GIJÓN

Restaurante Las Peñas

Empezó siendo una panera, un chigrín y un merendero;hoy es un clásico para disfrutar el día entero

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Queda en el Camino de los Arrieros: ¡qué nombre tan histórico e inspirador ahora que en vez de arrieros hay comerciales diplomados por escuelas de comercio! La finca y la casa ofrecen un poco de todo, si bien el principal aporte sentimental lo ofrece su merendero, marco de tardes con cestas y fiambreras, de reuniones amicales, de parejas en cortejo, de banquetes, de celebraciones, de juegos infantiles e incluso de campo de fútbol que conoció liguillas emocionantes. Incluso, de soledades, que hay quien va con su libro o su tablet a pasar las horas acompañado de tortilla y costillas reales y mundos virtuales.

Restaurante Las Peñas

Teléfono:
985 338 299
Propietarios, cocina y sala:
Celestino Menéndez Rubio (Tino), María Marcos Fernández (Maruja), y Rubén Menéndez Marcos
Cocineros:
César Fonseca Vigil y María Álvarez García
Sala:
Calín Osu, Daniel Menéndez y Carmen Blanco
Descanso:
Miércoles
Menú laborales:
10 euros
Menú finde:
15 euros (s) y 16 euros (d)
Sidra:
Piñera y Trabanco
Tarajetas de crédito:
Se aceptan

El entorno, de virtualidad, cero: praos, árboles, panera germinal, un pabellón exento acristalado, la terraza cubierta lateral, los comedores con mantelinos de cuadros o los salones para bodorrios numerosos –no será un castillo medieval aunque en menú nupcial ya quisieran muchos castillos medievales aproximarse– y, por supuesto, las blancas mesinas de piedra o barnizadas de madera exteriores entre pláganos, aire medio serrano y medio marinero, y sol radiante los escasos días luminosos y calientes que nos viene regalando el verano actual.

La finca, con sus complejos contenidos, es el trabajo de dos vidas excelentemente cumplidas, las de Maruja y Tino, ambos de la tinetense Tuña –la palaciega aldea del glorioso general Riego y el carnicero concejo de excelentes chigreros mitad haciendo patria en Gijón y mitad haciendo patria en Madrid– que llevan casi medio siglo creando lugar a partir de los humildes comienzos. Y fortaleciéndolo con cocina de carbón, no obstante las modernidades añadidas, y con sabrosos potes, fabadas, arroces de mar y monte, callos, bandejas parrilleras, pixín en sidra, bonito a la variada que ahora toca, pitos de caleya con patatines o arroz, chuletas y chuletones y –primer y principal postre de los caseros– arroz con leche.

También, en su círculo de madera y al lento calor de la foguera central, cordero y cochinillo a la estaca.

Quienes lo asociamos a muchos buenos momentos de nuestra vida, le guardamos además agradecimiento; y presta ver a Rubén asegurando las continuidades, que sitios así, cuando lo cool, lo chill-out o lo novelle ya ocupan su merecido espacio, nos redescubren lo que somos y de dónde venimos. Y presta.

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