http://static.elcomercio.es/www/menu/img/gastronomia-desktop.jpg
MUÑERA (LAVIANA)

Los Panchos

Sandra Dos Santos y Emilio Coto. /JUAN CARLOS ROMÁN
Sandra Dos Santos y Emilio Coto. / JUAN CARLOS ROMÁN

Asados a la estaca con ayuda tecnológica y guisos chigreros, allí donde la naturaleza invade e integra las ruinas mineras

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

No homenajea al famoso trío de boleros, aunque el nombre nos evoque 'Caminemos', 'El Reloj' o 'Si tu me dices ven'. No. Su nombre trae el recuerdo de los anteriores propietarios, Gabino 'El Panchu', y su mujer, conocida por 'La Pancha': una pareja popular en el valle del Nalón.

Cuando Emilio, hijo de minero retirado y con poca pensión, entró a ayudarles, sólo contaba trece años. Allí aprendió a escanciar, servir pintas, pelar patatas y manejar la bandeja. Y si bien el lugar, casi en el borde del río, vecino de Tanes y del parque de Redes, y con la afilada cresta de Peña Mea por horizonte próximo, atesora usureramente atractivos, en cuanto de guaje pasó a mozu buscó nuevos horizontes por sidrerías de Laviana y Avilés, los dos concejos de Armando Palacio Valdés, novelista que, sorprendentemente, cada día escribe mejor.

Los Panchos

Dirección:
Muñera.
Teléfono:
678 777 668.
Cocina y sala:
Sandra Dos Santos y Emilio Coto González.
Apertura:
1950 (actual 1998).
Descanso:
Lunes.
Menú laborables:
8 euros.
Menú finde:
15 euros.
Menú grupos (a partir 4 comensales):
entre 24 y 40 por persona.
Sidra:
Arbesú y Riestra.

La estancia avilesina le trajo una suerte perdurable y presente, Sandra, originaria de la portuguesa Vila Real, con la que coincidió siendo ella auxiliar de cocina:«Pensábamos en quedarnos, pero mi madre enfermó de alzheimer y volvimos. Y animado por mi mujer retorné finalmente al lugar de donde partí», dice Emilio, tratando de resaltar las vueltas (ésta de trescientos sesenta grados) que puede trazar el destino.

La reapertura ocurrió hace justo una década, tiempo suficiente para convertir Los Panchos en una importante referencia de la carne asada. Pluralicemos, de las carnes: xatu, gochu, cordero, cabritu, potro y pitu criados por las camperas propias y vecinas, y asados lentamente al corro de estacas y maderos –fuego y brasa– que marcan el centro.

Los certeros cortes –paletillas, piernas, costillares, medias piezas– pasan cinco o seis horas de caldeada Danza Prima, colgados de brazos giratorios dentro de un enorme cilindro rotatorio al que la calificación de ingenio le viene peripintada.

El sabor es el mismo de siempre, por supuesto, con su adobado del día anterior y su acabado por igual, solo que no hay que vigilarlo continuamente, ni echar carrerillas girando las piezas. Emilio subraya: «Nuestro maestro cocinero, Geromo el del Condáo, ya fallecido, nos enseñó los secretos del fuego y de los fogones».

Constatamos precios asequibles, calidades indiscutibles y menús 'pa fartucase'. ¿Imprescindibles?Lechales, lechones, recentales, añojos, chuleteros, solomillos, caleyeros y chorizos patrios y criollos... Ytambién pote, cebolles rellenes, cachopo (¡con queso casín!), truchas fritas, lenguado relleno, tortos y un gran reparto encabezado –sobra repetirlo– por su majestad el cordero a la estaca.

En temporada, los cazadores toman aquí su refrigerio y algunas piezas terminan en los congeladores: cuando lleguen el otoño y el invierno habrá que estar atentos, no obstante las copiosas razones (y raciones) para la visita del chigre, la terraza y los comedores no varíen nunca.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos