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CANGAS DE ONÍS

Sidrería El Corchu

Patricia ofrece, en su rinconín prestosu, platos de siempre que guisa con una atención y un cariño no tan de siempre

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Un domingo en Cangas significa ver y comprar quesos y verdinas, entre otras muchas glorias terrenales que ofrecen los paisanos y paisanas del mercado. Y, por supuesto, una comida como manda Lúculo o como manda madre, que son las dos referencias obligadas, aunque ahora, respecto a la segunda, deba decirse como mandan madre o padre, o como mandan conyugues A o B.

Perdónese entonces la pobreza de la cita: los sesentones, ajenos a tantas innovaciones y riquezas sociológicas, sólo tenemos –en su inmensa mayoría– la culinaria maternal por base alimenticia y sápida.

Elegimos, pues, de las dos opciones planteadas, como manda madre, y un cangués informado, que en un centro histórico y turístico de tal importancia hay mucho oro pero también mucho latón dorado, nos lleva hasta este chigre en una de las animadas calles que bajan de la avenida Covadonga al río Güeña.

Sidrería El Corchu

Dirección:
Calle Ángel Tarano, 5. Cangas de Onís
Teléfono:
985 84 94 77
Cocina:
Patricia Díaz Álvarez
Sala:
Francisco Jesús Centagoya Díaz
Menú laborales:
11 euros
Menú finde:
14 euros
Descanso:
martes
Tarjeta de crédito:
Sidra:
Cortina Villacubera DO y Trabanco selección

Y ya que el día es soleado y encontramos sitio de chiripa en la techada terraza, miel sobre hojuelas. O sobre frixuelos, que resulta lo apropiado.

Por dentro se muestra el local aseadamente rústico: vigas de madera, ladrillo y piedra en barra y paredes, alacenas, objetos de antaño como garrafas forradas de mimbre colgando, y algún toque moderno hecho pintada optimista: ‘Alegría, vivir cada día, vivir con pasión, querer los sueños, disfrutar de cada momento’. Sentencias muy del twitter diario, sustituto posmoderno del bloque calendario del Corazón de Jesús.

¿Una fabada? Patricia la prepara densa, tierna y con un toque picantín prestosu, aunque sus tortos cien por cien harina de maíz, agua y sal, bien cubiertos de picadillo matancero ya llenan de sobra. ¿Y qué decir de sus cachopos de fino y crujiente empanado? ¿O de sus patatas rellenas y su carne guisada? Asturias de mis amores dicta las formas con que prepara los calamares frescos, los chipirones, les parrochines, les fabes con almejes, los escalopines al cabrales o el arroz con leche, y apenas se escapan (si es que se escapan) del nacionalismo militante el pulpo a la gallega y la carrillera ibérica.

Un final feliz lo pone el lirismo lento y perdurable de los frixuelos rellenos de turrón.

El Corchu lo llevan una tía y su sobrino, que por juventud no lo parecen. Ella nació en Covielles, hija de agricultores y ganaderos: «Mi padre también trabajaba de peón caminero por la comarca, y aunque deseaban verme estudiar, preferí la hostelería. Empecé por La Palmera, casé con un cocinero, me separé, cogí El Corchu a sus anteriores encargados. Poco después llamé para la sala a mi sobrino –de Campurriandi y siempre añade que a mucha honra– que trabajaba de camarero. ¿Lo que me gusta cocinar? Platos de aquí y de siempre, como aquí y siempre.

Y bien que lo logra.

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