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PIEDRAMUELLE (OVIEDO)

Casa El Chato

Casa El Chato en Piedramuelle (Oviedo)

Mercedes piensa en vender y descansar de soledades y fatigas; no obstante cuando ocurra lo lamentaremos

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Primero se fue María Josefa ‘Pepita’, después, hace un par de años, Ester. A partir de cierto recodo del camino, vivir se convierte en una despedida y Mercedes lo sabe. Queda ella, la más joven de las tres hermanas, y quedan las hortalizas, embutidos y carnes de la finca propia.

Y aún permanece y aumenta el reconocimiento del que da fe su libro de visita, que merece exposición en la vitrina de un archivo. Pero ahora sola, llena de ausencias, y cansada por los muchos años cocinando y atendiendo su casi pequeño país, una casona rodeada de fincas y un comedor con cuadros de grandes firmas y valiosos muebles de estilo, desea parar, vender y ver apaciblemente pasar la vida lejos de las ya pesadas fatigas aldeanas. Y en ello anda, que lo poseído y ofrecido da para los destinos actuales y para otras muchas empresas.

Casa El Chato

Dirección:
Santa Marina de Piedramuelle, 40. (Oviedo, carretera de Grado)
Teléfono:
984 392 754
Propietaria y cocinera:
Mercedes Fernández Banciella
Apertura:
1970
Horario y descanso:
se aconseja llamar y reservar
Precio medio:
40 euros

Pero mientras tanto ahí continúa, marcando presencia cerca de Oviedo por la vieja carretera de La Espina, donde el topónimo Piedramuelle –piedra ligera– mantiene el recuerdo de las canteras que proporcionaron areniscas y calizas con las que se construyeron muchos nobles edificios ovetenses: la familia paterna explotaba los minerales de la zona, la materna prefería el trabajo agrícola, y ‘El Chato’ –dejamos que Mercedes nos locuente– «era el apelativo cariñoso de Carlos, mi padre, persona alegre y generosa que abrió un rincón de reunión, fiesta y comidas para él –excelente cazador– y sus amigos, y donde nosotras comenzamos a mostrar lo aprendido en el seno de la familia. Cuando faltó, las tres hermanas resolvimos orientar nuestras vidas por la trabajosa senda de la hostelería profesional. Ahora solo quedo yo».

No solo. También quedan guisos rebosantes de frescor, cuidado y autenticidad que incluyen ingredientes de producción propia: pote de berzas y gochín, arroz o lombarda con almejas, fabas con setas y langostinos, menestra primaveral, callos, garbanzos con bacalao, carne gobernada, niños envueltos...

Y citemos en marinerías el pixín negro arropado por verduras, el pixín alangostado, el rollo de bonito, el bonito al ajillo, el mero a la plancha o el congrio con patatas; luego, de postre, barreña con fresas o con miel, un olvidado y aterciopelado requesón, y otros remates felices presentes hace un siglo, y presentes seguro en la centuria venidera: Mercedes forma parte del cogollo fundador del club Guisanderas de Asturias.

Que entre los clientes figuren o hayan figurado, y así lo testimonian las dedicatorias y dibujos del libro de firmas, Severo Ochoa, Alberti, Grande Covián, Orlando Pelayo, César G. Pola, Cela, Úrculo y otros grandes del intelecto, el arte y el fino paladar, no ha de sorprender: amistades aparte, quien pregunte «dónde se come bien» se le puede responder que ‘El Chato’ aparece entre las opciones seguras. Y si más pronto que tarde desaparece, lo echaremos de menos.

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