El Comercio

Teresa Helbig se convierte en cisne

L a tercera jornada de la Mercedes Benz Madrid Fashion Week comenzó sobre ruedas gracias a las patinadoras de Maya Hansen. Sus corsés vuelven a protagonizar una colección deportiva con cierto aire biónico. Una inyección de energía reforzada por María Escoté. La diseñadora estuvo trabajando todo el verano en China y se empapó de su cultura para plasmarla en su propuesta menos macarra, trabajando por primera vez el 'oversize' sin florituras.

La sofisticación llegó con Teresa Helbig. Muchas plumas en maravillosos vestidos largos con tul en lugar de forro para un movimiento más favorecedor y 'looks' discotequeros de lentejuelas comparten pasarela. Esa magia se esfumó con el estudio de los volúmenes que tanto obsesiona a Amaya Arzuaga. La burgalesa revisó su trayectoria y seleccionó sus piezas favoritas, actualizando alguna de ellas y dejando otras sin tocar. Lo más interesante fueron sus abrigos de crepé liso hinchados con aire.

Un blanco y negro que dio paso a los estampados de Ailanto. Iñaki y Aitor Muñoz dibujan nenúfares, flores con libélulas y avispas en vaporosos vestidos de corte lencero con pronunciados escotes en la espalda.

Una tarde demasiado anodina para los chicos de María Ke Fisherman. La firma se volcó en las geniales prendas de croché tejidas por sus monjas de clausura para narrar la rocambolesca historia de una religiosa que abandona su diócesis para ayudar a los más necesitados subida a un camión. Sus modelos, que se asemejan más a ángeles del infierno, portaban mensajes divinos que darán que hablar.

El último desfile del domingo fue el de Juana Martín. Con ella, al igual que con Arzuaga y Ailanto, vimos más de lo mismo. La diseñadora no pierde de vista la dualidad del blanco y el negro, que, en esta ocasión, comparte espacio con un jardín de buganvillas, restando aburrimiento a la colección.