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AVILÉS

Gastrobar La Pota

Gastrobar La Pota

Le ofrece mucho y rico, que da a uno de los mejores suministros de Asturias. Y si lo prefiere le preparan ese pescado que le robó la voluntad

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Pequeño, coqueto y presidido por la pota aldeana que, sobre trébedes y calamilleres, nos alimentó desde la Edad del Hierro, abre una fachada acristalada enmarcada por molduras a la calle La Muralla, y una terraza para soles, sombras y gozos a la plaza del mercado avilesino, la de los Hermanos Orbón, que como corresponde a tales patronos, tiene literatura y música propias y diariamente renovadas.

Una garantía antes de pedir es que reencontramos tras la barra a dos conocidos nuestros, Noemí y José Luís, ambos cocineros y ambos un poco todo, a quienes conocimos y visitamos tiempo ha en el restaurante Valle de Arango, hermoso lugar con vecinos de película temible (‘Marrowbone’) que ejercía de mirador y museo de curiosidades, pero demasiado apartado del mundo para una familia:retornan así a la villa natal y a uno de sus grandes corazones urbanos.

Gastrobar La Pota

Dirección:
La Muralla, 3. Avilés
Teléfono:
985 56 67 87
Propietario:
José Luis Garzón Álvarez
Cocineros
Noemí Portero Martínez y Carlos Sánchez García
Ayundante:
Joaquín Gayol Suárez
Sala:
Carlos Alberto Pereira Casado y Rocío García Camino
Apertura:
2017
Menú laborales:
9 euros
Menú finde:
15 euros
Descanso:
domingo

Este matrimonio trabaja recetas tradicionales con aportaciones propias de puchero y cucharón (mejor dicho pota y cazu) o de emplatados vistosos que –lógica de ubicación– enmarcan esencia de mercado.

Exactamente del mercado al que se asoman: puede ir Vd. a sus pescaderías, elegir el ejemplar que le enamore y llevarlo para que se lo preparen en plancha, horno o salsa.

Sin embargo no hay que correr fatiga alguna: pruebe el suave y cremoso pote de La Pota, la fabada tal cual, el cocido madrileño según Galdós, las lentejas estofadas con morcilla, el risoto de setas, el arroz con virigüetos (berberechos), el cachopo de merluza en salsa verde, el lechazo guisado en salsa de frutos rojos, los cachopines de variado interior, las cebollas rellenas de carne, el arroz con leche, el flan de güela…

Y el ambiente, que añade y realza.

Nos queda habar de José Luis. Emprendedor y figura pública sobradamente conocido, fundador y propietario de transportes Garzón, abrió La Pota y antes Casa Pachín y La Sureña por el gusto de tener un rincón hostelero que le apartase un poco de actividades industriales complicadas y desabridas: «Nací en Consuegra, la del castillo y los molinos, porque mi padre, de Avilés, ejercía allí de maestro, noble ocupación que ejerció por media España. Tengo las raíces repartidas entre Teverga y Proaza, y la crianza aquí, que mis padres me trajeron a la hacienda familiar, donde había huerta y vacas, huyendo del hambre de la Posguerra. Y aunque querían que estudiara, al ver que yo prefería trabajar me colocaron en un laboratorio de productos químicos madrileños. Y desde entonces –va para sesenta años– emprendí multitud de negocios y ejercí multitud de oficios», nos cuenta.

La Pota es, en la vertiente gastronómica, su creación más querida. Y la pota que expone la trajo del llar de sus güelos. Y en potinas se sirven las especialidades y los primeros platos del menú, que suelen incluír patatas y legumbres caldosinas:este recipiente esencial de la asturianía campea en su blasón empresarial o –dicho llanamente– logotipo.

«Qué plaza de mercado tan maravillosa y cuánto abandono sufre», se queja José Luis amargamente.

Cierto; pero en artículos de primera y rincones donde homenajear el paladar lleva siglo y medio muy bien servida.

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