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La actriz y presentadora Marta Torné. / E. C.

«No soy de clichés»

  • La actriz y presentadora Marta Torné reivindica que «nadie es perfecto», por lo que rechaza los cánones de belleza de los 90

Es uno de los rostros más conocidos de la pequeña pantalla, pero Marta Torné (Barcelona, 1978) llega a Oviedo en su faceta de actriz teatral para protagonizar, junto a Carlos Sobera, la obra 'El Ministro', que mañana, 20.30 horas, y pasado, en doble función a las 20 y 22.30 horas, analizará en clave de humor la actualidad política española en el Teatro Filarmónica.

En 'El Ministro' se tratan cuestiones políticas y éticas en clave de humor. A estas alturas, ¿es la mejor manera de tomarse la actualidad?

La política es una cosa muy seria y no hay que tomarla a la ligera, pero sí es cierto que nos merecemos poder reírnos de ello. Es como cuando tienes problemas de pareja y vas a ver una comedia romántica, que al final te ríes y te va bien. Se puede hacer humor de todo.

Todos los personajes luchan por su propia supervivencia sin importarles las consecuencias. ¿Se ha planteado, a nivel personal, qué haría para sobrevivir?

Depende de lo que sea sobrevivir. Si es, como pasa en la obra, tener éxito o más fortuna, no haría nada; pero sí que 'mataría', entre comillas evidentemente, por tener los mínimos para vivir. Más allá de tener para comer o un techo es secundario.

Sobre las tablas, su personaje se deja conquistar para convertirse en la primera dama... ¿En la vida real en qué se fija?

En que tenga sentido del humor, que me parezca interesante o atractivo desde el principio, no tanto que sea más guapo o menos, sino en que tenga algo que me llame la atención. Si creo que me están intentando seducir, me crea rechazo. No soy de clichés, sino que dejo que fluya. Aunque sobre esto tampoco se puede teorizar mucho.

Su carrera empezó en la televisión y continuó en el teatro. ¿Cómo vivió la transición?

¡Con mucho vértigo! Es algo que no se olvida nunca y, en mi caso, fue hace siete años con una función mucho más complicada. Cuando tienes ilusión y ganas y te apetece, te tiras aunque te dé mucho respeto porque sabes que sobre las tablas puede pasar cualquier cosa y es muy difícil disimular. Por suerte, no tengo pánico escénico y no me intimida el público. De hecho, lo necesito para actuar.

¿Televisión o cine?

Depende del proyecto, de los compañeros, del guión, del director... Hay programas que no me vería capaz de hacer o no me gustan e igual me pasa en la ficción. No todo el cine es maravilloso y todo en la tele una basura, hay de todo en todas partes.

Es un lujo poder elegir.

Sí, sí, me gusta mucho esa frase de que el éxito es poder elegir, más que un premio o ser millonario. Todos hemos pasado en esta profesión por la fase en la que llegas soplando a trabajar, y se hace muy duro.

Una de sus grandes alegrías ha sido el programa 'Cámbiame'. ¿Ha ido tomando nota de los truquillos?

¡No tengo ni que preguntar porque mis compis tienen defecto de profesión! Están todo el rato observando, pero sin maldad. Algo se me ha pegado, solo que yo, cuando no trabajo, voy bastante sencilla porque asocio arreglarme con trabajar. A veces, sí que les mando fotos pidiendo consejos (Ríe).

No faltan las críticas al programa...

En televisión estás sujeto a la crítica desde el minuto cero. Hace tiempo que he entendido que tiene que haber gente a la que no le guste, también que trabajamos en la cadena más criticada. Creo que a mi programa se le puede atacar por muchos lados, pero no por la frivolidad porque la ropa es solo la excusa para que esa persona se guste. Pongo siempre el ejemplo de Paquirrín. Me preguntan qué le cambiaría y yo digo que nada porque él se ve estupendo y esa es la clave. El problema está cuando no te gustas porque has tenido bullying, desórdenes alimenticios, una familia desestructurada... Estoy segura de que el 98% de las personas que pasan por el programa se van más reforzadas y sé que en ningún problema se hace eso y que tampoco hablan todos los días de lo importante que es estudiar y preocuparse por su futuro como lo hacemos nosotros.

La cuestión está en sanear el interior para que se note en el exterior.

Claro, por eso entendería más que las quejas vinieran porque son estilistas y no psicólogos. Todo esto demuestra que, a veces, solo hace falta que les escuches y les des mimos. 'Cámbiame' está haciendo mucho bien y lo digo yo que soy imparcial.

No importa el físico, pero en las pasarelas de Nueva York o Madrid siguen primando las tallas pequeñas. ¿Qué opina?

Las modelos de pasarela me gustan delgadas porque las tomo como maniquíes, como patrones, creo que el error fue cuando las 'top model' de los 90 se convirtieron en referentes de belleza... No soy diseñadora, pero cuando hacen un modelo imagino que les queda mejor hacerlo con una línea recta, lo que pasa es que eso no es real, ni luego ellos venderán ropa con esas medidas. Se ha mezclado todo y ese es el problema.

Pero las comparaciones son odiosas...

Y todo porque en las tiendas donde solemos comprar no nos atienden, nos traen una talla u otra, pero no nos dicen que eso no nos favorece. La verdad es que nadie es perfecto: Natalia (Ferviú) se queja de que está muy delgada, pero sabe qué ponerse para que le favorezca; yo tengo culo y pierna, Cristina (Rodríguez) es más de tripa y Pelayo (Díaz) es pequeñito... Yo nunca he sido del canon clásico de alta y delgada y, por suerte, en la televisión se ha cambiado esa tendencia de tener a presentadoras de tipo modelo.

¿Y qué me dice de su presencia en redes sociales?

Lo llevo con normalidad, no le doy importancia. Cuando me critican y sé que lo que dicen no tiene nada que ver con la realidad, me doy cuenta de que lo que pasa es que no me conocen. Facebook y Twitter lo tengo más abandonado, ahora estoy entrando en Instagram porque creo que forma parte de mi trabajo.