible ese traslado una vez que la luz llegó a aquella zona en el año 79.

Enrique López Argiz, hijo del fundador, estudiaba en aquel momento Icade en Madrid,con el objetivo de incorporarse en la otra empresa familiar, Ike, dedicada al mundo textil. Allí se formó laboralmente e hizo sus prácticas hasta que su tío, encargado de las cuentas en Monteverde, enferma, momento en el que él se incorpora para ayudarle con la contabilidad. López Argiz nunca volvería a Ike. Su incorporación en la quesería supuso la informatización de la empresa, gesto que desconcertó a los más veteranos. «Recuerdo que el gerente, Abilio Garrido, me dijo que desde que teníamos ordenador, él ya no se enteraba de nada. En la actualidad, soy yo quien se siente un poco desconcertado a veces. Como con las redes sociales. Lo fundamental es estar abierto al cambio, contar con gente joven preparada y no tener miedo a evolucionar».

Queso de barra

Uno de los grandes éxitos fue el queso de barra, que en los años 80 supuso un cambio en la realidad productiva. «La tendencia europea marcó su llegada. Fue necesaria la introducción de nuevos moldes y aquello parecía toda una odisea», bromea López Argiz. Tras la jubilación del señor Garrido, Enrique López Argiz le sustituye y, como primera medida, decide agilizar la red comercial acercándola al núcleo urbano, situando la nave de distribución en el Polígono de Puente Nora. En el 2000, sale al mercado ‘Los Oscos’ en lonchas y se introducen en el mundo de los productos light con ‘Berenguela’, fruto de un cambio en los hábitos de consumo que penalizaban el contenido graso.

«Estuvimos a punto de morir de éxito. Llegamos a producir tres millones de kilos de queso y era completamente insostenible. Siempre agradezco el esfuerzo de los trabajadores. Tenemos mucha suerte con el capital humano de la empresa. Mi padre me inculcó la importancia de generar riqueza en el entorno y el compromiso con los trabajadores. Hoy son 50 personas las que trabajan en Monteverde y siempre presumo de su relación con la empresa. Al fin y al cabo, el talento no se retiene solo con dinero, nosotros buscamos la calidad de vida del trabajador», cuenta orgulloso López Argiz.

Una historia que da para muchas líneas pero que sintetiza y mantiene los valores de una realidad empresarial que no solo busca la rentabilidad económica, sino también moral, y que continúa creciendo de una forma sostenible fiel a las ideas de su fundador.

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