El Comercio

El viaje en Blablacar de Álvaro de Marichalar

Álvaro de Marichalar.
Álvaro de Marichalar. / EFE
  • La periodista Sabina Urraca y el deportista cruzan duras palabras por el relato de un viaje compartido

Álvaro de Marichalar, excuñado de la infanta Elena, protagoniza uno de las vivencias más comentadas en las redes sociales en las últimas horas. Todo se debe al relato 'Pesadilla en Blablacar', de la periodista Sabina Urraca, que contó con pelos y señales un viaje entre Soria y Madrid que compartieron y que, según su relato, quedó muy lejos de ser idílico.

El relato incluye la descripción del compañero de viaje: "Me monté en el Blablacar en Logroño, y todo parecía normal (...), cuando llamó por teléfono una persona que recogeríamos a medio camino, en Soria (...). Al llegar a Soria, dos personas esperaban en la estación: Por un lado, una chica de unos veinte años (...), un poco espantada por el personaje plantado a su lado. Era un señor alto, como recién salido de una fiesta en Ibiza con el Conde Lecquio. Pantalón pescador de lino, castellanos sin calcetines, camisa de lino azul marina y un poco arrugada. Bronceado estridente, casi naranja. Y, cómo no, ristra de pulseras ibicencas en la muñeca, con una cintita con la bandera de España asomando orgullosamente entre ellas".

La periodista, que era una de las dos ocupantes del vehículo, continúa relatando cómo comenzó el encuentro: "Las dos féminas del coche fuimos convenientemente atosigadas con unos '¿Cómo está usted? ¿Cómo está usted?' frenéticos (...) Empezó a flotar una incomodidad extraña, pero sólo para los tres plebeyos. Él se repantigó en el asiento trasero y empezó una sucesión interminable de llamadas de negocios en distintos idiomas (...). Si alguno sospechaba algo, desde su primera llamada lo supimos con certeza. 'Aló, Sandrine. Je suis Álvaro de Marichalar".

Urraca cuenta que, aprovechando una parada, Marichalar le 'robó' el sitio de copiloto que ocupaba desde el inicio del viaje y que “con todo su morro rebozado en sangre azul, espetó: 'Yo no me pongo cinturón. Tuve un accidente a los 18 y casi me quedo atrapado por el maldito cinturón".

La periodista critica también que, en conversaciones telefónica, decía que “me están llevando a Madrid": "No dijo 'voy en un Blablacar', como hubiésemos dicho cualquiera de los simples mortales que ocupábamos el coche con él, sino que 'le estaban llevando". Y lamenta no haberle replicado: “Me comporté como el pueblo acogotado, extenuado ante tanta cara dura, del que formo parte. Álvaro de Marichalar nos robó el tiempo, la conversación, el espacio, la tranquilidad, nos minó la moral. Y todo ello lo hizo con la sonrisa de suficiencia del que tiene la seguridad de merecer cada cosa que exige. Quizás debamos también nosotros, los vasallos que vivimos confinados al fango popular, aprender a robar tiempo, conversación y espacio, a la casta que, una y otra vez, nos quita todo lo demás", zanja periodista.

Marichalar: «Difamar vende»

La respuesta de Marichalar ante estas duras palabras llegó en forma de una carta dirigida al diario 'La Vanguardia' en la que carga con dureza contra la periodista, a la que llama “mal afamada Sabina Urraca”. Afirma que “difamar vende en España” y que "los insultos y las falsedades que vomitas aquí, te han hecho famosa en dos días: ¡¡Enhorabuena!!".

El deportista subraya que “insultar es correcto si el insultado está ya previamente condenado por los prejuicios imperantes y la dictadura del 'pensamiento único' que ha robado nuestra libertad y que está dinamitando la normal convivencia en nuestra vieja Nación...”. Y añade: “Tu cobarde proceder será aplaudido por quienes ya me han condenado sólo por haber nacido con unos valores y principios que odias aunque ni siquiera conoces” y lamenta que otros “no tendrán el valor de defender el honor y la verdad”.

La versión del viaje del excuñado de la infanta Elena es muy distinta a la descrita por la periodista. Habla de “un viaje estupendo de cuatro personas en el que todos estuvimos encantados hablando de mil cosas (aunque no soportabas oírme hablar por teléfono en otros idiomas; algo que se te notaba demasiado...)". Apunta también que “tampoco soportabas el debate donde tus argumentos tenían el mismo peso que la dignidad que impregna cada una de tus arteras balas de mentira. No sabías hablar. No lograbas debatir”.

La misiva de Marichalar termina de forma tajante: “A mí ya no me duelen las balas como las tuyas; hace tiempo que logré hacerme transparente a los cuchillos de indignidad que intentaron hacerme temblar y renunciar a proclamar siempre la verdad y los principios en los que vivo. No tengo miedo de ti; lo siento por ti. Dios te ayude. Te perdono ahora y mañana”.