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Gastronomía
La flor del pumar

La flor del pumar

  • Un rincón entrañable prolonga su larga vida gracias a una joven pareja de profesionales

Cuando se es de Cabranes, el arroz con leche perfecto viene de serie. Y Fran cumple la norma, tan sólo deja el requemado opcional ahora que los hierros candentes parecen menos imprescindibles que en mi infancia:«Yes más sosa que un arroz con llechi ensin ganchu», decíase a les moces murnies. Al parecer ahora preferimos la superficie limpia de caramelo reciente, humeante y crujiente:será que nos habremos vuelto aburridos.

No obstante el arroz con leche de Fran gusta y entretiene cucharada a cucharada. El arroz y les fabes, componentes únicos y sobrados de un menú festivo, que aquí caben cualquier día. Y el pote denso y acompangado. Y les llámpares en un caldín con salsina de pimientos, cebolla, ajo puerro, jamón, tomate y sidra. Y los cachopinos en salsa de champiñones. Y la cazuela de pulpo, gambas y setas. Y el churrasco de ternera asturiana. Y el entrecot de buey igualmente patriótico. Y los pescados del día al horno o la salsa. Y más cosas sencillas gustosamente cocinadas, que el Pumar rinde culto a la cocina de siempre.

Y al ambiente de siempre, aldeano y rústico aunque renovado sin borrar su vetusta pátina:apetece disfrutarlo bajo los árboles que tiene hasta que el veranillo de Samartín remate los meses templados y dé entrada a los cada vez más retóricos fríos invernales. Luego la sala y una sopina humeante vencerán cualquier noroeste.

Cocinero madrugador por afición y necesidad, tras darle fama a la Parrilla de Torazo bajó con Lucía –que durante muchos años atendió barras y salas– esperando insuflarle nueva vida a esta casina centenaria y piquiñina, chigre perpetuo y antaño tienda mixta y parada arriera, que disfruta y da disfrute mediante un patio largo y estrecho que agrupa terraza, merendero, pláganos y carpa.

Si su interior se prolonga de forma tan amable, su exterior resulta sobradamente familiar a quienes, canosos y encorvados, cortexamos alguna vez en Villaviciosa: entre otras viviendas diseminadas señala la llegada tras bajar por la Venta les Ranes. Otras salir de la rotonda de las autovías, el actual camino que da comodidad y quita paisaje. Por tanto sigue teniendo tránsito delante y calma detrás de no celebrarse un campeonato apasionado de futbolín.

Ver pasar caminantes y coches sentado a la puerta en uno de los bancos, entre culines y luces de otoño, constituye un momento zen memorable.

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Cachopinos en salsa de champiñones: Rellenamos tres filetinos por cada cachopo con queso Taramundi y jamón asturiano. Los rebozamos en harina y huevo antes de freirlos. Mientras preparamos unsa salsa de champiñones laminándolos, dorándolos y pochándolos suave en un sofrito de verduras picadinas. Una vez a punto añadimos nata y dejamos que guise lento. Presentamos con patatas y piquilllos.