Gastronomía
Topolino

Topolino

  • Abrió y renovó hace ya cincuenta años;y en ello sigue la segunda generación

Hace justo medio siglo abrió El Topolino de los platos combinados y las tortitas con nata y caramelo.

El frente playero gijonés iba terminando su irregular modernidad mediante alturas que sombreaban la playa atestada de veraneantes obreros (felizmente nunca fuimos El Sardinero o La Concha, sencillamente la playona con la Escalerona) y el nuevo establecimiento se apuntaba a los frescos aires ye-ye de los bikinis, las chanclas, las familias de cinco en un seiscientos y las formas y claridades precursoras de los actuales ‘lounge’.

Antonio Pérez Freije, el fundador, cumplió modélicamente su fértil y larga trayectoria profesional haciendo de su bar con cocina un estilo peripintado de lo que ahora se denomina y valora ‘vintage’, palabra hermosa por vinatera.

Al llegarle la jubilación le relevasus hijos, que emprendieron una actualización más respetuosa de lo que parece a simple vista: hay un ambiente de tapas y vinos, otro de menús (merecen opción los diarios de almuerzo y cena)y un tercero de carta que dividen el espacio donde el estilo heredado permanece y crea atmósferas limpias, claras, con facetas minimalistas y ‘revivales’ pop. Se ven y palpan maderas nobles, paneles geométricos, sillas ergonómicas, nichos de cerámica, pilares de teselas y cristaleras que dominan el paseo del muro, la arena y las olas.

Fernando recibió, obviamente de su padre, las mejores enseñanzas, y cuida el servicio con asistencia y medida, mientras Daniel, el cocinero de Cangas de Onís e hijo a su vez de cocinera profesional, hace suma de lo aprendido en casa y en la Escuela de Hostelería de Gijón, y lo multiplica por un joven pero aquilatado garbo. Pruébese y compruébese en el pulpo a la brasa con parmentier, en las anchoas con escalibada, en el bacalao con ragú de pimientos, o en el cochinillo deshuesado con patatas avellana y mermelada de mango.

El clasicismo también trae notas personales en la merluza tradicional del pincho en salsa de almejas de Carril, el rosbif de solomillo con puré de patata, el cachopo de ibérico e idiazábal y la lubina salvaje con piel de lima y alcaparras. Y el pescado del día, a gusto del comensal.

Tanto quien recuerde el Topolino de su infancia y juventud, como quien lo descubra, no pondrá reparo al lema que Javier usa para describirlo: «El Topolino de siempre: cocina, vistas y diseño todo en uno».