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Dindurra

Dindurra

  • El café por antonomasia ha recuperado los esplendores de antaño en un marco brillante de menús y cartas

Hace 115 años, el Gran Café Dindurra anunciaba su almuerzo del Reyes de 1902. Y lo hacía con clase y gusto: «Los dueños de este nuevo establecimiento tienen el honor de confiar a sus numerosos favorecedores que hoy, fiesta de la Epifanía de Reyes, aparte del siempre esmerado servicio de cafés y tés, bocaditos y medias noches, podrán degustar, entre otras especialidades, pastel de cabeza de jabalí, navarren de ternera, arceas en salmís, perdices estofadas, ostras frescas de Arcachón (a peseta y media la docena), pollitos tomateros con guisantes frescos, omelette de angulas, helados, coctails, refrescos, jarabes, y un surtido en vinos de mesa y licores nacionales y extranjeros».

Tras los muchos cambios que el paso del tiempo ha introducido lo importante permanece, sólo que en el 2017 exportamos nosotros ostras a Francia, las angulas se cuentan por unidades y no por relleno de tortilla y los pollitos tomateros dejaron paso al corpulento pitu de caleya, pero nada desmerecen los actuales bisquet de marisco, salpicón de pulpo y bugre, arroz con lechazo churro o torrijas con helado limón.

Adriano, su jefe de cocina, también halaga a los comensales elaborando una cocina desencorsetada, moderna, abierta y variada que trabaja el buey wagyu a la piedra, el risotto de langostinos y boletus, el cachopo en salsa de gamonéu, el pulpo a la brasa, el bombón de merluza en salsa de oricios, los carpachos y escabeches y los potes invernales.

El Dindurra posee su tortilla de patatas, jamón, guisantes, gambas y salsa de tomate, y sus ensaladas con vieiras, pulpo y oricios; también ilustra una forma de sentir Gijón, con su bosque de columnas de loto, sus pasillos, sus mármoles, su historia, sus leyendas y fantasmas:merecería visitas guiadas de no invitarnos a sentarnos para el café arábica, la variedad de tés y los chocolates con churros de señor obispo.

Con la placa repuesta que recuerda las muchas horas de creación literaria aquí desarrolladas por Francisco Carantoña, con el recuerdo de una bohemia unida profundamente a la cultura y la política democrática –vaya un homenaje a los camareros que durante la Transición servían sin queja dos cafés para siete–, y con la feliz salvación emprendida por el grupo Gavia tras su triste cierre, el Dindurra, de la mano de Nacho y de Miguel, además de desayunos, aperitivos, almuerzos, meriendas y cenas, además de ambigú de teatro, campo de lucha ajedrecística y refugio de tertulianos, además –tercero y conclusivo– de salón artístico y literario desde Tarfe al que sueña el próximo Nadal, une sus funcionalidades gastronómicas con las de monumento, símbolo, testigo, testimonio y crónica de las últimas diez generaciones gijonesas. Y en ello sigue.

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Hacemos un pastrami (o carne sometida a salmuera, prensado y especiado) con pecho de vaca, agua, sal, sal nitro, azúcar moreno y extracto de humo. Luego lo especiamos con un triturado de pimienta negra, cilantro, laurel, clavo, pimienta rosa, anís estrellado y comino. Dejamos que se haga en el horno de vapor 24 horas a 70ºC., la loncheamos, marcamos el pan de hogaza y montamos el bocadillo con queso, tomate, jalapeños, rúcula y mahonesa de mostaza.