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La supercosecha que ‘alarma’ a los productores de manzana

La supercosecha que ‘alarma’ a los productores de manzana

Pablo Marcos Vigón, cosechero adscrito a la denominación Sidra de Asturias, resalta la importancia y repercusión que tiene el consumo de producto asturiano en el entorno socioeconómico

Carmen Ordiz Pérez
CARMEN ORDIZ PÉREZ

Sus recuerdos de infancia están ligados al mundo del llagar, y su amor por el campo asturiano es indudablemente una cuestión de genética. Ernesto Vigón, de Sidra Orizon, su abuelo materno, fue el encargado de transmitirle la pasión y las ganas de buscar un producto natural, original y con identidad propia. Por otro lado, su abuelo paterno es quien le inculca la importancia de tener una formación cuidada pero, sobre todo, de ser fiel y de no olvidarse nunca de sus orígenes. Esto explica que Pablo Marcos Vigón, un joven jurista con residencia en Oviedo, siga vinculado a su zona, Nava, y a sus raíces, los pomares.

Marcos Vigón se define como fiel defensor de la pluralidad del campo asturiano y se muestra satisfecho con la decisión tomada por el Consejo Regulador de incorporar 54 nuevas variedades de manzana asturiana a las 22 que ya estaban amparadas por este organismo. «Nosotros somos una cadena encaminada hacia el consumidor final y a este hay que darle un buen producto. Los productores somos el primer eslabón, si no damos una manzana de calidad es imposible llevar una buena sidra a la mesa. En su momento, la restricción de 22 variedades nos obligó a tener que injertar árboles de variedades excelentes para poder acogernos a la denominación de origen. Creo que cuantos más tipos de manzana estén amparados menos diversidad genética se pierde. Yo creo que hay que evitar que el producto final sea monótono, sin personalidad y triste, darle al llagarero más opciones siempre es enriquecedor», explica.

Pertenecer a la lista de productores de la denominación de origen Sidra de Asturias le da, entre otros beneficios, la seguridad de tener vendida toda su producción, de aproximadamente 60 toneladas, pero no evita que se sienta alarmado por la situación que sufre gran parte del campo asturiano en la actualidad. «Este año hay una cosecha espectacular y aún así se siguen trayendo manzana y zumo a granel de fuera, debido a los acuerdos que tienen las empresas con sus abastecedores de años anteriores. La gente tiene miedo de no tener a quién vender. La etiqueta no solo asegura que la sidra está realizada en Asturias. Además, es la muestra del compromiso que tiene el consumidor con nuestra región, ayuda a la preservación del campo asturiano, de sus paisajes y al apoyo a quienes lo trabajan. Yo animo a que la gente consuma sidra certificada, ya que es la única manera de saber con certeza que se está consumiendo producto asturiano y todo lo que eso desencadena», puntualiza Marcos Vigón.

El último eslabón de la cadena es el consumidor. En su mano queda la decisión de apostar de un modo firme por la historia, tradición y cultura de la región.

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