El Comercio

«Quiero quedarme embarazada»

Nieves y Ginés posan en el piso de ella en Monachil, la mañana antes de casarse por lo civil.
Nieves y Ginés posan en el piso de ella en Monachil, la mañana antes de casarse por lo civil. / Alfredo Aguilar
  • Nieves Triviño, última portada de 'Interviú', se acaba de casar con el expapa de El Palmar. Ella escapó de la secta 30 años antes. «Por rebeldía»

Hay papas que suben a los altares, papas que se jubilan y papas que remueven los cimientos de su iglesia. Pero Gregorio XVIII es el primero que acude en sotana a encontrarse con su amante en un hotel, huye de su congregación en un BMW de alta gama y, pocos días antes de casarse, sale medio desnudo en ‘Interviú’. También es verdad que su iglesia, la cristiana palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz –fundada en 1978 en Utrera (Sevilla) a partir de un cisma de la católica–, no es una confesión al uso: sus cerca de 2.500 fieles, repartidos por todo el mundo, escuchan las misas en latín, veneran a Hitler, Franco y Evita Perón y tienen prohibido llevar vaqueros y navegar por internet. La mujer que le abrió los ojos a Ginés Jesús Hernández, nacido en Mula (Murcia) en 1959, se llama Nieves Triviño, tiene 49 años y desde hace 18 es funcionaria municipal en su pueblo, la localidad granadina de Monachil. Ellos aseguran que el terremoto que han provocado en El Palmar es fruto de un enamoramiento de libro, pero el nuevo pontífice les acusa de conchabarse para llevar a cabo la versión castiza y con tufo a incienso de ‘Coge el dinero y corre’.

Tras el revuelo causado por su portada en la revista el lunes, Ginés y Nieves se casaron el jueves por la tarde. Jugaban al despiste:habían anunciado que el enlace civil –el novio está excomulgado dos veces, otro récord de este pionero– tendría lugar en La Chumbera, el recinto de celebraciones del Sacromonte con vistas a la Alhambra donde mañana tendrá lugar el convite con unos 120 invitados, ninguno de ellos de El Palmar. Pero prefirieron darse el ‘sí, quiero’ en un acto íntimo en el Ayuntamiento donde ella trabaja como animadora sociocultural –es enlace sindical del anarquista CGT–, oficiado por una edil amiga y ante una docena de testigos.

Nieves hizo aun hueco en los preparativos de su segunda boda –tiene dos hijas adolescentes de un matrimonio anterior– para revelar detalles de su desnudo en exclusiva, rescatar sus recuerdos juveniles de la orden sevillana y sacar la cara por su pareja.

La sesión de fotos en lencería tuvo lugar en un estudio de Madrid, después de que Triviño se pusiera en manos de maquilladores y peluqueros. Pero muchos de sus vecinos comentaron que Nieves, vestida solo con ropa interior sexy, salía muy mejorada en el reportaje de diez páginas. Quizá demasiado mejorada.

–Las malas lenguas dicen que las imágenes están retocadas con Photoshop...

–Evidentemente, un poquito, pero no me han puesto un 90-60-90. Todas tenemos imperfecciones. En las fotos se ve a una mujer rellenita, con sus curvas, porque yo tengo mis curvas, pero no es nada malo. Yo soy realista y la realidad es la realidad. Photoshop le hacen a todo el mundo.

–¿Usted está contenta con el resultado? ¿Qué le han dicho?

–Yo estoy muy contenta. A mí todo el mundo me ha dicho que he salido muy bien. En mi muro de Facebook todos los comentarios son fantásticos. Pero también es verdad que la gente es muy falsa...

–¿Le puedo preguntar cuánto le han pagado por la exclusiva?

–No.

–¿Y ha pactado otros reportajes, como la boda, el convite...?

–No, pero si me quedo embarazada y a mí me proponen salir en ‘Interviú’ con mi embarazo al viento, le puedo asegurar que lo haré. Yo no tengo nada que ocultar. No sé si me voy a quedar embarazada o no; estamos en ello.

También cuenta, sin que nadie se lo pregunte, que ella siempre ha sido partidaria de la cirugía estética y que, cuando necesite un «retoque», se lo hará y además lo proclamará a los cuatro vientos. Hasta ahora, dice, solo se ha inyectado «un poquito de ácido hialurónico» en el labio superior.

La opinión de sus 7.300 vecinos fue lo que la decidió a desnudarse para todo el país, asegura. «Lo hice para callar bocas, porque ha habido gente que ha dicho que Ginés venía aquí a montar otro Palmar y que, siendo una persona tan estricta, iba a coartarme y a cambiar mi forma de ser y de vestir», se justifica, en alusión a las rigurosas normas sobre vestimenta impuestas a los fieles de la iglesia de El Palmar: los vaqueros y los bañadores están prohibidos, las mujeres no pueden llevar pantalones y todo el mundo debe llevar manga larga. «Soy rebelde por naturaleza, desde que me parió mi madre, y una mujer muy libre. Nadie me impone nada, ni siquiera por amor», zanja.

Nieves no ve incoherencia alguna entre la rigidez moral que imponía Ginés a los palmarianos y el hecho de que él mismo saliera fotografiado con el torso desnudo y a punto de comerse la manzana del pecado original con su flamante novia, en plan Adán y Eva. «Él me dijo: ‘Tú haz lo que quieras y a mí no me metas en nada’. Pero me acompañó a la sesión de fotos, empezaron a decirle que posara y al final le dije: ‘Venga, nene, ponte conmigo’», relata. Y apostilla: «La incoherencia ha sido estar tantos años en El Palmar y no darse cuenta de lo que pasaba. Allí todo era pecado y él lo único que hizo fue seguir un camino que ya estaba hecho».

Su madre, que era muy devota, la llevó por primera vez a El Palmar con 6 o 7 años. Y, como tantas familias de miembros del rebaño, viajaba varias veces al año a la pedanía sevillana para asistir a diversas liturgias. «Creía en eso porque es lo que me habían inculcado», admite. Pero, a medida que fue creciendo, su rebeldía innata salió y empezó a incumplir las normas. Según ella, desde muy jovencita llamaba la atención de los frailes de la iglesia cismática de Utrera. «Cada vez que uno me miraba y me sonreía, el ‘número dos’ del papa Clemente, Manuel Alonso, me castigaba: ‘Mari Nieves, un año sin venir’. Después de tres o cuatro castigos, dije: ‘Ahí os quedáis’». Tenía 21 años. Al morir su padre en 1993, su madre también abandonó esta confesión integrista.

Tuvieron que pasar casi tres décadas para que retomara el contacto con Ginés, nombrado pontífice en 2011 tras la muerte de Alonso. Fue a raíz de una conspiración urdida por antiguos frailes, monjas y fieles de la orden a través de las redes sociales: según su versión, buscaban compensación por el «daño psicológico sufrido» y planeaban saltar las murallas del mastodóntico templo, dar una paliza al papa y llevarse sus tesoros. «Estaban hechos picón», diagnostica.

Nieves, que era la administradora del grupo de Whatsapp, tenía miedo de acabar acusada de algún delito y, para curarse en salud, decidió «infiltrar» a Hernández con un nombre falso en octubre de 2015. A través de los comentarios de los exmiembros, el líder se enteró no solo de la jugada que le preparaban sus exdiscípulos, sino también del desmelene sexual y las juergas alcohólicas que se pegaba, día sí y noche también, la aparentemente casta comunidad religiosa.

Esta trama de película acabó por unir a Ginés y a Nieves. «Empezamos a enamorarnos poco a poco y contra eso no se puede luchar», sentencia ella. El sacerdote, después de una dura «lucha interna», decidió dejarlo todo. Sellaron su amor en noviembre, en la habitación de un hotel de Granada donde él colgó los hábitos. Real y metafóricamente hablando.

El 22 de abril de este año, escapaba en el ‘papamóvil’ con lo puesto y mil euros en el bolsillo, insiste, dejando atrás una carta en la que pedía perdón a su grey. «He perdido la fe», confesaba. Unos días después, iba más allá: «Todo ha sido un montaje». Hernández ya reconocía a la prensa que incluso la aparición de la virgen en un lentisco de la finca La Alcaparrosa en 1968 y las posteriores revelaciones divinas al fundador de la orden, el papa Clemente, habían sido un invento para sacar dinero a los adeptos.

–¿Es cierto que Ginés se marchó con 2 millones en joyas y dinero?

–Totalmente falso. Y qué casualidad que en julio hubiera un incendio en El Palmar y se hayan quemado los archivos. ¿Por qué (Pedro III) no lo ha denunciado? No descartamos plantear una demanda. A lo mejor se tiene que retractar de todo lo que ha dicho.

–La iglesia de El Palmar considera santos a Hitler y a Franco. ¿No le molesta?

–Ginés tiene su ideología y yo ahí no me meto. A nivel ideológico yo me identifico con el centro, pero él siempre me dice que moralmente soy liberal y de izquierdas. Estoy afiliada a la CGT porque son luchadores que pelean por los derechos de los trabajadores. El tema de Franco en casa ni se toca.