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GIJÓN

Restaurante Uría

Restaurante Uría

Luis y Amador han traspasado su famoso chigre por la exclusividad que su otra aventura demanda

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Los hermanos Uría acaban de traspasar la sidrería que inauguraron hace veinte años en Los Pericones, sin duda una de las más valoradas de Gijón y vecindades. Al principio cuesta creerlo dado que todo sigue igual:interiores, exteriores, camareros, cocineras... Apenas cambian toques de pintura, el añadido de ‘nuevo’ al nombre, y el responsable encargado de las continuidad.

¡Pero si les iba estupendamente y conseguir sitio en su terraza exige paciencia casi infinita!

Restaurante Uría

Dirección:
Calle Antonio Gaudí Cornet, 158; polígono de Roces, 4. Gijón
Teléfono:
985 166 029
Dueños:
Amador y Luis Barrero Uría
Cocina:
Lourdes Carvalho
Apertura:
4 de julio de 2006
Descanso:
domingos tarde
Menú laborables:
9 euros
Menú sábado:
13 euros
Menú ejecutivo:
17 euros

Ambos nos dan las razones: «En el 2006 abrimos este restaurante enfocado a los muchos trabajadores de mono y cuello blanco que se mueven por los polígonos industriales del sur de nuestra población. Y a pesar de la crisis aumentamos continuamente la demanda y añadimos un hotel. Resulta curioso –aunque nos dicen que la calidad y el precio son la causa– ver cómo muchos clientes, ya de cualquier procedencia y dedicación, se acercan sencillamente a comer, o el elevado número de veraneantes y turistas que eligen nuestro hotel. Así que, siendo sólo dos, preferimos apretar que abarcar, una vez encontrado alguien de confianza para el chigre».

Y aprietan. A las 6.30 de la mañana ya está todo preparado. A las siete comienza la danza de las peticiones: bollerías y panes que acaban de abandonar el horno, pinchos calientes y fríos de mil maneras, bocadillos, sandwiches, huevos revueltos, zumos, cascadas de café expreso humeante y estimulante. Durante el resto de la mañana se irán distribuyendo tentempiés variados, siempre recién hechos, hasta que el mediodía reclame vinos, cervezas y tapitas aperitivas, desde la tierna y caliente tortilla de patata a los canapés de autor. Pronto las comidas iniciarán su turno, y el edificio cúbico, amplio, diáfano, con dos alas de comedores separadas por la cafetería, verá llegar a ciudadanos de mono y a ciudadanos de corbata que, rompiendo apariencias, no siempre se reparten ordenadamente entre el comedor de menús obreros y el de ejecutivos. Los gustos y accesos trascienden clases y vestimentas.

Por decorado un reparto de cristaleras, cerámicas claroscuras y toques abstractos.

Lourdes, jefa de cocina formada en Portugal y Asturias, domina las ensaladas templadas, los pulpos a la variedad, los bacalaos de mil y un maneras, las chuletas y chuletones con marchamos asturiano, las piezas principales de cerdo ibérico, los pitos de caleya en jugo y arroz, los arroces marineros e, incluso, unas hamburguesas de carne roxa merecedoras de figurar muy alto dentro del hit parade de tan concreta especialidad.

Y el trabajo no disminuye de noche ni de fin de semana, que los hermanos Uría, tal vez por proceder de Ibias y con antepasados cunqueiros, gobiernan lo suyo con similar sabiduría y acierto a los de Sancho Panza en la Ínsula Barataria.

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