El Comercio

Gastronomía
Casa Pachu

Casa Pachu

  • Un bar-tienda celebrado por los vecinos que también alegra la visita de los forasteros

Meluerda es una aldea riosellana que ocupa, a medio camino de Collera y Camango, la estrecha rasa que permite el paredón costero del Mofrechu: por sus caleyines, práos y casonas aún suenan los esquilones de la vacas y los chíos de malvises y xilgueros (excepto cuando pasa un coche machacando rumba a todo gas). Un lugar con encanto que uno reconocería asturiano entre cien fotos de otras tierras por detalles sutiles y difíciles de explicar:las sebes, los corredores, el verde de los caminos, el aroma de mar y hierba y los carteles que la señalizan, dado que crece y se rejuvenece, un pareado que los vecinos repiten orgullosos.

En una de sus encrucijadas aparece Casa Pachu, edificio grande con terraza orientada hacia las cumbres de Les Pandes, sala de barra, chigre, comedor y antojana donde soltar neños. Bajo sus techos de poderosas vigas nos entretendrán viejas radios, tradicionales aperos agrícolas, goxes de ablanu y un paisaje lleno de simbolismos pintado por el joven y malogrado artista riosellano Luis Valle, fallecido en accidente al poco de su composición.

Estamos en uno de los santuarios de la sociedad local:hace un siglo y más allá aquí funcionaba el bar tienda del pueblo, recordémoslo, del vino de pellejo a las madreñas, y del papel pegante contra moscas al escabeche de bonito. Luego, en 1942, Francisco Corral Sánchez le dio nombre e impulso, y su hija Aurina prolongó las labores bienhechoras: «Lugar de encuentro del pueblo, se cocinaban fabes, pitos de caleya, cabritu, conejo, y otras especialidades de cuchara y horno que seguimos ofreciendo los domingos, aunque la aún abierta tienda, y los culinos y pintas tras las faenas del campo, constituían la principal razón de ser. Y también seguimos ofreciendo bodas, bautizos y cabos d’añu igual que entonces» –recuerda Manolo, hijo de Aurina, nieto de Pachu y, junto a su esposa Montse –de Sardalla y de familia hostelera– nuevo encargado:«En realidad estudié peluquería y para peluquero iba, no imaginaba el retorno a la casa y negocio familiares, pero mi madre decidió jubilarse y me dijo que relevo o cierre».

Pasaron dieciocho años del relevo y la gente sigue, como siempre, dejándose seducir por potes, pitos caleyeros, boroñes preñáes, patés caseros, croquetas de compangu, pantrucu con queso de los beyos, cachopinos de seta a la pimienta o al cabrales, chipirones a la plancha, parrochines con jamón, rollos de bonito, tacos de solomillo, entrecotes a plancha, flanes de turrón... Quien vaya a piñón fijo mejor encargue el deseo, quien vaya a saborear lo del día encontrará con qué satisfacer el apetito.

Y finalizada la sobremesa a pasear, que Meluerda presta y convida.

LE RECOMENDAMOS

Pantrucu con quesu de Los Beyos. Este embutido llamado se hace con sangre de cerdo, tocino y grasa del mismo animal, cebolla y harina de maíz. Al cocinarlo lo cortamos en rodajas de centímetro que doramos en aceite de oliva cuidando de que no rompa la tripa. Según las retiramos les ponemos encima lonchas finas de Los Beyos para que fundan con el propio calor de la fritura.