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De temporada: sangría

De temporada: sangría

Hay pocas cosas más ‘typical spanish’ para un guiri que esta limonada de vino, pero ¿y si fuese una bebida inglesa?

SERGIO EGUÍA

No es fácil saber si le gusta más una tiza a un tonto que una sangría a un guiri. Lo que sí nos enseña la historia es que si bien la atracción por el pincel de yeso es inexplicable, lo de los británicos con el tinto de verano se debe a que, en realidad, se trata de una bebida inglesa. No griten «¡herejía!», aún. Primero bebamos de las fuentes.

El jesuita vizcaíno Esteban Terreros –uno de los filólogos más reconocidos de la Ilustración española– añade en su diccionario de 1788 el término ‘Sangre-gris’ y lo define como: «Cierta bebida que han inventado los ingleses, y se usa mucho en las colonias inglesas y francesas de América: los ingleses dicen que refresca, porque lleva algo de zumo de limón, pero (...) se compone de vino de la isla de la Madera, de canela, clavo, nuez moscada...».

En Internet, cómo no, existe una controversia al respecto de esta afirmación. Por desgracia, en los frecuentes ‘copia-pegas’ le han cambiado el apellido al religioso vasco por el de Torres.

Incluso el diccionario de Oxford explora las diferencias, o no, entre la voz inglesa ‘sangaree’, que sería el equivalente a la castellana ‘sangría’ y la identificada por Terreros como ‘sangre-gris’. El académico texto abre la puerta a que sean dos cosas diferentes. En este caso la sangría sería algo ibérico –como siempre se ha pensado– y el sangaree es un cóctel desaparecido para el que se usaba un tinto seco español, brandy, curaçao y zumo de naranja y limón. De ahí la confusión.

Quién sabe. Y no será desde estas líneas en las que se ose enmendar la plana a una persona nacida en Trucios. Aunque solo sea por chovinista vecindad, apostemos por la explicación del sacerdote jesuita, desterrado a Italia tras la pragmática sanción de Carlos III. A los guiris de Benidorm les dará lo mismo.

Receta del Sangaree

Dicen que Jefferson era aficionado al Sangaree. Aún se sirve en EE. UU, como cóctel. Se hace con vino de Madeira, limón y sirope. Nada especial. El truco es que en la era colonial, al vino le añadían brandy para que aguantara la travesía en barco. Mejor echarle licor, sí.

La sangría perfecta

Es posible que nunca hayas probado la sangría. Entre sus efectos secundarios y la mala prensa, relegada a cuece guiris, es normal. Sin embargo, hay quien reivindica este refresco alcohólico como algo digno. Prueba esta opción que proponen en el restaurante del pequeño de los Adrià. Partimos de fresas limpias y congeladas, a las que se añade la mitad de su peso de azúcar. Se cubre de agua y se espera a que se descongele. Se añade naranja cortada en láminas, romero, canela y vino joven, que no tenga barrica. Se deja macerar 24 horas en un recipiente hermético y a disfrutar.

Zurracapote, una variante

Un primo hermano de la sangría es el llamado zurracapote, muy popular en las fiestas populares del País Vasco. Bebida riojana en origen, esta es la receta que usan en Haro: disolver azúcar en agua al 50%. Cocer en ella dos palos de canela. Colar y verter al vino. Añadir el zumo de 5 limones y las cáscaras del limón y la canela cocida envueltas en un paño para que de más sabor. Se deja macerar unos días, probando hasta lograr el gusto deseado y listo. Tanto al zurracapote, o zurra para abreviar, como a la sangría hay quién le echa un licor. No es obligatorio.

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