El Comercio

El cardiólogo de la actualidad

A finales de septiembre Bob Pop apareció en 'Late Motiv'. No le habíamos visto junto a Buenafuente desde que ambos hacían en La Sexta el turno de noche. Muy de noche. Entre los colaboradores en la nueva andadura del cómico en el canal #0 no figuraba el que fuese responsable de contar lo que se movía por las redes en el programa 'En el aire'. ¿Qué había pasado con él? Al parecer corrían teorías de todo tipo sobre su paradero. ¿Lo habían despedazado? ¿Estaba guardado en una caja? ¿En realidad era un muñeco de José Luis Moreno? Por supuesto ambos se encargaron de desmentir todos estos supuestos. En realidad, Bob nunca se fue. Había permanecido en el equipo de guionistas del programa, pero sin dar la cara. En sus tarjetas de trabajo dice que es «asesor de cosas que están pasando y a lo mejor son un poco raras», que, como profesión, hay que reconocer que es original.

Se echaban de menos sus intervenciones. Su ironía, su mirada periférica y su desparpajo lo convirtieron en una de las revelaciones (la otra fue Belén Cuesta) de la última etapa de Buenafuente en La Sexta. Dio mucho de sí, y eso que estaba encerrado en una cabina. Ahora ha regresado para narrar a los espectadores su visión de la vida desde su particular perspectiva, la que ve a través de su colección de gafas. Tiene muchas y variadas. Habla de lo que todo el mundo: de las dos Españas, de la que vota sí convencida y de la que se abstiene por imperativo legal; o de lo que ha ocurrido en Estados Unidos que nadie quiere creer. Pero lo hace utilizando las revistas del corazón como herramienta. Por ello va ataviado con un nada discreto traje rosa. Porque 'the pink is the new black' en 'Late motiv'.

¿Se pueden analizar las diferencias entre el PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos comparándolos con el 'Hola', 'Diez minutos' 'Lecturas' y 'Love'? Sí. ¿Se puede comprender cómo se han repartido los votos Clinton y Trump repasando la prensa rosa yanqui? También. A Bob Pop se le da muy bien. Y cada dos semanas lo demuestra, desde un lugar secundario pero no por ello menos brillante, en #0.

Roberto Enríquez -ese es su verdadero nombre- fue cocinero antes que fraile. Es un decir. Fue crítico de tele antes que criticado. Escribía sobre lo que sucede en la caja loca en el blog 'Qué trabajo nos manda el señor' y más tarde en medios digitales y escritos. Sobre lo que le gusta (es seguidor de los espacios informativos y de series como 'Doctor Who') y sobre lo que no. Como espectador se define «coprófago bulímico». No se puede ser más explícito. O quizá sí, pero no hace falta. Al pasarse al otro bando le tocó leer lo que otros pensaban y escribían sobre él. «Es algo natural, que toca y que hay que sobrellevarlo», aseguró en una entrevista.

Con Anne Igartiburu

Su debut nacional en la televisión, no obstante, fue en TVE. Formó parte del equipo de la aventura vespertina de Anne Igartiburu, aquella que cuando iba a ponerla en marcha puso en duda Mariló Montero, preguntándole si no estaría oxidada. El paso de Bob por '+Gente', abordando temas de sociedad, resultó efímero.

Bob Pop es una de esas personas que lo mismo habla de Belén Esteban, de Bertín Osborne o de Errejón, que de Platón o de John Irving. Y lo curioso es que los personajes encajan a la perfección en el mismo discurso. Ninguno desentona ni se vislumbra metido con calzador.

En 2010 debutó en la literatura con la obra 'Mansos' (Caballo de Troya), en la que narraba la historia de Mateo, «alguien que no se quiere, porque no le dejan quererse, que ha soportado en su vida toda serie de humillaciones». El tono de la novela sorprendería a quienes esperaban de él un relato distendido y superficial. Después llegó 'Cuando Haces Bop Ya No Hay Stop' (Temas de Hoy) y aquí sí hizo uso de su humor y de la mala leche para construir un libro, definido como «un cóctel ecléctico entre realidad y ficción, entre historia y leyendas, entre hechos documentados y disparatadas teorías muy personales».

Bob Pop está de vuelta frente a la tele. Su estilo le impide pasar inadvertido. Sigue siendo el mismo. «He sido y soy yo mismo todo el rato». No le hace falta reinventarse.