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VILLAMAYOR (PILOÑA)

Sidrería Benidorm

Sidrería Benidorm

Ya no guisa anguilas, salmones y truchas de la comarca, pero la rica geografía próxima brilla y sabe en los platos

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Villamayor, que es sobradamente mayor como para parecer casi capital de su propio concejo, si Infiesto no hubiera obtenido tal honor en tiempos de armaduras y reconquistas, posee un restaurante de nombre veraniego y mediterráneo: Benidorm.

¿Por qué Benidorm? Cuando se enfrentó su fundador con la siempre delicada circunstancia de bautizar al negocio, acabó eligiendo el de la villa costera alicantina que por aquel fin de década iba poblándose ya no de simples hoteles, restaurantes y chiringuitos, también de enormes rascacielos para solaz de extranjeros e indígenas amantes de la dolce vita: «Veamos si el nombre nos da suerte y pasa un poco lo mismo por aquí, o alguien se equivoca de Benidorm y comprueba que éste en nada envidia al otro».

Sidrería Benidorm

Dirección:
Joaquín Arenamarina, 1. Villamayor
Teléfonos:
985707111 y 985707643
Propietarios:
Dolores Rodríguez Acebal y José Luis Ávarez López (Loli y Pepe)
Cocinero:
Rubén García Benito
Apertura:
1970
Descanso:
martes
Menú laborables:
8 euros
Menú finde:
12 (sábados) y 15 (domingos)
Sidra:
Foncueva

Así lo razonaba socarronamente Luis, marido de Lola, padres de Loli, maderista él, ella con tienda de ultramarinos en Entrialgo, que compraron, mediados los años sesenta, el edificio grande y ruinoso, aún herido de la guerra, que había acogido previamente peluquería, escobería, marmolería y hasta funeraria.

La reconstrucción no ahorró en gastos: cantería y madera de la mejor, amplio chigre, restaurante separado, columnas forradas, objetos antiguos, pulcritud y luz, con los pisos superiores para habitaciones sencillas aunque completas, que los precios –entonces y ahora– andan bien por debajo de las calidades.

Desgraciadamente, menos de un lustro después de la inauguración, ya asegurada la prosapia del negocio por toda la comarca, Luis, que lo atendía y disfrutaba, falleció, quedando Lola, su hija mayor María Jesús, y su yerno José Ramón, al frente, mientras Loli, la pequeña, acababa Magisterio e Historia y ayudaba en lo posible.

«Mis padres guisaban las mejores anguilas del Piloña, y los salmones y truchas de nuestros ríos, tantos años ya bajo veda estricta. La gente venía de muy lejos a saborear los pescados de agua dulce que, mejoradas las aguas y cuidado el ambiente, siguen sin permiso alguno de venta», recuerda y añade Loli que, fallecido Ramón y retirada María Jesús, lleva actualmente el negocio junto con su marido Pepe.

En la cocina, que es la parte mollar, reinterpreta Rubén una carta llena de solera que los primeros clientes, y los hijos y nietos de éstos, mantienen sus visitas y buscan sabores largamente certificados. Rubén es otro piloñés de donde la Cueva, el bello requexu que guarda leyendas de caballeros, amistades, amores, ermitaños y Virgen aparecida:«Elegí el oficio por seguir los pasos de mi hermano mayor, primer cocinero profesional de la familia, y tras dirigir unos cuantos establecimientos recalé en Benidorm. El parragués y asturiano, por supuesto».

Esos platos de solera, con sus ajinos en fina picada, su cebolla tajada armoniosamente y sus sofritos de oliva lentos, incluyen filete al queso, precursor del cachopo, arroz con ciervo que sabe casero y salvaje, gochu troceadín al horno, que mejora el colesterol; fabada tal cual la dictaba María Luisa García en su ‘Arte de Cocinar’, cachopo de fartuque extremo, pimientos rellenos de setas y gambas con su doble padrinazgo de mar y bosque, merluza en salsa que fue plato fino donde los hubiere, carrilleras en salsa densa para pringar las patatinas, cordero de las serranías vecinas melosín, a fuerza de macerado y horno; fabes verdes de Piloña con calamares en tinta, que el Benidorm maneja sus propias verdinas; boroñu relleno de queso y picadillo para montar una romería a su alrededor, pitos silvestres y pescados a la espalda…

Además, el huerto propio aporta y marca diferencias.

Lo cierto es que, respetando a los muchos asturianos que tienen en Benidorm su alivio invernal, nosotros, entre los dos, el de Alicante y el de Villamayor, elegimos el último por puro epicureísmo.

Y si nos pasamos con calorías, sidras y espiritosos, nada mejor que rematar la jornada en una de las habitaciones superiores.

¿Qué visitar?

Sólo quedan del templo la portada sur, parte de la nave y el ábside, restos de finales del XII integrados en un edificio de principios del XX que se utilizó como escuela. La comunidad de monjas benedictinas que allí rezaba y al lado vivía quedó disuelta por orden obispal a consecuencia de las graves acusaciones de vida licenciosa y pecaminosa caídas sobre las hermanas. Dícese incluso que trasladadas a otros monasterios, escaparon y regresaron de nuevo para reiniciar su vida de escándalo con caballeros y peregrinos. Hasta el cierre definitivo. El ábside semicircular, precedido de un tramo recto, muestra al exterior una ventanita con capiteles vegetales, mientras variados canecillos separados por metopas florales, decoran la cornisa y el tejaroz de la portada. En la jamba derecha de la portada hay una borrosa escena similar a la ‘despedida de Favila’ de San Pedro de Villanueva: una dama y un caballero sobre su montura se besan tierna y apasionadamente. El interior, junto al arco triunfal de finos lazos vegetales, dispone de una arquería ciega con flores, felinos, monstruos, máscaras y geometrías.

Milhojas de xatín con quesu

Ingredientes para 2 comensales:

-4 medallones de solomillo.

-4 rodajas de queso manchego semicurado.

-1 diente de ajo.

-1 o 2 patatas para freír.

-Pimientos de Padrón.

-Aceite de oliva.

-Sal en escamas.

Elaboración:

1. En una sartén, con un mínimo chorrín de aceite, echamos el ajo laminado.

2. Ya tendremos cortados los medallones de solomillo de ternera, ni gruesos ni finos, y de tamaño y forma similares.

2. De inmediato freímos los medallones a fuego fuerte apenas unos segundos, los necesarios para que cojan color por ambas caras, cierren poros y queden rojos interiormente.

3. Sacamos las rodajas a una bandeja y les repartimos la salsa.

4. Cortamos tres rodajas, coincidentes con los medallones, de queso manchego semicurado.

5. Montamos en milhojas la carne y el queso: medallón, loncha, medallón, loncha, medallón, loncha y por último medallón coronando.

6. En el horno precalentado a 180 grados, metemos el milhojas alrededor de un minuto, exclusivamente lo necesario para que el queso quede muy tierno, casi fundido.

7. Freímos unos pimientos de padrón en aceite medio bajo e –igual que con los medallones– los salamos usando sal en escamas.

8. Por último, freímos también unas patatas bastón crujientes.

9. Dispuesto todo convenientemente sobre la bandeja o plato, añadimos unos pimientos del piquillo por sabor y adorno.

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