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OVIEDO

Taberna Zíngara

Taberna Zíngara

Blas y su grupo de jóvenes brujos culinarios abren en Oviedo su fórmula gijonesa, una fórmula con mucho de magia pota-gia.

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

La Zíngara se duplica. Lectora de cartas y bolas para predecir el futuro, supo que Oviedo recibiría bien lo que Gijón ya disfruta, y lo hace en una esquina próxima a la Silla del Rey y a la avenida de Valentín Massip.

La Zíngara fue una gitana húngara que mantuvo amores con el bisabuelo de Blas, y es ahora el nombre por homenaje de dos vinaterías -admírese su bodega mural- y tabernas multicolor donde cada cual, solo o con pareja, pueda saborear tapas y platos de variada creatividad y alta selección. Un «coma de lujo, maride y gaste lo que desee» muy de moda, que tuvo en Blas a un adelantado.

Taberna Zíngara

Dirección:
Carreño Miranda, 8. Oviedo
Teléfono:
984 29 38 46
Chef:
Biagio Carroccio Muñoz
Equipo:
Miguel Fdez. e Iván Díaz
Sala:
Miguel Fdez. e Iván Díaz
Bodega:
excelente.
Menú laborales:
11 euros
Descanso:
Domingo tarde

Blas es Bagio, hijo de napolitano y malagueña, una apasionada combinación. Él a su vez, uniendo ya no sólo costas, mares por sentimientos, ha terminado gijonés de ocupación, devoción y matrimonio.

Un gijonés que, mostradas sus variadas posibilidades por el barrio de El Carmen, decidió abrir embajada en el ovetense de La Argañosa y reunir allí también los paisajes meridionales y septentrionales que le resultan propios enmarcados por un comedor, unos recipientes y unos montajes alegres y vistosos. De protagonistas tintos, blancos y cervezas dispuestos a sublimar el salmorejo cordobés con sus habíos, el carpaccio de cecina de León con su rúcula y parmesano, el remojón granaíno que junta bacalao asao y naranjas cachorreñas, o a la ensalada de langostinos en tempura. No faltan regañás, planos y crujientes paninos bregados que toman tamaño gigante para darle lecho a la escalibada en escabeche de mejillones o a la ‘salaílla’ al romero de tomates confitados y esturión de Riofrío, que no hace falta buscar beluga en el Báltico: lo da Granada.

Por lógica de nacencia el pescaíto frito y el atún rojo de almadraba poseen sendos capítulos propios, cada cual con el aceite de oliva extravirgen que mejor le vista: Blas tiene a la primera presión en frío de las distintas variedades aceituneras como santo patrón de sus fogones. Y de sus croquetas y croquetones, huevos rotos, pulpos de pedreru o ibéricos a la brasa con migas cortijeras, que «del cerdo ibérico hasta los andares».

Y entre los mariscos de aquí y de allá no faltan coquinas de Ayamonte, langostinos de Sanlúcar, gambas blancas de Huelva, carabineros de Isla Cristina, almejas de Carril y mejillones a la brasa asturianos… con sus golpes de Jerez. Y lo que llega de las costas onubenses se une a los rubieles, doradas, pixines o calamares de potera que llegan de las rulas próximas.

Por si fuera poco, la joven e ilusionada plantilla tan pronto hornea sobre carbón y sarmientos de olivo un besugo de Avilés como un cabrito lechal malagueño de raza payoyo, que la versatilidad les acompaña.

En apenas tres años la aventura ya dispone de marca; que las zíngaras (siempre parece ponerles cara Marlene Dietrich) sigan multiplicando sus embrujos.

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