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LASTRES

Restaurante El Malacó

Nel pasó de pescar en el mar Negro al Cantábrico, y Carmen de la parrilla a la plancha;ahora cocinan como lastrinos de siempre

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Queda hacia la mitad de la pindia cuesta que baja al puerto de Lastres, y tiene por únicos telones de fondo el mar y el Malecón.

El Malacó, como lo llaman los lastrinos y como decidieron bautizar a su establecimiento Nel y Carmen, que tienen nombres comunes en Libardón o Pivierda, no obstante sean costeros del Mar Negro, y especialmente de Constanza, la ciudad griega y bizantina donde muriera el gran poeta Ovidio.

Inmigrantes de decisión y esfuerzo, Nel vino desde tan lejos tras aceptar una oferta para trabajar de pescador, y Carmen, que era modista, vino a visitarlo, le gustó Asturias y ambos decidieron quedarse en esta tierra que sólo desea ser querida sin preguntar de dónde vienen los pretendientes.

«Dado que cocinar me encantaba y que los pescados fueron siempre mi alimento cotidiano, decidí dedicarme a la hostelería y aprender cocina asturiana de arriba a abajo. ¿Mi escuela? El Palacio de Luces. ¿Mi profesor perfeccionista y exigente hasta la desesperación? Fernando Martín, al que echo mucho de menos», dice Carmen.

Restaurante El Malacó

Dirección:
Barrio Bajada al P uerto, 21. Lastres
Teléfono:
985 85 02 96
Propietarios, cocina y sala:
Carmen Negrila y Nel Negrila
Apertura:
2016
Menús semanales:
de 12 a 15 euros
Descanso:
ningún día (invierno jueves)
Tarjeta de crédito:

Y ya segura, no sólo de fabadas y potes, de lubinas salvajes y merluzas, de mariscos y carnes de xatu, cogió El Rápido y triunfó al momento (El doctor Mateo ayudó mucho»). Y seguidamente El Marbella, donde trabaja su hija.

«Los alquileres, demasiado altos, hicieron que pensáramos en adquirir un local propio y nos fijamos en el ahora Malacó, contando plenamente con mi marido que de la barca pasó a la sala», añade Carmen.

Amplio sin exceso, moderno sin exageraciones, con colores suaves y apliques de piedra, reparte mesas por sus dos alturas y ofrece luz y vistas.

También ofrece arroz con bugre, pescados en caldereta y a la cazuela, en sidra o salsa verde, a la plancha o al horno; o sea, las cosechas de la rula que se ve poco más abajo y de los pescadores amigos sin otras complicaciones que la frescura y la roca.

«¿Mis pescados a la sencillez favoritos? La chopa, el tiñosu, el cabracho, el samartín y la merluza del pinchu; y ya casi en recuerdo hasta el verano que viene el bonito a la cazuela, a la plancha, en pisto y en rollo. O las patatinas con pulpo y los chipirones a mi forma, encebollados y con un refritín de ajo. En el Mar Negro predomina la parrilla, aquí la plancha. A fin de cuentas vienen a ser lo mismo, un golpe de calor, un mínimo condimento y una pesca manual reciente».

Y a Carmen, apasionada por el Cantábrico, se le olvida comentar que a su cachopo de xatu, jamón y queso crujientin le salen numerosos seguidores.

«La cocina asturiana es buena y está buena», dice el matrimonio a dúo. Cocinada con cariño y con lo que el pueblo y el concejo producen, siempre. Y así lo hacen.

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