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Donde siempre y como siempre

Donde siempre y como siempre
LAS DELICIAS -GIJÓN-

El clásico de siempre sigue, con su siglo largo de trayectoria sin moverse de Somió, dando frutos buenos, maduros y sabrosos

L. A. ALÍAS

Ahí sigue ciento doce años después, renovada con jardines, terrazas, salas, retablos barrocos, rincones serenos y espacios propicios para fiestas y festivales. No sólo sigue, también avanza con Marta de gerente y anfitriona, y Javier de encargado y cuidador de detalles; ambos empeñados en una cocina esencialmente clásica, visualmente contemporánea y siempre supeditada a la materia prima, que un equipo de cocina relevante por igual guisa y adecúa según parámetros establecidos; hay restaurantes de cocinero y hay restaurantes de nombre y tradición cuyos propietarios, aunque cambien, llevan la batuta y afinan una orquesta aunque varíen los intérpretes: Dacosta es Kike y Lhardy es Lhardy.

Largo camino

Las Delicias ha emprendido el camino de Las Delicias tras una sucesión de cocineros renombrados que –tal vez– desearon personalizar demasiado lo que Marta y la familia Aguilera ven como espacio abierto, amplio, del tapeo libre a la gastronomía docta. Ahora prefieren disponer de orfebres para piezas de diseño propio y lucimiento comprobado: ensalada de salmón salvaje y agua de tomate, almejas de Carril, tataki de xata roxa, alcachofas fritas rellenas de centollo, arroces como el cremoso de mollejas glaseadas (o el negro de calamares y alioli tostado),tortilla abierta de oricios con huevos de pita golfa, lubina de Lastres, pixín en pan de romesco, tartar de vaca vieya, cochinillo deshuesado… Y la fabada, el chuletón o el pescado del día: guantes de terciopelo y manos de hierro, llar y lounge, la Pastorina y Britney Spears.

¿Que algo falla? Javier atiende, sugiere y soluciona, que desde los diecisiete gobernó establecimientos de éxito hasta el –literalmente– infarto: «Las Delicias constituye mi segunda oportunidad», remarca.

¡Y la segunda del ajardinado caserón! Recordemos que, abierto en 1905 por Mercedes y Florentino, matrimonio que pronto logró fama por sus guisos nutritivos y sus toneles de espicha, ascendió a referente regional del refinamiento y la alta restauración con Valentín Villabona. Pero largas y difíciles circunstancias empresariales abrieron paréntesis de incertidumbres que borró Marta a costa de grandes inversiones: no crecerían chalets adosados donde siguen creciendo palmeras, sauces y carbayos, y se seguiría comiendo de cine y orquesta, dos fondos que muchas noches de verano nos amenizan.

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