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GIJÓN

Sidrería El Piquerón

Maribel ‘la de Emilia’ puso este histórico de Tremañes en manos de dos de sus hijos segura de que no bajarán la guardia,lo que además vigila

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

En el Piquerón late el viejo Tremañes, que es como decir el borde de la saya urbana de Gijón, prolongación de la avenida de Portugal entre caserías de huerta y ganado que la industrialización llenó de fábricas, trenes, autopistas y barriadas.

Sin embargo la calle y el edificio del restaurante permanecen como hace 76 años, aparte del esmero que ponen los hermanos Torres Infiesta en mantener la juventud de la herencia recibida, y las virtudes de la cocina que Maribel, la madre jubilada pero desvelada por lo laboriosamente construido.

Sidrería El Piquerón

Dirección:
Camino de Tremañes a Gijón, 72
Teléfono:
985 32 30 68
Encargados:
José Ramón y Juan Carlos Torres Infiesta
Cocina:
María Luisa Vallés García y Araceli Losada Tascón
Descanso:
domingos
Menú laborables:
8 euros (Sábado: 11)
Sidra:
Contrueces y Trabanco Selec
Tarjeta de crédito:

Una cocina que incluye callos desde la callada de la vaca a la semana mínima de lavados, raspados y reposos; cortes de xatos amorosamente criados, pitos de caleya también de gallinero propio, conejos igualmente de la finca familiar o pescados encargados al propio pescador.

Muchas veces el plato o pota servidos incluyen, junto con la elaboración, los mismísimos orígenes.

Por eso, la zona de barra o el comedor, entre columnas de forja que sostienen y mesas que acogen y brillan (y donde podemos admirar una colección de las siempre divertidas viñetas de Garrido, el gran dibujante amigo que jamás cobró un céntimo por la infinita reproducción de su dibujo de paisanos bebiendo culinos y calificándolos), ponen el marco adecuado a un pote, una fabada, un arroz con calamares en tinta, unos chipirones de potera, un cachopo de setas, un pulpín de pedreru o un chuletón nacido y madurado en casa literalmente.

Además Monchu, el marido de Maribel, trabajó de carnicero y conoce sobradamente el oficio.

Pues este honrado y apreciado rincón situado justo donde lo rural aún impera, cumplió el pasado año tres cuartos de siglo, que en plena posguerra, y multiplicando sabiamente la escasez, lo abrió Emilia, la madre de Maribel, con quince años. Y lo abrió como tiendina y bar de trabajo casi a tiempo completo. Maribel nació precisamente en una habitación que ocupaba parte del actual comedor, y puesto que su padre, el güelu de los actuales, natural de Sotiello y jugador de su equipo de fútbol, era conocido por ‘Piquerón’, nombre del campo donde jugaba (práu a tiempo parcial), queda aclarado el bautismo del local primero alquilado, luego comprado y ampliado.

«Yo lo aprendí todo de mi madre; pena que muriera muy joven. Lo más importante no engañar nunca, llamar de casa sólo a lo de casa y cuidar cada ingrediente. Para cocinar hace falta que te guste y ese amor por el guiso cuidado y sabroso logré transmitírselo a mis tres hijos, uno ya con su propio gastrobar, y los otros dos llevando desde hace una década El Piquerón. Y eso que primero les obligué a que hicieran carreras superiores», dice Maribel.

Pero el gen es el gen y de los buenos troncos salen las mejores ramas.

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