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«Me apasiona enseñar»

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Igor Yebra baila rodeado de los estudiantes de danza, ayer en Gijón. :: DANIEL MORA

  • Igor Yebra participó en Gijón en un encuentro con estudiantes de danza. «Los mayores nervios de mi vida los he pasado en funciones con niños», confiesa

Baila hasta cuando habla. Teje con voz y palabras una coreografía que busca poner claridad sobre un mundo que, pese a estar alumbrado por focos, sigue siendo oscuro y desconocido ante los ojos de muchos. Igor Yebra (Bilbao, 1974), uno de los mejores bailarines españoles y uno de los muchos que ha tenido que salir de España para triunfar, tiene escuela propia en Bilbao desde hace diez años y ayer estuvo en Gijón, en el Encuentro de Estudiantes de Danza de Asturias en el Conservatorio Profesional.

¿Es más responsabilidad salir a un escenario o formar bailarines?

Formar. Cuando trabajas con niños no te puedes permitir jugar con sus ilusiones. No puedes defraudarles. Es muy complejo. Los mayores nervios que he pasado en mi vida ha sido haciendo funciones con los niños de la escuela.

¿Se aprende a ser maestro?

A mí esto me ha llegado un poco dado. Soy un bailarín muy especial, empecé muy tarde, de forma autodidacta, siempre he trabajado solo, y eso me ha obligado a ir descubriendo cómo explicar los pasos. Quizá por eso a mí no ha resultado difícil enseñar y porque empecé también a dar clases muy joven. Me gusta y me apasiona, pero es una responsabilidad muy grande.

¿Debe ser haber dos tipos de enseñanza: una por puro disfrute y otra con fines profesionales?

La enseñanza debe ser buena. Si tenemos 150 alumnos, igual solo 15 van a bailar, pero todos tienen el mismo derecho a tener la mejor enseñanza, porque es una formación que les va a quedar en el futuro, porque además de bailarines estamos formado público, gente que sabe lo que cuesta dar un paso.

¿Cómo debe estar presente la danza en la escuela?

Sería ideal que en el colegio fuera una actividad extraescolar como es el fútbol. El ballet clásico como profesión es un deporte de élite, pero como actividad trabaja la flexibilidad del cuerpo, todos los grupos musculares y lo hace a través de la coordinación, y mediante una disciplina y un rigor que son muy buenos para la formación en general. Se trabaja mucho con la cabeza.

Cada vez se habla más de que las artes escénicas deberían estar en la escuela. ¿Por qué no es posible?

Estamos a años luz. Mi carrera como bailarín se ha desarrollado en los tres países cumbre de la danza: Francia, Italia y Rusia, y eso me ha ayudado a comprender muchas cosas. Si dices que tienes el título de 'maestro de la danza' en Francia te hacen reverencias y aquí, en cambio, te dicen 'quién es este'. En la ópera de Burdeos o de Roma vienen niños de colegios a ver las clases, o se hacen actuaciones especiales para ellos...

¿Y aquí la danza clásica es la asignatura pendiente?

Sí. La danza en general y la clásica en particular. El problema del ballet clásico es que tiene que estar muy bien realizado para que llegue, mal hecho es aburrídisimo.

¿Hay muchas compañías últimamente haciendo las cosas mal?

Hay muchos promotores para los que es su manera de ganar dinero fácilmente: coges una compañía, pagas poco, les llevas de un lado para otro sin parar... La calidad no es la misma. Una compañía seria tiene unos costes. Pero el ballet clásico no desaparecerá porque hay un público que llena los teatros.

Imagínese que le dan responsabilidades de gobierno para mejorar la danza española.

En primer lugar haría un estudio exhaustivo y profundo. Hay que conocer muy bien los entresijos para dar una buena respuesta. Intentaría aunar educación y cultura para ver cómo se puede empezar a consolidar la danza desde abajo. Necesitamos construir bases sólidas.

¿No las hay?

Hay cosas construidas sobre terrenos que no eran adecuados.

¿Algún modelo a seguir?

¿Cómo vamos a pretender copiar los modelos italiano, francés o ruso que llevan siglos funcionando? Preferíría copiar el modelo de la joven orquesta de Venezuela de Abreu. Para ciertas cosas, como para la danza, no somos un país de primera.

Pero sin embargo hay grandísimos bailarines.

Sí, pero mire, ¿sabe lo que me alucina de esos países? El estilo. Cuando ves a un bailarín de la Ópera de París, dices 'este es de París'. Lo mismo con los rusos, los cubanos, los americanos... Cuando ves a Ángel Corella o a Tamara Rojo, resulta que son muy buenos, pero no se parecen en nada. Eso quiere decir que no hay estilo, que se basa todo sobre el trabajo puro y duro y el esfuerzo individual. Y claro, cuando hay talento, sale, pero se pierde mucho más por el camino.

¿Es optimista?

De naturaleza soy realista. Realista con un toque optimista. Sí creo que en este país se han hecho grandes cosas. Cuando murió Franco el ballet no era nada, era una profesión peor que mal vista, y se han conseguido cosas alucinantes. Tamara Rojo abriendo temporada en Londres; Corella, en el American Ballet; yo en Sidney, al mismo tiempo. Es increíble. Pero estamos a años luz de lo que nos pensamos que somos.

¿Muchos retos pendientes?

Siempre. Estoy en una época de mi carrera que aunque tenga muchas ganas sé que hay cosas que no voy a poder a hacer y hay otras que vendrán y serán maravillosas. Espero que vengan muchas, pero no soy de planificar, sino de trabajar y trabajar, hoy y mañana.

Llevándolo al lenguaje del fútbol, que a usted le gusta mucho y en ocasiones lo ha comparado con la danza, la filosofía del «partido a partido» del Cholo Simeone.

Sí, claro, la vida es así.

Y si mira atrás, ¿qué ve?

No me gusta mirar hacia atrás, prefiero mirar hacia delante, pero si lo hago la conclusión es que he hecho al menos el máximo esfuerzo. Es lo importante. Siempre digo que en la danza y en la vida hay tres palabras clave: trabajo, constancia y pasión. Cuando pones esas tres cosas juntas, al final funciona. Y luego el triunfo o no, el éxito o no, eso lo ven los demás. Ahí soy 'clementista'. Clemente, cuando hablaba del éxito, decía que si se da el cien por cien y no se consigue ganar el partido, no pasa nada, en la vida no siempre se gana.

Ya metidos en fútbol. ¿Cruyff fue el gran bailarín?

Lo fue todo, bailarín, coreógrafo... Cambió la mentalidad. Eso mismo hizo Antonio Gades con la danza española. Son genios. Y hay pocos. Messi es otro. Es como Maya Plisétskaya, esas personas capaces de hacer algo sublime de forma innata. Talentos increíbles.

Vuelven a estar de moda los 'reality' de danza. ¿Qué le parece?

Me parece muy bien siempre y cuando estén hechos de manera seria y profesional. Lo único que puedo decir en contra de 'Top Dance' es que no me gusta que pongan en el jurado a una persona que no tiene ningún conocimiento de danza. El programa tiene calidad y supongo que hará que la gente quiera bailar más.