http://static.elcomercio.es/www/menu/img/gastronomia-desktop.jpg
OVIEDO

Restaurante Celia Pinto

Restaurante Celia Pinto

Todos los productos y platos que Celia cocina y Álvaro sirve nos recuerdan la popular tuna de ‘¡Ay Portugal por qué te quiero tanto!’

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Probablemente los asturianos sepamos más de la gastronomía portuguesa que de la extremeña. Sólo sea porque en número elevado viajamos al cercano país vecino antes de que todos seamos países, y entonces quedemos rodeados por Cantabria, León y Galicia.

Visitamos Portugal con asiduidad y ganas.Sigue siendo económico, tiene mucho para ver, se come rico y abundante (a veces hasta rozar lo pantagruélico), les entendemos si nos hablan lento –y además el portuñol ayuda– y ofrecen una hospitalidad y cordialidad fuera de duda.

Restaurante Celia Pinto

Dirección:
Javier Grossi, 9 - Oviedo
Teléfono:
985 24 02 19
Cocina y sala:
Celia Pinto y Álvaro Álvarez
Apertura:
noviembre de 2013
Menú especial:
22,50 euros
Precio medio:
25 euros
Cierre:
lunes, martes y míércoles; abierto el resto de la semana
Tarjetas de crédito:
Sí aceptan

Ellos mismos hablan de sus ‘brandas costumbres’, en el sentido de sosegadas.

Por norma, en los comedores de Viana do Castelo o de Miranda do Douro el español –y el asturiano– retumba sobre el portugués: «¡Manolín, ven p’acá y siéntate con tu güela si no quies llevales!», glaya una madre por la Baixa de Porto.

Y el Manolín se escucha en kilómetro y medio de terrazas.

Raro que su cocina –dejando aparte las virguerías creativas en continuo aumento que han ido de tres restaurantes con estrella Michelín hace poco más de un lustro a los actuales dieciséis– no nos haga mojar pan: fuerte, sabrosa, mediterránea sin un milímetro de costa dando a este mar. Las sopas de legumes, carnes de porco, carnes de vitela o xatu, pescados (¡a las sardinhadas que Asturias va olvidando!), grelhados, cozidos con ‘z’ o potes ilustrados, enchidos (embutidos) y queijos poseen una variedad y una calidad que seducen nuestros potentes paladares norteños.

Y luego, por supuesto, está el bacalao o –propiamente– bacalhau, rey de reyes, tal vez incluso por encima de les fabes para los asturianos, los arroces para los levantinos y el pescaíto frito para los andaluces, con sus trescientas sesenta y cinco recetas (trescientas sesenta y seis los bisiestos) que allí se sala y madura el triple que aquí.

Una vez desalado, esponja en filetes o postas de enorme grosor cuyas perladas lajas esperan un ojeado de admiración y un hojeado de satisfacción.

Celia Pinto los ofrece. Bacalhau y lo previamente señalado con los excelentes vinos de su «jardín plantado a beira do mar», que gana en lirismo a lo de «la piel de toro».

Ylos ofrece cerca de Gascona y de Foncalada, acompañada por su marido Álvaro, gijonés de nacimiento y ovetense de crianza, en una casa (portuguesa con certeza) de paredes crema y teja, mesas justas para una atención individualizada, fotos de Oporto, un rincón lleno de recuerdos profesionales y agradecimientos, un óleo que colorea el eiffeliano puente de D. Luis I y estanterías que cargan libros culinarios, botellas y plantas.

Celia nació en Amarante, un bellísimo pueblo entre Vila Real y Oporto, por el que pasa el río Támega y cuya plaza principal parece directamente trasplantada de un rincón de Florencia. Aprendió a cocinar en negocios hosteleros de la familia, con su madre de principal maestra y amiga hasta que, cuando falleció, prefirió buscar otros horizontes que la alejaran de la pena. Y terminó en Asturias, en Oviedo y en un establecimiento de la calle del Rosal donde se encontró con Álvaro, un delineante que prefería atender salas a trazar planos y que, hijo de Totó Suárez, promotor de peñas y gastronomías, nieto del propietario del bar Brillante en San Esteban de Pravia, cuñado del crítico Francis Vega y gerente de algunas aventuras propias como Casa Loli de Las Segadas, unió después de su encuentro amarantino amor y labor: juntos montaron la cafetería Élite, próxima del antiguo hospital, que ya servía bacalaos por demanda creciente.

Yel siguiente capítulo lo pone el Celia Pinto que nos ocupa.

¿Bacalaos decimos? En cortezas, en ensalada, en boulinhos, en pataniscas, en arroz caldoso, a braz, con natas, a lagareiro, a la portuguesa, según Gómez de Sa, a la plancha, Ze do Pipo, al azafrán, con huevos, guisado y acompañado por sus callos…

Siempre seleccionado de secaderos portugueses, tras un secado de once a dieciséis meses y con recetas de tradición, aunque el toque Celia Pinto añada la personalización debida.

El también esencial arroz de tamboril (caldoso de pixín y langostinos) y la popular francesinha (sandwich de pan de aldea empapado en salsa y relleno de queso y jamón) incrementan el mejor patriotismo, el que hinche el paladar más que el corazón.

Un patriotismo verde y rojo donde no faltan el gallo de Barcelos, el vinho verde da casa y –por música de fondo o en vivo– los fados.

¿Qué visitar?

El final de la calle nos deja junto a una de las mejoras urbanas del Rey Magno. Alfonso III, «que restauró muchos templos y levantó regios edificios en Oviedo» según reza la crónica Albeldense, ordenó construir esta fuente pública para facilitar el acceso a un manantial. La obra, de sillería, cuenta con un estanque delantero y una bóveda bajo la que fluye el agua potable. La Cruz de la Victoria, emblema real, preside el vértice de la fachada y sobre el arco de medio punto aparecen grabadas las emblemáticas frases: «Este signo protege al piadoso, este signo vence al enemigo. Pon Señor la señal de la salud en esta fuente y no permitas que penetre el ángel exterminador». Desde el siglo VIII hasta las lavadoras, Foncalada, oculta entre feos edificios que marchitan su venerable geometría, llenó cántaros y convocó trabajosas coladas a golpes de tabla y restregaduras.

Bacalao con nata

Ingredientes para 4 comensales:

-700 gramos de bacalao portugués en salazón.

-2 cebollas.

-1 nuez de mantequilla.

-1 cucharada sopera de harina.

-2 decilitros de nata de cocinar.

-4 decilitros de leche entera.

-3 patatas.

-Aceite de oliva virgen extra.

-Sal y pimienta.

Elaboración:

1. Desalamos el bacalao sin ahorrar tiempo, como mínimo tres días (o más según el punto de sal y curado) con cambios de agua cada ocho horas.

2. Ponemos agua a hervir y, cuando bulla, cocemos el bacalao cinco minutos.

3. Lo retiramos y secamos con un paño.

4. Retiramos espinas y piel;lo migamos.

5. Picamos las cebollas para dorarlas en el aceite. Ya doradas, añadimos y rehogamos el bacalao.

6. Cortamos las patatas en panadera y, fritas lo justo en oliva, las escurrimos.

7. En una sartén limpia echamos la mantequilla con el aceite a fuego medio; deshecha la mantequilla, le añadimos la harina, revolvemos y dejamos que tome color un minuto.

8. Vertemos la leche y revolvemos unos minutos hasta que espese y desaparezcan los grumos.

9. Entonces toca añadir la nata y hacer lo mismo hasta que también coja cierta densidad.

10. En una fuente de horno ponemos las patatas, el bacalao con la cebolla y cubrimos la superficie de la salsa bechamel ennatada recién hecha.

11. Horneamos a 180º C. 30 minutos y servimos.

Fotos

Vídeos