http://static.elcomercio.es/www/menu/img/gastronomia-desktop.jpg
GIJÓN

Somió Park

Somió Park

Permite la nostalgia a quienes lo conocimosdesde siempre, pero el presente es el mejor momento de su larga historia.

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

Somió Park pervive. Y vive. Y funciona con calidez, gracia, elegancia, raíz aristocrática y ramas vanguardistas para así satisfacer sus amplias funcionalidades, que van de las comidas románticas en pareja y sosegada penumbra, a las bodas multitudinarias rodeadas de luz, verde y cristaleras, los que aportan el parque, la arboleda y el nuevo pabellón.

Las innovaciones abundan, pero para el lector atento a exploraciones y descubrimientos nos centraremos en el edificio principal, corazón batiente y remocicado de una de las casonas rurales más antiguas de Gijón, heredad de hidalgos que supieron adornarse con campos para el recreo, y financiarse mediante huertas, establos y molinos.

Somió Park

Dirección:
Carretera del Piles al Infanzón (Gijón)
Teléfono :
985 333 030
Directora:
Azucena Menéndez Verdín
Cocina:
Alejandro Fernández Castro
Sala:
Javier Suárez Fernández
Menú laborales:
25 euros
Menú finde:
30 euros
Media a la carta:
40 euros
Descanso:
lunes

De esta rica quintana aún quedan, campo a través y hacia el Piles, restos de una grandeza que el propio Jovellanos trató de convertir en zona de naturaleza feraz e higiénica, laboratorio de investigación agrícola, y parque de esparcimiento y festejo ciudadano, un proyecto de utilidad y recreo apenas iniciado del que hay restos camino a la ribera.

Y como el edificio y la finca siempre fueron objeto de deseo, y al barrio rural del ilustrado siglo XVIII le sucedió la ciudad jardín de palecetes, paseos, guerras y festejos –que de todo hubo– posteriormente hizo de vivienda, cuartel, baile, merendero y, en el pasado próximo, de cafetería con algunos de los mejores cafés licorados, cócteles, combinados y copas de helado que aún recordamos las generaciones canosas: vaya desde aquí un homenaje al acristalado cenador (ahora sala de aperitivos), las mesas campestres (que se reponen) y los columpios y balancines diseminados por los parterres. Ya los enormes pijamas con bolas de mantecado, chocolate, nata, turrón, melocotón en almíbar y demás sorpresas.

Después, cosas del tiempo que mueve los gustos y los puntos de encuentro, vino el cierre que corroboró la congénita incapacidad de Gijón para mantener las huellas de su historia sentimental. Y así pensábamos que quedaría, condenado a la maleza hasta que, en sociedad, unos hosteleros y empresarios decididos lo tomaron, arreglaron, ampliaron y reabrieron. Pronto pudieron disfrutar el cambio contrayentes, homenajeados y festejantes que, en número creciente y atraídos por sus remocicados encantos, vienen eligiendo sus salones para bodas, banquetes, aniversarios, homenajes, cotillones y lo que las celebraciones sociales pidan: nuevos pabellones se unen al núcleo noble mostrando cómo el hoy sucede al ayer, y cómo el confort vestido de clasicismo, modernidad o regionalismo cubre las antiguas cocheras, las caballerizas, los aposentos de los criados y los espacios principales.

Una anécdota: quien frecuentara el anterior Somió Park y aún no visitara el actual, encontrará el comedor diario mucho más amplio y airoso sin explicarse bien el truco. Cuesta imaginarlo: tras la consiguiente excavación, el suelo ha descendido más de un metro incrementándose el aire y la verticalidad.

Azucena, la gerente, dirige con guante de seda y sonrisa franca la amplia orquesta al servicio del buen comer y el bien estar, trátese de comensales solitarios o de novios arropados por tres cifras de amigos y familiares, mientras Alejandro, el cocinero ya casi de siempre –cuatro años marcan rumbo– desarrolla una cocina de mercado donde la tradición y la vanguardia se dan la mano. Sí, una formulación demasiado común entre los cocineros jóvenes, aunque aquí logre una inusual cota de prudencia, equilibrio y madurez, tres virtudes que también integran la personalidad del chef:«Nací accidentalmente en Santoña, pero mi padre, lavianense militante, logró que naciera oficialmente en Laviana. Éste me posibilitó disfrutar de una gran variedad de aromas y sabores por sus frecuentes viajes a Francia:siempre regresaba con quesos, fuás, conservas y especialidades aún poco conocidas en Asturias y degustarlas me aficionó a prepararlas. A los dieciséis años ya ejercía de pinche en el Begoña Park mientras iniciaba los estudios de hostelería;allí coincidí con Javier Marcos del que aprendí muchas cosas. Luego dirigí cocinas por Badajoz, Andorra y Londres y, de vuelta, debido a razones sentimentales, inauguré el Agüita Salá y colaboré con Ramón Álvarez, Javier Loya y otros grandes», comenta.

Él no se cuenta entre los grades, pues «sigo aprendiendo cada día y aún me queda mucho». En cambio, su merluza del Cantábrico al cava con zamburiñas, su lubina asada sobre salteado de setas o su lomo de bacalao con crema vizcaína y pilpil de ajo desmienten tales prudencias. O su solomillo de buey sobre crema de rey Silo y chutney de manzana y canela, su cochinillo confitado y su paletilla de lechazo a la leña con pimientos asados. Por no hablar –llegados ya los fríos casi invernales– de las patatinas con pulpo de pedreru, del arroz meloso con pitu de caleya y de los callos caseros con patatines, si bien la papada de cerdo con langostinos, las mollejas de lechal guisadas, el biscuit de chocolate blanco o el tocinillo con espuma de yozu y crujiente de genjibre añaden emociones a los comienzos y a los finales.

Es otro Somió Park y es el de siempre; permite recuperar nostalgias y también disfrutar de las realidades anunciadas en su cuidada carta. Una feliz iniciativa privada nos lo devolvió y hay precios variados para perder cualquier miedio escénico, no obstante el escenario imponga respeto.

¿Qué visitar?

La casa, casona por empaque, quintana por servicios, ahora unida a un moderno pabellón de celebraciones mediante pasillo aéreo, moldura de piedra, simétricos vanos y una poco usual escalera de doble vertiente en la fachada para acceder al piso superior. La arquitectura moderna y la de finales del XVII se dan la mano creando con su alianza pasajes, cristaleras, terrazas techadas y terrazas al aire y al sol (o la lluvia) entre árboles de gran porte y setos floridos. Un alto paredón de piedra sirve de muralla a las miradas indiscretas y permite perfectas fotos ceremoniales. Se sabe que Jovellanos conocía el lugar y a sus propietarios, y tal vez desde aquí soñó un parque público con senderos de recreo y huertas para nuevos cultivos ocupando las vecinas tierras de su propiedad que bajaban hasta El Piles.

Merluza al cava Somió Park

Ingredientes para 4 comensales

- 2 kilos de merluza en trozo.

- 1 cebolla.

- 2 dientes de ajo.

- 0,5 litros de nata.

- 1 botella de cava.

- 2 patatas.

- Hojas de perejil.

- 16 zamburiñas medianas.

- Aceite de oliva extravirgen.

- Sal

Elaboración:

1. Limpiamos y desespinamos el trozo de merluza.

2. Sacamos 4 raciones de unos 220 gramos cada una.

3. Por otro lado cortamos media cebolla en juliana y picamos fino el diente de ajo.

4. Los pochamos y, ya tiernos, añadimos el cava (reservamos 0,1 decilitros para luego),

5. Dejamos reducir con la verdura hasta la mitad de volumen.

6. Logrado, añadimos la nata y volvemos a reducir hasta que nos quede una crema más bien espesa que trituramos y reservamos.

7. Preparamos un majado con 1 diente de ajo y hojas de perejil en un mortero.

8. Añadimos aceite de oliva y lo echamos a las zamburiñas que reservamos para el horno.

9. Prefreimos las patatas en panadera con aceite caliente para reservala junto a media cebolla también pochada que recibirá un chorro de jerez en el momento de ir al horno.

10. Con lo anterior listo y en espera, marcamos la merluza a fuego fuerte y con la piel hacia arriba, la colocamos sobre las patatas y cocinamos al horno 6 min a 170ºC (o hasta que coja punto) introduciendo las zamburiñas 4 minutos antes de sacarlo todo.

11. Para terminar la salsa, nuevamente la llevamos a ebullición y añadimos el cava reservado.

12. Sólo queda emplatar las patatas en el fondo, después el pescado con la piel hacia abajo, naparlo bien con la salsa y disponer alrededor las zamburiñas.

Fotos

Vídeos