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AVILÉS

Casa Falo

Casa Falo en Avilés

Está la terraza. Y la vista sobre Salinas. Y el comedor. Y el propietario, que sabe de anzuelos y sartenes

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Casa Falo se alza entre Raíces Nuevo y Salinas, carreterina arriba, con la ría de Avilés a su derecha y el Espartal de frente, que son las dunas y el mar ancho y gris si hay cielo de tormenta, y ancho y azul si el día va despejado.

Y pues lucía el sol sin apenas nubes, cosa de estos extraños y cambiantes días invernales que vivimos, una vez bordeado el blanco muro del camino, entrado, aparcado y accedido a la amplia terraza mirador, las posibilidades de contemplación van, desde el murete frontal, a la rápida ladera y el plano campo lleno de chaletitos que rematan las altas torres de la fea modernidad, y luego la arena y el mar trazado horizonte.

Casa Falo

Dirección:
Calle La Garita, 17. San Cristóbal. Avilés
Teléfono:
985 56 28 36
Cocinero:
José Rafael Valdés Bobes
Ayudanta:
Teresa Capellán
Barra:
Juan Luis Alves
Comedor:
Ángeles Galeote
Media:
25 euros
Apertura:
noviembre de 1998
Descanso:
lunes

La terraza, mitad techada, mitad plazoleta con su quiosco de aprovisionamiento, permite estancias placenteras bien bajo tejadillo, bien a la sombra de una sombrilla de encaje y seda, que cantaban en la zarzuela de ‘Luisa Fernanda’, aunque aquí tan elegantes materiales se cambien por sombrillas de resistente rafia.

Yéndonos a los interiores, tras el bar de la entrada, un comedor alargado y profundo queda perfectamente iluminado por la cristalera que abre el muro exterior, mientras dos filas de ordenadas mesas esperan, con sus manteles y servilletas de tela, la llegada siempre numerosa de los ictiófagos cantábricos, una legión en aumento proporcional al descenso de los recursos.

Tales recursos no faltan aquí. Falo, el fundador, montó el restaurante hace dos décadas en un lugar con historia de chigres y discotecas previas, porque era pescador y de Verdiciu, lo que significa que nació a la vera del Cabu Peñes, xunto la mar, pero lo pescado no le daba para vivir. Incluso arriesgando la vida en las inaccesibles rompientes donde extraía los mejores percebes. Así que buscó otra salida profesional cocinando lo propio y lo ajeno conocido, y así cumplirá a finales del presente año dos décadas de patrón y cocinero, y el año que viene su primera década de jubilado.

«Los clientes quieren que me quede, pero me apetece pasar todo mi tiempo libre pescando en la mar», afirma.

¿Qué pescado nos recomienda? Todos los del día. ¿Y qué mariscos? Los que se pasean por su cetárea. Y sin muchos adornos, apenas un poco de vapor, una cocción justa, la plancha, la sartén y un chorrín de oliva o el horno. Además, sus frituras al ajillo andan muy solicitadas.

Centollos, andariques, percebes, bugres, zamburiñas, pixines, virreyes, xargos, tiñosos, salmonetes, lubinas, besugos, bonito cuando el bonito, calamares frescos, percebes, oricios y, además, pulpo con patatines, bacalao a la vizcaína, callos caseros, paellas de bugre, mariscos o almejas…

Y de vez en cuando hay música en vivo y en directo. Ybailes. Y alegría siempre.

Marineros y mineros gustan vivir intensamente por los riesgos del oficio. Y a quien le gusta vivir, le gusta bien comer. Oen el presente caso también servir como si de mesas regias se tratara, aunque ya quisiera la realeza un pixín a la plancha así de fresco y sabroso.

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