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Gastronomía
Merlot vinos y tapas

Merlot vinos y tapas

  • Lo que anuncia, pero con compromiso y seriedad: una comida informal, cuidada y variada puede alcanzar el grado de banquete

Avilés, tan rica en rincones soleyeros y afayaízos para paladear vino y vida, dos sinónimos, coloca el Merlot en una esquina de la plazoleta que, con la histórica fuente de tres caños, la casona indiana y el ribete verde y arbolado, abre de pronto espacio y campo subiendo o bajando Cabruñana. Por supuesto la terraza, a poco que el día lo propicie, se llena.

Las mesas exteriores, montadas sobre barricas, permiten disfrutar de soles y nublados en charla, toma y masticación. Dentro, la barra angula y ordena el espacio de extremo a extremo y las mesas se distribuyen con la alegría de un pub, de una tasca, de una cantina, de una bodega –que es todo lo anterior en parte– pero muy especialmente con su propio y diferenciado discurrir.

Las pizarras rotulan los muchos vinos (y cervezas)para elegir, a copas o botellas, y las tapas, fijas por demanda y cambiantes por temporada, que igualmente podemos pedir: jamón ibérico, pastel de cabracho, longaniza de Avilés, rabas de calamar, boquerones en vinagre, albóndigas caseras, mousse de foie y manzana, croquetas de jamón o cocido, lacón con patatinas, callos de León y morcilla de Burgos… Todas con tarifa plana de cinco euros.

También sirven platos por nueve euros, a elegir entre huevos y picadillo, cachopinos, codillo asado, chosco de tineo, siempre con sus respectivas patatas. Y en el caso de los mejillones gallegos y la ensalada de sardinillas y mozarella, sus respectivos aliños.

Finalmente las tablas de quesos, embutidos, marinera, asturiana y croquetas juntan y ordenan ingredientes familiares sobre la plana madera para brindar y compartir:a trece euros cada especialidad.

Súmese la amabilidad de Santiago y Nuria y entenderemos la acogida de este ambiente cómodo, distendido y parlanchín.

¿El arranque? Santiago proviene de una familia con bares diversos por Avilés y Miranda. Su propio padre combinaba, en pluriempleo entonces normal, los talleres de Ensidesa con servir chatos y culetes.

Allí comenzó para luego seguir por parrillas, cafeterías y clubes de la comarca hasta que, juntos desde muy jóvenes, saltó en compañía de Nuria a Mallorca y Torremolinos. Eso sí, cuando llegaron los hijos optaron por el retorno y el cambio de profesión: él como distribuidor de alimentación, ella en el comercio.

De pronto llegó 2008 sembrando crisis y paro. Y surgió la idea: «Mi mujer cocinaba para la dueña de su empresa que padecía una invalidez y la elogiaba de continuo, a mí no dejaba de tentarme el proyecto con fuerza redoblada tras un bar que regentamos en Santa María del Mar durante un verano. Al mismo tiempo viajábamos por España observando cómo las taperías tenían una presencia que aquí parecían satisfacer las bandejas de pinchos de cortesía. Y se nos ocurrió el sistema de tapas, raciones y tablas a precios únicos», resume Santiago.

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