El Comercio
Gastronomía
Mejuto

Mejuto

  • Lleva seis décadas de escanciados y comidas y a pesar de que por el Nalón pintan bastos posee virtudes para perdurar

En el concejo del largo nombre, donde reposa un rey que sufrió la leyenda negra del Tributo de las Cien Doncellas para aplacar furias árabes, y de ahí el nombre de El Entrego (‘¡esgoncio y esfarrapo si daquién cueya la mió fía!’, sería lo menos que diría y haría un langreano ante tan falsa infamia) la cocina manda mucho. Recordemos que aquí, donde convivían dos y tres generaciones de mineros que disfrutaban especialmente de la comida y la bebida ante la quebradiza suerte del pozu, saben de cebollas rellenas con bonito y las celebran a lo grande. Y lo mismo en Sotrondio con los nabos y en Blimea con los pimientos rellenos.

Hay nivel. Y Casa Mejuto lo sabe, cuida y –de resultas– junta premios y menciones. Por ejemplo, tres consecutivos a la mejor tortilla en el III, IV y V concurso Samartín de les Tortielles (tortiella de pulpu, tortiella rellena de bacalau, tortiella de calamares na so tinta y gambes) y dos también seguidos en el de Samartín del Pinchu para el montadín de champiñón relleno y el frixuelu de xabalín y boletus.

Frente al Nalón, al puente de La Oscura y al parque La Laguna, precedido de una terraza sombreada por pláganos, suma sesenta años bien cuidados, un comedor de barra y chigre y otro recoleto de cristaleras; en tan larga historia cambió de nombre –el primero Casa de Comidas La Miguela– y vio jubilarse al Mejuto que permanece de cartel, mientras Manuel, natural de esta villa que sustituyera las minas por el incierto futuro de las prejubilaciones, eligió su oficio culinario apenas adolescente. Y lo estudió en la escuela de Hostelería Bellamar de Marbella, para de inmediato afianzarlo por establecimientos de Gijón, Oviedo, Castrillón, León, Canarias y otras localidades próximas y lejanas hasta que la crisis cerró demandas.

Entonces retornó al lugar de origen para que sus convecinos apreciaran el toque especial que añade a las almejas marineras, al pulpo con langostinos, al micuit de pato, a la ensalada de bacalao con ventrisca, al entrecot de angus, al solomillo de buey o a las carrilleras de ternera.

Una buena alternativa para los miles de gijoneses, avilesinos y ovetenses con raíces, familia y amigos allí, o con ganas de visitar el Museo de la Minería, crónica real, visible y tangible de un pasado tan trágico como memorable.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate