El Comercio

Antonio Luna y Sergi Enrich, jugadores del Eibar y protagonistas de un polémico vídeo sexual.
Antonio Luna y Sergi Enrich, jugadores del Eibar y protagonistas de un polémico vídeo sexual. / E.C.

El fútbol es así

  • Parecía imposible empeorar lo del vídeo, pero los jugadores del Eibar lo consiguieron con un comunicado

Mientras un juez se ocupa de los hechos, a los jugadores del Eibar podría encerrárseles sin miedo en Alcatraz culpándoles solo del comunicado que emitieron tras la difusión del famoso «vídeo sexual». ¿Los cargos? Si la emisión grandilocuente de basura moral no aparece tipificada en el ordenamiento, serviría el delito contra la salud pública, el de riesgo catastrófico o el de atentado masivo contra la inteligencia del lector, que tampoco sé si existe como cargo, pero debería: va a ser verdad que es urgente reformar el Código Penal.

Es de suponer que a los jugadores del Eibar el comunicado se lo redactaría la pequeña multitud de abogados y agentes que llevan sus asuntos. Les pega la sintaxis y, si pensamos en la conocida ejemplaridad que reina en los despachos del fútbol profesional, también eso que ahora conocemos como «suelo ético». Prepárense en este caso para bajar a un subterráneo.

Dicho de otro modo: el comunicado consigue ser más pornográfico que el vídeo.

Lo que hacen en ese documento los futbolistas no es cubrirse la cara con ceniza y admitir que lo suyo no tiene nombre, ni tampoco suplicar el perdón de la mujer que aparece en las imágenes diciendo que no quiere ser grabada, sino ponerse serios y pedirle disculpas… a la afición del Eibar.

Precaución, solecismos: «Lamentamos que la difusión de este vídeo pueda dañar nuestra imagen pero especialmente la imagen del Club cuyos colores defendemos, y haya podido ofender a nuestros aficionados y a la ciudad de Eibar, en general».

Yo imagino que, cuando los abogados redactaban semejante cosa, los futbolistas se besaban el escudo de la camiseta frente a un espejo para apuntalar la argumentación. Tampoco es descartable que alguno propusiese tatuarse en el antebrazo una Virgen de Arrate bien grande para demostrar así de un modo irrebatible su compromiso con la ciudad de Eibar, en general.

A continuación, en el comunicado aparecen los niños, demostrando que no queda ya un farsante que prescinda de ellos en su discurso: «Somos conscientes de que los futbolistas profesionales debemos dar ejemplo en todos los ámbitos, especialmente a los niños». Es el momento en que la desvergüenza del texto alcanza un nivel disparatado y hace pensar en si esta gente se creerá en serio que la realidad es una de esas tertulias subhumanas de Pedrerol.

Solo una distorsión de ese tipo en la percepción de las cosas explica que los futbolistas y sus asesores hayan pensado que lo que les convenía era un comunicado que podría resumirse como «¡Aupa Eibar!», y que por supuesto quiere decir tan solo «¡Aupa mi contrato con el Eibar!».

Para esperar que eso funcione hay que tener muy interiorizado el propio 'putoamismo' y también la vileza del prójimo, que es por cierto algo que hay que tener también muy claro para enviar imágenes de las chicas con las que te acuestas a los colegas de vestuario. Con la vida de una persona transformada previsiblemente en una pesadilla, los jugadores del Eibar lanzan un comunicado confundiendo a la opinión pública con esa minoría ruidosa que les aplaude y pide fotos. Sería conveniente, por cierto, empezar a aplaudir menos. Y dejarles claro a los niños que la ejemplaridad de los futbolistas se circunscribe a lo atlético hasta que se demuestre lo contrario.