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GIJÓN

Sidrería Galastur

Sidrería Galastur en Gijón

Un rincón culinario por el que pasa el tiempo sin mellar sus virtudes:precios ajustados, variedad en los ofrecimientos, calidad en las materias y calidez con profesionalidad en las atenciones

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Es un chigre de calle. De calles, mejor dicho, que abre ventanales en el ángulo recto de una esquina, la de las calles Bobes y Becquer, el caudillo ovetense de los pobres y esclavos venezolanos y el poeta de las Rimas y Leyendas.

Y también de barrio, el de los comienzos o laterales de El Llano. A un paso, pues, de casi todos, lo que facilita el acercarse a pie tranquilamente, y regresar a pie sin que importe el culín de mas.

Sidrería Galastur

Dirección:
Calle Bobes, 6. Gijón
Teléfono:
985165546
Encargados:
Luis López González y Marie Engracia Cid Fernández
Cocina:
Natividad Suárez Fernández
Sala:
Noelia Carmen López Cid
Ayudantes:
Jesús y Chus
Apertura:
1977
Descanso:
lunes
Menú laborables:
8 euros
Menú finde:
10 (sábado) y 15 (domingo)
Sidras:
Trabanco, Peñón, Menéndez
Tarjetas de crédito:

También es un chigre de gente joven y madura, de alegrías, de celebraciones, de charlas y tonos desenfadados, de parroquianos fieles y repetidores, de partidos y partidas, de culetes y convivencias.

En asunto de partidos, aquí rige la dictadura amable de un partido único: el Sporting, sólo faltaría, que sin el apasionado y entregado apoyo de las peñas chigreras, el equipo de nuestras rotundas alegrías y abundantes depresiones andaría en alguna liguilla regional.

El local, con el Elogio del Horizonte ocupando la mayor parte de una pared (lo que proporciona cierta ilusión óptica de encontrarnos donde las baterías del Cerro de Santa Catalina) no peca de grande y acoge de suficiente para el día a día, siempre que en festivos y señalados reservemos. Y la casa -que un local hostelero necesita de tiempo y méritos para hacerse casa- ya suma incluso calor de hogar: la sidra se escancia adecuadamente, la oferta abunda en posibilidades y formatos, hay menús diarios y menús cerrados de precio, y sus tapas de barra solucionan una fame informal a precio módico:el “picamos algo” que los nórdicos y anglosajones no entienden hasta que lo prueban y se hechizan.

La cuenta final jamás da sustos: atrae; una virtud entre varias que solemos resaltar desde que la crisis, las jubilaciones, los paros y los cumplimientos hipotecarios vienen atacando y limitado nuestro irrefrenable deseo genético de comer fuera. Las otras dos virtudes, lo rico y lo abundante, completan cabalmente el sentido de la primera.

Respecto a la calidad, si aquí lo contamos, se da por sentada.

Luis heredó el chigre de Pepe, su padre, un emprendedor que llegó a dirigir varios locales -y que falleció desgraciadamente poco antes de que Galastur celebrara su cuarenta aniversario- y cuando tuvo edad para ponerse al frente trabó amistad con una clienta que terminó de esposa y cocinera.

Luego, y pronto cumplirá veinticinco aquí años entre potas, sartenes y fogones- contrataron a Natividad, que amplió las especialidades, añadió sofisticaciones y convirtió la oferta en tentación de demandas: las ensaladas templadas, la calderada de pescados y mariscos con larga y probada fama, la fabada, los arroces de tierra y de mar, el pulpo con patatines, el chuletón de buey asturiano certificado y tierno, el lechazo crujiente y meloso, el cachopo de concurso, las parrilladas, las tablas, los postres siempre propios…

Y la sidra escanciada como mandan las leyes.

Galastur evita por norma cambios de personal y estilo, y cuida amabilidades y presentaciones, por eso cualquier día, y a cualquier hora, siempre la encontraremos en su mejor momento.

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