El Comercio

Ferreras

La diferencia horaria entre Estados Unidos y España puso en evidencia el miércoles lo rápido que vuelan las noticias desde que tenemos Internet. Chocaba leer las portadas por la mañana de los periódicos diciendo que Estados Unidos elegía presidente. Porque ya lo había elegido hacía un rato. Donald Trump, para susto de casi todos menos para el impertérrito Rajoy, que tiró de obligada cortesía y dio la enhorabuena al magnate zafio y faltón convertido de la noche a la mañana (literal, porque aquí nos pilló de madrugada) en el líder de la primera potencia mundial. Le dio la enhorabuena de la misma manera que se la habría dado a Hillary Clinton de haber sido elegida ella presidenta.

Pero el caso no es Rajoy. Sino los medios de comunicación, que en ocasiones como esta se vuelcan, porque para eso están, claro. Las principales cadenas mandaron a sus periodistas más destacados a Estados Unidos y La Sexta envió a Ana Pastor (también estaba Helena Resano), mientras que a los mandos en Madrid se quedó Antonio Ferreras. Es su marido pero se nota que a ellos no les gusta que se lo recuerden porque se llaman por el apellido. Y a una le da la sensación en casa de que no pasaría nada por que se llamaran por el nombre. Si en el programa de Ana Rosa muchas veces se refieren a Pablo Iglesias como «Pablo», así a secas («Mariano» no dicen, dicen «Rajoy»), estaría más que disculpado que Ferreras dijera «Ana».

Pero tampoco va esto de Ana. Va de Ferreras, que hizo un directo de trece horas seguidas. A partir de las seis de la mañana no tiene tanto mérito, porque ya está medio país levantado, así que tienes público y eso motiva. Pero él estuvo desde la una, hasta las dos del mediodía, con el entusiasmo habitual. Más de 250.000 espectadores de media siguieron su programa (a ratos, claro), muchos más de los que vieron los especiales en las demás cadenas. La Sexta ha encontrado su hueco en la actualidad informativa, un género que había quedado un poco arrinconado más allá de los informativos. Ferreras no tiene el tirón de Jordi Évole, que un domingo se dispara hasta los 4 millones. Pero la constancia también cuenta.